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Mons. Antonio Reimann: Vivir en comunión para crecer en la misión

Fraternidad en misión, con el corazón vuelto al Señor En el pasado mes, del 2 al 8 de Junio, participé en un encuentro de la Familia
Franciscana en Iquitos, Perú.
También estuvo presente Mons. Julio María Elías, Vicario Apostólico de Beni, y Fr. Aurelio Pesoa, Ministro Provincial de Bolivia. Cerca de la casa
franciscana donde nos alojamos corre el río Amazonas que recoge las aguas de muchos afluentes; uno de ellos es el Río Grande que nace
en Sacaba, luego se une con el río Mizque, y sigue su ruta al norte con el Río Grande; en Beni desemboca al Río Mamoré, seguidamente este
río, al río Madre de Dios, y el río Madre de Dios, al río Amazonas.

Esta mirada al río de Amazonas me hacía recordar a todos los misioneros y misioneras que trabajan en la zona de Amazonía provenientes de muchos países; a cada uno de los participantes se lo podría comparar con un afluente del río Amazonas (algunos con más años de trabajo que otros).

La Divina Providencia nos ha traído acá, a Iquitos (también a nuestro Vicariato) para crear un río de fraternidad en misión con el corazón vuelto al Señor. Vivir el don del Evangelio, en la fraternidad religiosa, en la fraternidad sacerdotal, en la familia parroquial, en la familia
de sangre, es la vocación de todos los bautizados. La fraternidad en misión, está llamada a estrechar los lazos de comunión y participación entre todos los bautizados, y todas las personas de buena voluntad, al mismo tiempo que ser signo de esperanza para los que todavía no conocen a Cristo.

¿Cómo hacerlo? A esta pregunta es a la que hemos tratado de responder durante estos días del encuentro en Iquitos. El nuevo Ministro General de los Hermanos Menores, Fr. Michael Perry, nos invitó a partir siempre de la ESCUCHA a Dios y a los hermanos, como punto de partida para crecer en la fraternidad (cfr. Homilía que publicamos seguidamente de este prólogo).

Bolivia misionera comparte tu fe

Otro acontecimiento eclesial que nos ayudó a comprender nuestra vocación a la comunión eclesial para la misión ha sido el Congreso Misionero Nacional, que se llevó a cabo en Santa Cruz del 26 al 30 de Junio, con el lema: “Bolivia misionera comparte tu fe”.

Durante los días del Congreso, en el que estuvo presente una Delegación del Vicariato y hubo una participación de unos 500 misioneros y misioneras, se ha visto que la fe verdadera se expresa a través de los lazos de comunión con Dios y entre los hermanos.

Mons. Ricardo Centellas, obispo de Potosí, en su ponencia, recalcaba que la fe auténtica nos lleva a una relación muy íntima con Dios, y no sólo durante un momento, sino las 24 horas al día.

Además, esta relación personal con Dios, crece y se fortalece cuando se celebra y comparte con los otros hermanos. Vivimos en comunión para crecer en la misión, y los frutos de esta fraternidad en misión son: familias que viven el amor de Dios, Comunidades de Base que se alimentan con la Palabra de Dios y con la Eucaristía, creyentes convencidos de luchar por la justicia social y la solidaridad con los más necesitados, carismas y ministerios que sostienen la vida eclesial…En realidad no se trata de que cada uno cumpla con unos determinados compromisos religiosos, si esto no le conduce a fortalecer el vínculo con la comunidad de fe a la que pertenece y su implicación en la transformación social. La misión carecería de sentido sin un ardiente deseo de hacer presente el Reino de Dios. Pero, no es posible dar frutos de vida, cuando el gajo está separado de la vid (Jn.15), o si deja de cumplirse el deseo de Jesús: “que todos sean uno” (Jn.17). Por eso, la
misión debe estar animada, no tanto por el hacer, como por una mística de comunión que nace de la relación con Dios y se proyecta, más que en planes de trabajo, en un estilo de vida que convence y atrae a otros a abrazar la fe: “¡Miren cómo se aman…! (Sl.29). Nuestras parroquias son, sin duda, el espacio donde se gesta y se irradia esta espiritualidad.

No existe la comunidad eclesial, sin la caridad Jesús, antes de su pasión dijo a sus discípulos: “Si se aman unos a otros, entonces todo el
mundo se dará cuenta que son mis discípulos” (Jn 13,35). Después de Pentecostés, lo que movía a la conversión a la fe, era el amor fraterno de la primitiva comunidad cristiana (cfr. Hch 2, 43-47). Hoy, la nueva evangelización debe seguir el ejemplo de las primeras comunidades cristianas, apostando por la oración comunitaria (fundamentada en la Palabra de Dios y en la Eucaristía), por la caridad y la solidaridad con los más desposeídos. Qué difícil se hace la pastoral, llevada solo por el sacerdote, o por una religiosa, y/o un laico, y no a través de las
pequeñas comunidades llenas de fe y de caridad. Seguramente eso tenía en la mente el papa Francisco, cuando decía:” La Iglesia sin la caridad no existe ” (16.05).

¿Cómo vivimos esta dimensión comunitaria de la fe en nuestro Vicariato?

A esta pregunta queremos responder durante la Mini Asamblea Pastoral, el día 13 de Julio, a partir de las 9.00 de la mañana en San Ramón (cfr. Orden del día en este Mensajero). Les esperamos. Que Él Señor les bendiga y mantenga sanos en este tiempo de invierno y siempre.

Fraternalmente: +Antonio B. Reimann, OFM
Concepción, 30 de Junio de 2013