Cochabamba

Mensaje por la Solemnidad de Todos los Santos y Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

Monseñor Roberth Flock Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba

Los días 1 y 2 de noviembre la Iglesia celebra la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, respectivamente. En realidad, en cada Misa, invocamos la intercesión de los Santos y oramos por todos los difuntos, aunque en el calendario litúrgico recordamos a algún Santo especial en su fiesta o a algún querido difunto a solicitud de los fieles.

Estas fiestas nacen de nuestra fe en la Resurrección de Jesucristo quien promete vida eterna para sus discípulos, pero a la vez, nos exhorta a entrar “por la puerta estrecha”, es decir por la santidad.

Somos conscientes de que en realidad somos pecadores y sin embargo la resurrección y la vida eterna suponen una condición de santidad y glorificación en presencia de Dios. El proceso de purificación para poder gozar de la vida eterna de quién muere como pecador pero “liberado de la condenación eterna”, la denominamos tradicionalmente “purgatorio”. Se ha utilizado el simbolismo del fuego que acrisola el oro para describir este proceso, pero debemos comprender que se trata del infinito y ardiente amor de Dios que purifica al pecador y que lo abraza por toda la eternidad. Cuando nosotros oremos por los fieles difuntos en nuestro corazón o a través de una intención en la Misa, no es que cambiamos el juicio divino, sino que participamos del amor que Dios les tiene y que expresó Jesús derramando su sangre en la cruz para el perdón de los pecados, y ofreciendo su cuerpo como Pan de Vida Eterna a quienes Él va a resucitar en cuerpo y alma.

Con el proceso de beatificación y canonización, la Iglesia investiga cuidadosamente la vida de aquellos Santos que reconocemos y celebramos en el calendario litúrgico por sus méritos extraordinarios y por su intercesión a favor de los que seguimos peregrinando en esta vida. Aquellos serían los referidos por el número simbólico (no real) de los 144,000 en el Apocalipsis, que son descritos en el lenguaje de los sacrificios judíos como “las primicias”, por su especial perfección. Pero el Apocalipsis nos consuela al presentar la visión de todos los resucitados siendo “un número que nadie puede contar de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones”. Pues, sabemos que los Santos son muchísimos más de los oficialmente canonizados.

Cabe mencionar que mientras la Iglesia reconoce a muchos Santos que gozan del Cielo, no declare como condenado al Infierno a ningún ser humano. Es asunto del Juez de vivos y difuntos.

“Creemos en la Resurrección de la carne y en la vida eterna.” Por eso, la tradición católica pide respeto por el cuerpo del difunto mediante una “Cristiana sepultura”, y si conviene la cremación, se pide evitar cualquier posibilidad de mal trato incluso de las cenizas, como indican las últimas orientaciones del Vaticano. Cristo murió, fue sepultado y resucitó al tercer día. Vivimos la esperanza de gozar de la resurrección y la vida eterna, invocando a los que ya gozan de la victoria sobre el pecado y la muerte, y rezando por nuestros queridos difuntos para que algún día “gocemos todos juntos de la plenitud eterna de Su gloria” en presencia de Dios y de todos los Santos.