Internacional

Los “custodios del pudor” atemorizan a familias en Israel

 

(TEL AVIV)  Los proclamados “guardianes de la modestia” de Beit Shemesh, al oeste de Jerusalén, aterrorizan a las familias cuyo estilo de vida consideran como una afrenta al pudor público y están suscitando una áspera polémica en Israel sobre la conducta de los exponentes del judaísmo más ortodoxo.

“Me trataron de desvergonzada, sin pudor, hasta me escupieron”, contó entre lágrimas la pequeña Naama Margulis, de siete años frente a las cámaras.

La niña explicó que teme recorrer los 300 metros que separan su casa de la escuela por si se cruza en el camino con alguno de los temibles “sikarikim”, los guardianes según los cuales la familia Margulis -que sin embargo mantiene un estilo de vida religioso- es un peligro para el pudor público.

Dos minutos en el noticiero de televisión de Canal 2 bastaron para que Naama encendiera la mecha del polvorín de Beit Shemesh: una somnolienta ciudad poblada en el pasado por proletarios sefarditas, luego abandonada a su destino al margen de la autopista Tel Aviv-Jerusalén y transformada por fin en la última década en un suburbio ultraortodoxo.

Fue aquí donde aparecieron, hace un año, las primeras “mujeres talibanes”: judías ortodoxas cubiertas de la cabeza a los pies por varias capas de chales que disimulan sus formas.

Con ellas echaron raíces también los “sikarikim”, los “guardianes de la modestia” que evocan con este nombre a los zelotes que hace 2.000 años, bajo la ocupación romana, atacaban a los judíos asimilados con una “sika” o puñal.

Si se la compara con las “mujeres talibanes”, también la pequeña Naama parece a los “sikarikim” un ejemplo ambulante de indecencia, que debe ser extirpado. Ya desde hace tiempo, aunque no se sabía, en Beit Shemesh se establecieron veredas separadas por sexos, para impedir que las mujeres pasen junto a las sinagogas de los extremistas.

Ya desde hace tiempo, pero tampoco se sabía, los rabinos ultraortodoxos de la ciudad impartieron órdenes explícitas para que las mujeres no pasen en la calle más tiempo del imprescindible para las tareas familiares, ni formen grupos en las puertas de sus casas.

Probablemente no hay en Israel ninguna otra localidad donde los rabinos ultraortodoxos estén en condiciones de imponer su voluntad de este modo.