Análisis

LA HUMANIDAD DE LA MUJER

Un día como hoy, hace 65 años, se plasmó en una treintena de artículos la intención de que se reconozcan universalmente algunos derechos humanos. El camino recorrido, como en todo, ha tenido sus más y sus menos pero es importante reconocer el esfuerzo que se hace en muchos ámbitos porque sean realmente respetados.

El contrapunto de toda carta de buenas intenciones es la realización efectiva de las mismas. Y hoy, en nuestro país, hay una serie de hechos que atentan gravemente contra la dignidad humana de la mujer, ante los que no podemos cerrar los ojos, hacer oídos sordos y continuar como si nada sucediese.

Debemos rebelarnos, subvertir el orden establecido, actuar contracorriente frente a las situaciones que viven cotidianamente miles de mujeres en Bolivia y en el mundo y que son muestra preocupante de nuestra indolencia, apatía y complicidad frente a la vulneración de los más elementales derechos humanos.

Violencias de todo tipo, abusos, cosificación, feminicidios, trata y tráfico, discriminación, infravaloración, etc. son algunas de las acciones contra las mujeres que reflejan la lejanía entre el ideal de los derechos humanos y la realidad de las vivencias. Estas acciones son injusticias lacerantes e intolerables, nadie que se considere una persona humana puede permitir que se sigan reproduciendo esas acciones.

Es bien cierto que para poder resolver los problemas estructurales en torno a la ofensa de la dignidad de la mujer se precisan políticas también estructurales, acciones puntuales y programas de diversa índole que coadyuven a la solución no sólo de las consecuencias sino principalmente de las causas que llevan a no respetar sus derechos humanos.

Sin embrago, no es menos cierto que hay otras causas que anidan en nuestros corazones egoístas, en nuestros pensamientos machistas y patriarcales, en nuestra sensibilidad domesticada por imágenes desfiguradas de la mujer. Y es ahí donde se siembran todas las formas en las que podemos ofender la dignidad de la mujer.

No se trata de agudizar nuestra emotividad sensiblera frente al drama que viven muchísimas mujeres, pues la realidad supera nuestro sentimentalismo. De lo que se trata es de reconocer efectiva y afectivamente que la mujer es una persona con la misma dignidad que el varón, que el fundamento del respeto y defensa de sus derechos está en su humanidad y que son precisas acciones de discriminación positiva a su favor ya que vive una serie de vulneraciones en su condición.

Existen muchos ámbitos en los que los derechos humanos de la mujer deben ser respetados, fortalecidos y cultivados: la familia, la religión, el trabajo, la sociedad, etc. Tal vez, bastaría con reconocer que la humanidad le debe su humanidad a quien la acogió en su seno durante nueve meses y que la vida no sería posible sin ella.