En mi artículo “Recuperar la dignidad es volver a lo cristiano” hablé sobre cómo se atenta actualmente contra la dignidad humana. En pasadas consultas espirituales que me han hecho, noté que debo retomar el tema, desde lo más básico y fundamental.
Etimología: El término o palabra dignidad deriva de la voz latina dignitas-atis, que a su vez proviende del adjetivo decnus o dignus, cuyo origen está en el sánscrito dec y del verbo decet y sus derivados (decus, decor). Significa: decoro, y también excelencia, realce, gravedad. También connota: cargo o empleo honorífico y de autoridad. La Real Academia Española define dignidad como “gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”.
La dignidad del ser humano es un asunto fundamental para la Iglesia Católica. De acuerdo a su Doctrina, la dignidad del ser humano proviene de ser creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1,26). “…sería un grave error pensar que, lejos de Dios y de su ayuda, podemos ser más libres y, en consecuencia, sentirnos más dignos. Desvinculada de su Creador, nuestra libertad sólo puede debilitarse y oscurecerse” (Dignitas Infinita).
Para la Iglesia, la comprensión de la dignidad de la persona se expresa no sólo en una mera formulación teórica de “Derechos Humanos”: debido a su relación con Dios, y participación en la divinidad, la dignidad humana trasciende y va más allá de ser una actualización o mejora de los derechos de todos los hombres, no tiene término el orden de lo teórico sino el de lo real. Con esta premisa la persona no es una idea abstracta, cifra, o animal pensante, sino un ser encarnado creado por Dios. “(Dignitas infinita) Una dignidad infinita, que se fundamenta inalienablemente en su propio ser, le corresponde a cada persona humana, más allá de toda circunstancia y en cualquier estado o situación en que se encuentre” (D.I., líneas iniciales de la introducción).
Para la Iglesia, la dignidad es inherente a cada persona, independientemente de su condición, raza, o cualquier otra característica. Cada ser humano tiene un valor inestimable porque Dios lo ha amado y lo ha llamado a la vida. De aquí se deriva la oposición de la Iglesia al aborto. Oponerse al nacimiento de alguien que Dios ha permitido que fuese concebido es oponerse a los planes de Dios.
La dignidad implica derechos fundamentales que deben ser respetados, incluyendo el derecho a la vida, a la libertad y a la justicia. San Juan Pablo II: “El hombre es imagen y semejanza de Dios; consecuentemente, lesionar la dignidad del ser humano es antisocial y contrario a la propia autoestima”.
“La Iglesia no cesa de recordar que «la dignidad de todo ser humano tiene un carácter intrínseco y vale desde el momento de su concepción hasta su muerte natural”… “la Iglesia no cesa de alentar la promoción de la dignidad de toda persona humana, cualesquiera que sean sus cualidades físicas, psíquicas, culturales, sociales y religiosas. Lo hace con esperanza, segura de la fuerza que brota de Cristo resucitado” (D.I.), enseña también que la dignidad del ser humano debe ser protegida y promovida en todos los ámbitos de la sociedad. Este principio guía muchas de las enseñanzas sociales de la Iglesia, buscando una sociedad más justa y solidaria. “Es sobre la base del reconocimiento de la dignidad humana como se sostienen los derechos humanos fundamentales, que preceden y sustentan toda convivencia civilizada” (D.I., n.º 64).
Recomiendo revisar el documento ‘Dignitas infinita‘ de reciente aparición, que aborda de manera explícita la dignidad humana desde una perspectiva católica. Dios con nosotros


