Análisis

Javier Gómez Graterol: Verdad incómoda de la universalidad de la Iglesia

¿Es la Iglesia Católica, cuyo nombre católico significa “universal” para todos? ¿El mensaje de Cristo, quien mandó a predicar a todas las naciones, para todos? He aquí una verdad incómoda que debemos concienciar: No, no lo es.

Si el mensaje de Cristo hubiese sido para todos, no lo hubiesen crucificado, si la Iglesia fuera para todos, no la perseguirían ni habría matanzas de cristianos.

Así como una vacuna puede prevenir una enfermedad, y en teoría, es para todos, hay quienes abiertamente rechazan ponérsela, sea por la razón que sea, a pesar de que está hecha para que todo el que se vacune sea inmune. La “universalidad” de la Iglesia va hacia el hecho de que el mensaje de Cristo es para quien quiera escucharle, así de simple.

Digo todo esto porque muchos miembros de la Iglesia parecen no asimilar esto, sobre todo al momento de hablar de temas que resultan incómodos en cuanto al contraste de lo que fue revelado y el rechazo que recibe de parte de algunos grupos o personas de la sociedad.

Si la Iglesia es depositaria de la fe en Cristo, su universalidad queda restringida al hecho mismo de que es un mensaje para quien desee recibirlo. Vamos un poco más arriba: Dios es Omnipotente, y si lo es ¿por qué no obliga? ¿Por qué hace cosas como permitir el mal en el mundo? ¿Por qué permite incluso que blasfemen contra Él y todo lo que sea santo? Pues porque Él mismo decidió limitar su Omnipotencia al asumir la libertad de cada quien a decidir, y lo hace hasta sus últimas consecuencias, aunque siempre para bien de los que le aman (Rm 8,28)

La Iglesia no está para simpatizarle a todo el mundo, sí para ofrecer la salvación a todos: “Pero Pedro y Juan, les contestaron: “Ustedes mismos juzguen si es justo delante de Dios obedecer a ustedes en vez de obedecer a Dios” (Hechos 4,19); “No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz, sino espada. Porque he venido a poner en conflicto ‘al hombre contra su padre, a la hija contra su madre,  a la nuera contra su suegra; los enemigos de cada cual serán los de su propia familia’ ” (Mt 10,34-36; Lc 12,49-56). Así que, si usted sueña con una Iglesia que cambie de postura frente a lo que por años sostiene lamento ser aguafiestas, no cambiará lo que se le ha revelado, tal vez cambie la forma de decirlo, pero siempre seŕa enemiga del demonio y por lo tanto de su principado, el mundo. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista

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