Análisis

Javier Gómez Graterol: O el cristiano es radical, o le obligarán a serlo

El triunfo en primera vuelta de Javier Milei, en Argentina; la creciente popularidad de Nayib Bukele; el apoyo masivo a las políticas de Georgia Meloni en pro de la familia; el hecho de que Trump siga dando de qué hablar; los supuestos reacomodos de Disney despidiendo a sus promotores de la diversidad, y el retroceso de algunas empresas multimillonarias en su apoyo a estas políticas contranatura, como la cervecera Bud Light, la cadena Target, etc.; que la izquierda esté recibiendo sacudidas, muchas veces inesperadas, significa que el gusto por lo radical en contra del comunismo está escalando, que la llamada mayoría silente está haciéndose sentir, ya no tan silente, y está comprendiendo, quizá tardíamente, que debe seguir haciéndolo.
Esta escalada radical, que se mantiene en un juego de pulso y medición de fuerzas, me hace reflexionar sobre esto: Si no hay cristianos que se dediquen a seguir a Jesús de forma radical (que no es lo mismo que fanática o extremistamente), habrá otros que les avasallarán e incluso obligarán a serlo.
Jesús mismo en algunos momentos habló de que seguirle es un paso que asume radicalmente: “El que no está conmigo, está contra Mí, y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12,30), “Le dijo Jesús: ‘Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios’” (Lc 9,62).
Aún más áspera se pone la cosa cuando leemos: “Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3,15-17).
En la época actual, quienes nos decimos cristianos, estamos, —sea por inspiración divina, o por que el ataque a todo lo que Cristo representa se está extremando—, impulsados a cuestionarnos cuán en serio nos estamos tomando a Cristo en nuestras vidas, cumpliendo nuestro llamado a ser santos, y cuánto creemos en sus promesas para quien le sigue.
El libro de Apocalipsis exhorta: “Tú dices: ‘Soy rico; me he enriquecido; nada me falta’. Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista. Yo a los que amo, los reprendo y corrijo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como Yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3,17-21). Para que lo pensemos y tomemos en serio, ya que no sabemos cuánto tiempo nos queda. Dios con nosotros.
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