Análisis

Javier Gómez Graterol: Tu Padre ve en lo secreto

Durante esta Semana Santa, en mi consultorio virtual, y algunas personas de la parroquia, se me han acercado a preguntar, con legítima preocupación, sobre todas las cuestiones que atañen a la obligatoriedad de asistir a las actividades de Semana Santa, y al hecho de que tienen o han tenido algún inconveniente para estar activa y comprometidamente en todo lo que este lapso de gran importancia para la fe implica respecto a vivir con autenticidad la fe que profesamos.

Muchos se sienten afligidos porque no han podido cumplir del todo lo que la Iglesia prescribe a pesar de haber querido, de corazón, hacerlo. Otros están aún más mortificados porque se comprometieron a algo, en especial en su parroquia y no pudieron honrar luego su palabra. Lo primero que hay que mencionarles es que 1 Juan 3,20 afirma: “pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y Él sabe todas las cosas”. Dios sabe mejor que nosotros qué hay en nuestros corazones, cuánto le amamos y cuánto nos esforzamos en nuestras luchas diarias”.

La Biblia afirma también: “Yahveh mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán; desde el lugar de su morada observa a todos los habitantes de la tierra, Él, que forma el corazón de cada uno, y repara en todas sus acciones” (Salmos 33,12-15). “…el Señor mira el corazón” (1 Sam 16,7c).

Afortunadamente Dios es el Justo Juez, y Él juzga según el amor: “Así que, no juzguen nada antes de tiempo hasta que venga el Señor. El iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los designios de los corazones. Entonces recibirá cada cual del Señor la alabanza que le corresponda” (1 Cor 4,5). “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio. ¿Quién puede comprenderlo? ‘Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino los pensamientos, para darle a cada uno según sus acciones y según el fruto de sus obras’” (Jeremías 17,9-10).

Muchas veces nos centramos en lo que, desde nuestro punto de vista limitado, vemos que hacemos o dejamos de hacer, y nos parece importante o bien, olvidamos que: “Él nos salvó, no por obras de justicia que hubiésemos hecho nosotros, sino según su misericordia, por medio del baño de regeneración y de renovación del Espíritu Santo” (Tito 3,5).

Si no pudo asistir, por alguna justificada razón a algún evento de la Semana Mayor, pues ponga en manos del Señor esa aflicción, con toda confianza, en el confesionario, y abandónese en su Amor, no sea usted mismo quien se juzgue. Pida al Señor que le ayude a compensar. Dios le ama, ve en lo secreto y le comprende mejor que nadie (Mt 6,6). Dios con nosotros.

Autor: Javier E. Gómez Graterol, religioso / periodista

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