Análisis

Javier Gómez Graterol: Escucharnos…

Recuerdo que, hace ya décadas, cuando estaba en la primaria, nos tocó hacer en varios grados exposiciones, estudios, y todo lo que se le ocurriese a la maestra de turno, sobre las “normas del buen oyente y del buen hablante”. Se podría decir que “nos las metieron hasta en la sopa”. Con ello se buscaba que fuésemos personas que al menos tuviésemos las nociones más básicas para una comunicación efectiva.
En la actualidad no sé si esto se sigue viendo en la formación de primaria, me da la impresión de que no, en especial por las parejas que me ha tocado atender, que, cuando uno los escucha, percibe que se están ahogando en un vaso de agua, como solían decir las abuelas, simplemente por no escucharse.
Recuerdo que, cuando estaba hablando por videollamadas con una pareja veinteañera, empezaron a hablar los dos al mismo tiempo. Les interrumpí, diciéndoles “señores, por favor, normas del buen oyente y del buen hablante”, ambos se quedaron callados, pero con cara de perplejidad, se veía que claramente que no sabian de qué les estaba hablando, lo que me asombró.
No hace falta ser adivino para saber que lo que les estuve recomendando para mejorar la relación fue cosas relacionadas a aprender a escucharse, pero con un componente adicional: tener claro el porqué escucho al otro. Aprender a escuchar con amor al otro.
 Cuando uno escucha con amor, se da cuenta de verdades como estas: “A menudo, cuando las personas comparten sentimientos negativos, solo quieren ser escuchadas y comprendidas, en lugar de que se solucione su problema” (Daphne Liu).
Uno de los problemas era de fondo que, en medio del no escucharse, él sentía que cuando ella le hablaba de cosas negativas, le estaba haciendo un reclamo velado, mientras ella simplemente percibía que él solo se ponía a la defensiva, sin que ella tuviese claro el porqué.
Otra cosa sobre la que tuve que advertirles es lo de evitar usar las confidencias que uno le hace al otro como armas arrojadizas en contra, o argumentos de defensa en las discusiones. Sé en carne propia que es una de las cosas más viles que se pueden hacer, en especial cuando uno se atreve a mostrarse vulnerable frente a otro, y este, en vez de ayudar, hunde más el dedo en la herida. A mí me lo hicieron, y me costó años de terapia superarlo, por eso lo tengo tan en cuenta para enseñarlo (“Hay amigo que se vuelve enemigo, y descubrirá la disputa que te ocasiona oprobio”, Eclesiástico 6,9).
Expertos dicen que escucharse mutuamente con sinceridad y apertura de corazón es equivalente intercambiar poder de uno sobre el otro. Se dice siempre que el verdadero amigo es el que sabe cosas sobre uno que podrían hacerte daño y aún así sigue siendo tu amigo, sin juzgarte ni dañarte.
Dice la Biblia: “El amigo ama en toda ocasión, el hermano nace para tiempo de angustia” (Prv 17,17).
La mejor forma de encontrar amigos y personas que sepan escuchar, es mediante ser activos y practicantes de la fe: “El amigo fiel es remedio de vida, los que temen al Señor le encontrarán. .El que teme al Señor endereza su amistad, pues como él es, será su compañero” (Eclesiástico 6,16-17). Dios con nosotros.
Autor: Javier E. Gómez Graterol, religioso / periodista
Artículos relacionados