Análisis

Javier Gómez Graterol: ¿Por qué, Señor, si yo te sirvo?

Una constante que suele verse en muchas personas activas en la Iglesia es que, cuando les sobreviene una prueba fuerte, suelen hacer el cuestionamiento “¿por qué, Señor, si yo te sirvo?”. Como si servir a Dios fuese un sinónimo inmediato de que no van a ser tocados por ningún mal, o no van a ser probados con nada, pue después de todo “yo soy bueno, porque te sirvo”.
A este tipo de personas hay que recordarles que el mismísimo Papa Francisco acaba de salir de una operación tan delicada, que, como siempre, la prensa detractora y algunos de los comunes chismógrafos y detractores de la Iglesia, ya están hablando de una posible renuncia.
Poco antes, su predecesor, Benedicto XVI, tuvo prohibido hacer vuelos trasatlánticos porque su cerebro no aguantaría y podría sufrir embolia. Juan Pablo II, ahora “san”, sufrió varios atentados, el más sonado fue el de los balazos de Mehmet Ali Agca, quien casi lo manda para el otro lado, y que obviamente le dejaron afectada su salud.
Se cuenta que a Santa Teresa de Ávila le sucedió que, cuando iba montada en una mula, al cruzar un arroyo, la mula se puso terca y ella terminó cayendo en él, completamente mojada y cubierta de barro, así que, en ttal situación, exclamó: “Señor, no me extraña que tengas tan pocos amigos si así tratas a los que tienes”.
Pablo de Tarso, por decir otro ejemplo de los cientos de santos que se pueden dar, fue apedreado, golpeado, azotado, sufrió naufragios, trasnochos, insultos, traiciones, etc., y fue, hasta su muerte, un fiel servidor del Señor, y uno de los pilares más importantes del cristianismo en su configuración actual, por ello algunos le llaman “arquitecto de la Iglesia”.
Rescato también frases de la pelicula de los Transformers la venganza de los caídos : “-‘no es mi guerra…’. ”La será’”. Y, aún más importante: “las pruebas usualmente suelen venir cuando no nos sentimos preparados”.
Servir a Dios no es sinónimo de no ser probados, ser inmunes a ataques, difamaciones, ridiculizaciones, padecer cruces y/o sufrimientos, etc. Es sinónimo de llevar todo eso que nos pasa en Cristo, y que a su vez Él nos conceda su gracia para superarlo.
Así que el cristiano que sirve a Dios debe aprender que no se sirve para obtener beneficios personales en esta vida. Se sirve a Dios por amor, por deseo de servir y alcanzar la vida eterna. Todos los sufrimientos que se padecen aquí, sean del calibre que sean, son pasajeros. Si usted sirve para no sufrir, está sirviendo con la premisa equivocada.
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