Análisis

Javier Gómez Graterol: ¿Es cristiano decir “ayúdate que Yo te ayudaré”?

Leer la Biblia entera, se sea creyente o no, libera de muchas cosas, entre ellas de la ignorancia que hay respecto a lo que dice o no dice, y por qué lo hace, cuando lo hace.

Mucha gente suele decir que la Biblia dice: “Ayúdate que Yo te ayudaré”, como algo dicho por el mismísimo Dios pero, cuando uno les pregunta ¿dónde? Empieza el titubeo y el “bueno… no lo dice así exactamente con esas palabras, pero se puede decir que sí, que eso afirma”. ¿Es realmente cierto que es un mensaje que puede considerarse bíblico, pero dicho con otras palabras? ¿Y de verdad este mensaje es cristiano?

Empecemos por una sola afirmación que la echa por tierra, el Salmo 127, 1-2:

“Si el Señor no construye la casa
en vano trabajan los albañiles;
si el Señor no protege la ciudad,
en vano vigila el centinela.

 En vano te levantas tan temprano
y te acuestas tan tarde,
y con tanto sudor comes tu pan:
Él lo da a sus amigos mientras duermen”.

Mientras Jesús en su prédica nos enseña que debemos buscar cuál es la voluntad del Padre y cumplirla, porque sin Él nada podemos hacer (Jn 15,5), el “ayúdate que Yo te ayudaré”  invita a que uno mismo “se ayude”, es decir, referencia al ego, a la propia voluntad, y eso no es lo correcto. Sí lo es, el abandono total a Dios, rendirle su voluntad a Él y a su providencia y así, buscando hacer lo que es correcto, Él obra y hace según su designio, valiéndose de lo mínimo que aportamos.

Decir que Dios da el pan a sus amigos mientras duermen es una clara invitación, no a “ayudarnos” con nuestros propios medios y pensamientos, sino a buscar su amistad, a ser como un niño, como invitó Jesús (Mt 18,3) cuando dijo que si no nos convertíamos y éramos como ellos no entraríamos al Reino. ¿Qué quiso decir con eso de “ser como niños”? Que en aquellos tiempos el niño era legalmente dependiente de su padre en su totalidad, no tenía ningún otro sustento vital. Jesús nos invita a ser dependientes de Dios como los niños de aquella época, es decir, en todo y para todo. Así que, repetir “ayúdate que yo te ayudaré” es caer en dos errores: el de afirmar que está en la Biblia, y el de pensar que es así como quiere Dios que obremos. Es mejor, en vez de repetir frases huecas, sin analizarlas bien, para sonar sabios, pedir a Dios la verdadera sabiduría que viene de Él (Sb 9) y aprender a andar según sus designios. Dios con nosotros.

Autor: Javier E. Gómez Graterol, religioso / periodista

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