Análisis

Javier Gómez: Acumulando para después

Dos frases han cambiado mi vida desde que las escuché: De William Shakespeare, aquella que dice “tener algo para recordarte significa admitir que puedo llegar a olvidarte” y la otra, de una amiga y profesora, Normedys Lara, quien suele decir “si no te hace falta en un año, no lo hará en dos”.

En mis años universitarios, cuando había poder adquisitivo en Venezuela para “lujos”, como cereales de Kellogs en casa, algunas de esas cajas solían venir con juguetitos. Nosotros solíamos sacarlos y, sin siquiera quitarles el envoltorio, los poníamos en un frasco de vidrio, el cual acumuló más de quince, y nadie le prestaba atención.

En una jornada de “botar lo viejo” familiar, le dijimos a uno de los empleados del edificio donde trabajábamos si quería llevarse cosas de las que íbamos a salir, él fue y empezó a ver qué le estábamos dando y, cuando vio los juguetitos, nos miró con expresión de auténtica perplejidad, y como para asegurarse, nos preguntó si de verdad podía llevárselos, como si le estuviésemos regalando algo extremadamente caro o valioso, créanme, se fue bastante feliz por habérselos llevado. Unos juguetitos de cereal permitieron que un padre de pocos recursos tuviese un momento de felicidad al regalárselos a sus pequeños, y a su vez, ellos habrían tenido su momento de felicidad. Moraleja: lo que vale nada para mí, puede ser un tesoro para otro, o una solución que mejore su vida, aunque nos cueste creerlo.

Todos los años hago “limpieza anual” profunda de mis pertenencias, y en ella suele irse un montón de cosas que “me van a servir para después” y que, a fin de cuenta, lo que hicieron fue acumular espacio. Noto que la gran mayoría de nosotros suele caer en eso: acumular un montón de cosas que nos van a “servir para después” el cual generalmente nunca llega. La peor parte es esa, puede servirle a alguien más.

La crisis actual por la pandemia, ha hecho que cientos de personas se queden sin ingresos, que muchos hermanos necesiten apoyo emocional y material. Muchas cosas que tenemos acumuladas, sea por motivos sentimentales, preventivos o que compramos caras y nos duele desechar, podrían ser bendiciones actuales para otros.

Lo dice la Biblia de diferentes formas, la generosidad nunca queda sin ser recompensada: El que es generoso será saciado, el que riega será regado (Prv 11,25); Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría (2 Cor 9,7). Den y se les dará (Lc 6,38). No lo deje para mañana, mucha gente lo está necesitando ahora y la bendición que recibirá será grande. Colateralmente recupera espacio, libertad, limpieza y tendrá menos insectos ni ácaros. Dios le bendiga por dar.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso/periodista

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