Análisis

Elver Rojas Herrera: “Ante todo la fe, la esperanza y la caridad”

Ante la amenaza del COVID-19, enemigo oculto e implacable, que registra ya los primeros casos en nuestro país, los seguidores de Cristo Jesús tenemos que ir más allá del estar repitiendo una serie de cuidados que le corresponden a las autoridades de higiene y salud de cada lugar.

Invadidos por el pánico, que en nuestro caso no tiene punto de comparación con la situación presente por ejemplo en Italia, La Iglesia Católica solidaria con quienes buscan evitar la propagación del virus, imparte algunas recomendaciones a sus sacerdotes y fieles que considera deben tenerlas en cuenta en los templos y en el ejercicio de la liturgia.

No voy a entrar en detalles. Me dirijo en esta ocasión a las personas de fe que, en la desgracia, en la enfermedad, en la epidemia o en la persecución, siempre han puesto su confianza en el Señor. A quienes enfrentan cañadas oscuras y no temen, porque Dios está con ellos. A quienes nada ni nadie los separa del amor de Dios, porque todo lo pueden en Aquél que los conforta.

Mientras el hombre de hoy se jacta de haber construido desde la ciencia y la técnica una torre para ser aún más grande que Dios, se retuerce en sí mismo al tener que aceptar su condición de ser simplemente una creatura frágil, débil e impotente, que ante la amenaza inminente de la muerte se esconde y tiembla.
El lenguaje y las recomendaciones para enfrentar la epidemia, está en boca de todo tipo de persona natural o jurídica, pero poco o casi nada se habla del cómo acompañar y servir al que está enfermo. Las personas de fe y esperanza no se les escucha clamar piedad a Dios y promover la oración y el ayuno por la conversión de los pecadores.

En esta epidemia invoco la protección de Dios, de la Santísima Virgen y la de todos los santos, Santa Teresita ante la plaga de los piojos, San Damián ante la Lepra, San Roque y San Carlos Borromeo ante la peste, entre otros santos, que apoyados en la misericordia Divina clamaron piedad al Señor, y sin rodeos practicaron la caridad con los enfermos a riesgo de sus propias vidas.