Santa Cruz

Invitación al Banquete del Reino, Homilía de Mons. Robert Flock, Domingo 28, 2020

Queridos hermanos,

En su nueva carta encíclica, “Fratelli Tutti” (Hermanos Todos) el Papa Francisco dedica un capítulo al tema: “La mejor política”. Me parece providencial de que fue publicado en vísperas de nuestras elecciones.

Comenta primero el populismo: “Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo, su dinámica cultural y las grandes tendencias de una sociedad. El servicio que prestan, aglutinando y conduciendo, puede ser la base para un proyecto duradero de transformación y crecimiento, que implica también la capacidad de ceder lugar a otros en pos del bien común. Pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad.” (159) Creo que el Santo Padre describe perfectamente lo que ha sucedido en los últimos años, en Bolivia y en los EEUU.

El papa cuestiona el liberalismo también: “La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que, además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas, «tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos».” (168).

Después de comentar sobre el Poder Internacional, el Papa Francisco reflexiona sobre “Una Caridad Social y Política” y “El Amor Político”. Al leer sus ideas, un se da cuenta que no hace falta un movimiento al socialismo, sino un compromiso de caridad social basado en un amor al hermano que se hace política para crear leyes justas e instituciones sanas al servicio del pueblo. El amor político, dice el Papa, es el compromiso por el bien común (Ver.182), término que aparece 32 veces en esta encíclica.

También explica: “El político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país. Las mayores angustias de un político no deberían ser las causadas por una caída en las encuestas, sino por no resolver efectivamente «el fenómeno de la exclusión social y económica, con sus tristes consecuencias de trata de seres humanos, comercio de órganos y tejidos humanos, explotación sexual de niños y niñas, trabajo esclavo, incluyendo la prostitución, tráfico de drogas y de armas, terrorismo y crimen internacional organizado.” (188). Qué lindo si pudiéramos elegir el próximo domingo a políticos comprometidos para estas realidades.

Aquí hay algo hermoso para los candidatos; el Papa dice: “Es caridad acompañar a una persona que sufre, y también es caridad todo lo que se realiza, aun sin tener contacto directo con esa persona, para modificar las condiciones sociales que provocan su sufrimiento. Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, y eso es exquisita caridad, el político le construye un puente, y eso también es caridad. Si alguien ayuda a otro con comida, el político le crea una fuente de trabajo, y ejercita un modo altísimo de la caridad que ennoblece su acción política” (186).

Con esta carta encíclica de 287 párrafos y 97 páginas, el Papa hace lo mismo que hizo Jesús en la parábola del Banquete de Bodas del Hijo del Rey. (No me quejo, cada párrafo de esta novedosa y profunda reflexión merece seria consideración). Nos invita, pues, a este mismo banquete, pero ilustra como muchos en el mundo no aceptan la invitación, o intentan disfrutar de la fiesta sin presentarse de manera adecuada. Por otro lado, el Papa nos explica cómo preparar un banquete que pueden disfrutar todos, y cómo compartir entre todos la alegría del Reino de Dios.

Podemos decir lo mismo sobre el Premio Nobel de la Paz que fue otorgado al Programa Mundial de Alimentos. El comité ha destacado su esfuerzo “por combatir el hambre, por su contribución a la paz en las áreas de conflicto y por su labor para evitar que el hambre sea utilizada como arma de guerra”. Aquí en Bolivia un tipo populista que se creía merecedor del Premio Noble, pidió a sus seguidores que intenten privar a las ciudades de comida, tal como se hizo en El Alto y La Paz en la llamada Guerra del Gas en el 2003, para provocar un pánico.

Miramos más de cerca nuestra parábola, que es más complicada que muchas. Tiene un elemento político, pues no son las bodas de cualquier, es el hijo del rey, y es el soberano que hace la invitación. Y Jesús presenta esta parábola para hablar del Reino, el Reino de Dios. ¡Cuántos no disfrutan del Reino de Dios porque no les interesa la invitación que Dios nos hace! Dios sueña con nuestra alegría al participar de este banquete, cuya mesa, de alguna manera es la creación entera, como también la Eucaristía, y finalmente el Banquete celestial. Todos somos invitados, pero para compartir semejante fiesta, tenemos que poner a un lado nuestros propios proyectos para celebrar algo especial. Son las bodas de Jesús, el hijo del Rey, el heredero del trono. Supone alegrarse por él y apoyar a su futuro reinado. Si no quieren venir los primeros invitados, el se contenta con los pobres y marginados, siempre que lleven “traje de fiesta”, es decir, la transformación de vida que corresponde a los verdaderos amigos de Jesús, el Hijo del Rey.

Todo está preparado; Vengan a las bodas.