Santa Cruz

Homilía de Pentecostés: Dones del Espíritu Santo en tiempos de Pandemia

Pentecostes-ElGreco

Solemnidad de Pentecostés – 31 de mayo de 2020

Dones del Espíritu Santo en tiempos de Pandemia

Queridos hermanos.

Según los Evangelios durante su misión, “Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc 6,34). Entonces se dedicó a enseñarles, y luego les alimentó con los panes y peces. Pero después de su gloriosa Ascensión lo que envió no fue más comida, ni tampoco nuevas enseñanzas; envió al Espíritu Santo.

En medio de la actual Emergencia Sanitaria nos hace falta mejores servicios de salud para sanar a los enfermos, la multiplicación de panes y peces, y mucha enseñanza, porque todavía hay multitudes que andan como ovejas sin pastor. Pero lo que más urge es el Espíritu Santo y sus siete dones.

No lo digo porque van a sustituir a un buen sistema de salud, el pan de cada día, y otras necesidades, sino porque estos siempre nos van a faltar si no actuamos con Sabiduría e Inteligencia, Consejo y Fortaleza, Ciencia, Piedad y el Santo Temor de Dios. Cuando no contamos con los dones del Espíritu Santo, nos quedamos con nuestras propias capacidades humanas que además de limitadas, son afectadas por el pecado. Faltando una sabiduría divina nos quedamos con la astucia humana.

Es lo que sucedió con la adquisición de ventiladores para salvar la vida de los enfermos. Estos muy astutos funcionarios vieron una oportunidad para ganarse un millón de dólares cada uno. Gracias a Dios no lograron su objetivo. Pero tampoco salvaron a los enfermos; han postergado nuestra capacidad de responder a la pandemia y son, por este motivo, culpables de la muerte de algunos. Su corrupta astucia les ha convertido en asesinos, y así deben ser juzgados. Lo mismo vale para quienes ven una oportunidad política en la crisis actual. Cuando más hace falta una respuesta sabía para responder a la realidad tan complicada y tan consecuencial, actúan con las artimañas del demonio en vez de los dones del Espíritu.

El inicio de la sabiduría es el temor de Dios” (Proverbios 1,7). Y si la pandemia de coronavirus sirve de algo, es para que haya un poco de temor de Dios, porque, en primer lugar, este virus contagioso que mata a algunos sin afectar a otros, nos pone de rodillas para rogar por nuestras vidas. Pero al final de cuentas, el auténtico Temor de Dios y la verdadera Sabiduría son dones. Los adquirimos no por el estudio o desde la experiencia, sino por la oración y de la generosidad del Señor. Si queremos la sabiduría que necesitamos, humildemente tenemos que pedirlo.

Una de las oraciones para la Confirmación dice así: “Envía, Señor, sobre nosotros a tu Santo Espíritu para que caminemos todos en la unidad de la fe y, sostenidos por la fuerza de su amor, podamos llegar a la madurez de la vida en Cristo.”

¡Cuánto cambiaría nuestras vidas personales, nuestras familias y nuestra sociedad, con la madurez de la vida en Cristo, animada por el Espíritu Santo! En vez de todas las formas de corrupción habría innumerables expresiones de solidaridad y de servicio. En lugar de cárceles hacinados por la prisión preventiva, tendríamos brigadas de personas para prevenir la prisión. En vez de violaciones y feminicidios, habría familias que celebran cada día el amor bueno y cariñoso. En lugar de drogadictos y narcotraficantes, habría personas sanas y santas. Suena imposible, yo sé, pero así es el sueño de Dios para con nosotros y por eso, después de perdonar la crucifixión de su Hijo único, nos regala su propio Espíritu.

“¡La paz esté con ustedes!” nos dice Jesús mientras nos muestra su cuerpo resucitado donde las marcas de la cruz ya no comunican la maldad humana sino la misericordia divina. Y luego, Él que había entregado su espíritu con su último suspiro en la cruz, ahora sopla sobre sus discípulos diciendo: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”. Aunque vemos en estas palabras la institución del Sacramento de la Reconciliación, no se limita a aquello. Todos necesitamos el Espíritu Santo para poder perdonar, y para juzgar cuando reclamar señales de conversión.

Reciban el Espíritu Santo” “Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes.” Con su propio Espíritu, Jesús nos capacita para la misión de amor y bondad, que él inició en este mundo y que ahora nos corresponde a nosotros llevar adelante, aún en medio de la Pandemia. “Reciban al Espíritu Santo”. Reciban la vida de Dios. Reciban Sabiduría e Inteligencia, Consejo y Fortaleza, Ciencia, Piedad y el Santo Temor de Dios.

¡Cuánta falta hacen los dones del Espíritu Santo! Más que nunca, necesitamos la Sabiduría Divina para encaminar nuestra vida personal y colectiva. Esto no se opone a la ciencia médica y las demás ciencias que nos ayuden a comprender y dominar el mundo creado, más bien nos hace aprovechar estas ciencias para hacer el bien y salvar vidas. Necesitamos la Inteligencia Espiritual, para ver cómo nos acompaña Dios en el momento actual, y así evitar la desesperación de quienes no tienen fe. Que contemos con el don del Consejo para rechazar las tentaciones a la corrupción y el abuso del poder, y el don de la Fortaleza para permanecer fieles y valientes en la práctica del bien. Hace falta la Ciencia religiosa para evitar supersticiones y pensamientos mágicos, como, por ejemplo, la equivocada idea que Dios no permitirá contagios en la Misa. Este momento requiere la Piedad, para que tengamos compasión para con los contagiados del virus y también con los perjudicados por las medidas sanitarias. Y, sobre todo, necesitamos el Santo Temor de Dios, porque la vida que tenemos es Su regalo, como también la vida eterna que esperamos. “Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.”

Monseñor Roberto Flock

Obispo de San Ignacio de Velasco