Santa Cruz

HOMILÍA DE MONS. DOWLASZEWICZ,06-05-12

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Continuamos con el tiempo de Pascua, ya es la quinta semana que nos reúne alrededor de la mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Nuevamente nos encontramos con el Resucitado, quien desea que nosotros profundicemos más en el misterio de su pasión, muerte y resurrección y a través de este misterio de salvación crezcamos en la fe para que produzcamos más frutos y seamos testigos coherentes y perseverantes.

Como comunidad de los creyentes nos hemos reunido esta mañana en La Catedral, muchos en el país siguen esta celebración a través de los Medios de Comunicación, en sus hogares, hospitales o en el campo. A los hermanos indígenas que a pesar de las dificultades externas e internas marchan en la defensa de su hábitat, los animamos y al mismo tiempo expresamos que nos preocupa que entre hermanos no nos entendamos, que hay algunos que no permitan el paso por su comunidad, que impiden entrar a la Iglesia del pueblo que es la casa de Dios y la casa de todos, que es un lugar de encuentro con Dios y con los hermanos especialmente el día domingo, día del Señor para participar y celebrar la misa, el lugar donde el Señor es el Buen Pastor que conoce, cuida, defiende y guía a todo su rebaño. “Reafirmamos que los pueblos indígenas, como todos los sectores, tienen el derecho a expresar libremente y con medios pacíficos, como es una marcha, sus legítimas aspiraciones. Esperamos que se eviten iniciativas que buscan dividir a los mismos pueblos, provocar enfrentamientos y fundamentalmente falsear la verdad.” (Mensaje de la CEB abril 2012).

A los que por diferentes motivos están exponiendo sus vidas, los que participan de las huelgas de hambre, bloqueos y todo tipo de protestas y marchas para que junto con los responsables del país, busquen una respuesta justa, sincera, clara a través del diálogo serio, abierto con el deseo de llegar a la meta final y encontrar el bien común para todos. No solamente palabras o promesas que a veces juegan a la pulseta, sino una respuesta que va producir frutos de bien, armonía, entendimiento y paz para nuestro país- A todos ellos un saludo pascual… Cristo vive, Cristo ha resucitado.

Todos estamos reunidos como Iglesia y pedimos en este momento que tengamos fe, que tengamos nuevas fuerzas y perseverancia para realizar nuestras tareas y responsabilidades con nuevo ardor y dedicación, para que dejemos una herencia de fe para las próximas generaciones.

Queridos hermanos y hermanas:

Las Lecturas de este domingo nos ayudan a reflexionar y tomar las decisiones personales para ser Discípulos de Jesús, coherentes con la fe que profesamos y al mismo tiempo, atrayentes por el testimonio de vida.

El 1º de mayo de año pasado, en Roma, el Papa Benedicto XVI Beatificó a su antecesor el Papa Juan Pablo II. De nuevo nos ha recordado lo que el Beato Juan Pablo II pronunció en el inicio de su Pontificado “no tengan miedo de abrir de par en par las puertas de su corazón a Cristo y antes de morir, tranquilo y sereno pronuncio las palabras como de despedida…estoy listo y contento…déjenme regresar a la casa del Padre. No tengan miedo de confiar en Él, porque Él, es el Camino, la Verdad y la Vida”.

Escuchando hoy el relato evangélico de Juan, miramos a Cristo que durante la última cena comparte la Mesa y también las confidencias, abre sus labios y su corazón para identificarse, para decir a los suyos: “Yo soy el Buen Pastor, yo soy el Pan que ha bajado del cielo, yo soy la Puerta, yo soy la Vid y ustedes los sarmientos. El que permanece unido a mí produce muchos frutos, porque separado de mí, nada pueden hacer.”

Por motivos prácticos ese pasaje evangélico de la vid y los sarmientos es muy importante y al mismo tiempo incómodo porque donde hay motivos prácticos ahí aparecen las exigencias, a ellas a veces las evitamos, ya que es más fácil movernos en la teoría, ideas o palabras y quedarnos con ellas. Hemos aprendido a la perfección manipular las maneras para evitar la verdad. A cada mal comportamiento le hemos dado bonitas palabras de explicación para justificar la manera de tranquilizar nuestra conciencia, pero el Evangelio de hoy no son sólo palabras, sino verificación de como estas palabras son puestas en práctica.

“Yo soy la Vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y Yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada puede hacer”.

La fe viva, unida a Dios es la que produce frutos en la persona y estos frutos personales se pueden ver, sentir, compartir. Es tan importante permanecer en Cristo que es la Vid verdadera y permaneciendo en El podemos dar frutos. Sin El somos como gajos secos, sin vida, hay que cortarlos y echar al fuego para que se quemen.

¿Se yo, lo que significa permanecer en Cristo y dar frutos?

Para encontrar la respuesta hay que leer de nuevo la segunda Lectura de hoy, de la Carta de San Juan Apóstol: “Hijitos míos, no amemos con la lengua y de palabra, sinó con obra y de verdad”.

Puede ser que yo sólo digo que soy cristiano, católico, creyente, sólo digo que soy discípulo de El, pero mi vida va por otro lado, mi vida cotidiana está lejos del testimonio coherente.

Permanecer en Cristo significa que todos los días nos alimentamos de El. Permanecer en la Verdad que es Cristo, en la verdad sobre uno mismo, sobre sus debilidades, sobre la verdad del otro y sus necesidades, la verdad sobre Dios, su amor, su perdón y sus exigencias. Permanecer en la verdad es desenmascarar todas las mentiras y falsedades personales y sociales, en la familia, en casa, en la Iglesia, en la política.

Queridos hermanos:

Si permanezco de verdad en Cristo, mi vida tiene sentido y mi vida produce frutos, produce compromiso y testimonio. “El árbol bueno se reconoce por sus frutos buenos”.

¿Qué tipo de frutos da mi vida?

¿Son buenos, verdaderos, permanentes, ocasionales, de buen sabor o amargos?. No puedo decir que soy verdadero discípulo de Cristo si los únicos frutos de mi vida son: la burla, la mentira, doble moral, explotación a otros, egoísmo, orgullo, desprecio a Dios, a la vida y a los hermanos, engaños, la drogadicción, alcoholismo y narcotráfico.

No puedo decir que permanezco en la Vid y doy frutos hasta que otros no vean el cambio en mí. Todas las palabras, las declaraciones más piadosas, todas las peregrinaciones y novenas si no se ven a través del testimonio y compromiso quedaran sólo como palabras

Queridas hermanos:

“Yo soy la verdadera Vid y mi Padre es el Viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto lo poda para que de más todavía. Ustedes ya están limpios por la Palabra que Yo les anuncié. Permanezcan en mí, como Yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes si no permanecen en mí…….Porque separados de mí no pueden hacer nada”.

Las expresiones que repite Jesús son:” permanecer” y “dar fruto”. La imagen de la vid y los sarmientos muestran lo que significa ser Discípulo para los cristianos de todos los tiempos: estar unidos a Jesús, escuchar, actualizar y hacer vida su Palabra e implicarse en la realidad = dar fruto. Actuar así, da gloria al Padre y sentido pleno y alegría profunda a la vida. AMEN.

Oficina de Prensa del Arzobispado de Santa Cruz.