Santa Cruz

HOMILÍA CARDENAL JULIO TERRAZAS, 12-02-12

Queridos hermanos y hermanas:

En este día del Señor,  la palabra de nuestro maestro va en la dirección de enseñarnos como va ser el Reino de Dios,  en qué consiste ese Reino y porque nosotros tenemos que enorgullecernos de pertenecer a esa manera de vivir que Dios nuestro Padre, ha pensado para nosotros.
Cuando hablamos de “Reino” nos confundimos hablando de los reinos del carnaval, en los reinos del azúcar, el arroz o en  los reinos de la promociones cuando son jóvenes.

El Reino de Dios no es una repetición de todos los inventos que hemos hecho, es una iniciativa clara y directa de Dios que no quiere que existan montón de reyezuelos sino un solo rey, el Dios de la vida, la verdad, la justicia,  el amor,  la solidaridad y  la reconciliación.

Es un Reino que va por otro camino de los reinos que se inventan en la tierra, porque el  reino de la tierra lleva a peleas inútiles o convoca a manifestaciones contrarias de unos contras otros,  usa lenguajes en los que no aparece ni siquiera el respeto a la dignidad humana.

El Señor nos introduce hoy a esta perspectiva para demostrarnos que Dios Padre nos ama. Lo hace esta mañana delante de nuestros catequistas de la arquidiócesis que vienen con inquietudes de ir descubriendo a través de la celebración cuál es el Reino que van a descubrir a través de las comunidades, cuales  son los valores que no pueden faltar en el testimonio de cristianos, sobre todo cuando hablamos de Cristo el Señor para que no nos conformemos con palabras sino que vayamos adecuando nuestras vidas a las exigencias de esa palabra.

La Palabra del Señor resuena en un ambiente de vivencia fraterna, son 10 jurisdicciones de Bolivia que están reunidas aquí para seguir meditando las exigencias de la fraternidad, ir captando que significa un Reino de Dios donde todos nos sentimos hermanos.

Eso es lo importante y es eso lo que tenemos que escucharlo con nuestro pueblo, con todos los que no siguen a través de los medios de comunicación, con los que están en los hogares, con tantos hermanos y hermanas que sufren la consecuencia de las inundaciones, las consecuencias del dengue, otros que están sumidos en la soledad, otros que están hacinados en las cárceles como si fueran objetos despreciables, otros que a lo mejor llevados de ilusión quieren una distracción a cualquier precio aun vendiendo su espíritu…

Quien se acerca al Señor es un enfermo despreciado por la sociedad, excomulgado de la comunidad, un enfermo al que todos le huían, lleno de suciedad y mugre;  un enfermo que estaba también señalado para que nadie lo toque. Esa es la manera del reinado del mal que piensa que a Dios se lo puede tener contento en el bolsillo pero no descubrirlo en aquel que realmente lo necesita.

Viene este enfermo con una confianza extraordinaria, con una manera de actuar que asombra a todos. Pasa por encima de aquellos que a lo mejor huían de él  y se presenta al Señor diciendo esa frase que llega a conmover al Señor: si quieres puedes purificarme…

Si tú quieres Señor puedes librarme de esta mal físico, de este mal espiritual que no me permite estar con mis hermanos porque algunas leyes que se han exagerado, han llevado que estemos en esos extremos, en aquellos tiempos y en los de hoy  lo mismo; leyes que es imponen por la fuerza sin que haya por lo menos un deseo de involucrar a todos son leyes que llevan a la discriminación a la separación y a esconder a nuestros hermanos y tildarlos como objetos.

Jesús conmovido extiende la mano y lo toca, es la actitud del Maestro que asume el dolor del que está sufriendo, se da cuenta que ese pedido no es algo obligado, no es un eslogan ni una consigna que repiten los enfermos. Es una acción plena de fe, una palabra llena de esperanza, de valentía que adquiere en la presencia del Señor.

El Señor sabe que está frente a alguien que tiene todo el sufrimiento humano sobre sí y que está gritando por tener algo de esperanza.

Estaba prohibido tocar a los enfermos, estaba prohibido hablar con ellos, la ley era clara, el que tiene una enfermedad como esa es impuro no hay que tocarlo no hay que mirarlo no hay que  hablar con Él, y Jesús comienza haciendo todo lo contrario.

Por ahí va el Reino que el Señor va inculcando, un Reino de amor que va desbaratando todos los espacios que nos separan y que nos dividen o espacios que se inventan para separarnos y dividirnos. Rompe tradiciones y  costumbres porque ingresa con El una nueva manera de vivir,  pensar y actuar.

Esto es una condición para entrar en el Reino de Dios, acercarnos para que el Señor nos toque, nos cambie, para que el Señor nos purifique y entremos a ese grupo,  no de fanáticos sino de elegidos que aceptan la misión que el Señor nos da de llevar esta buena noticia a todos los pueblos y naciones.

En seguida desaparece la lepra y queda purificado. Quizás este ejemplo del leproso lo podemos pensar en otros tiempos. En Bolivia se ha trabajado mucho con esta enfermedad aunque hay espacios  donde todavía existe esta enfermedad de dolor y sufrimiento pero quizás ya no tememos tanto y de repente esto no nos dice nada.

¿Qué significa curar a un enfermo de lepra hoy?. Acaso no hay gente a la que marginamos por sus enfermedades, por sus situaciones, por su manera de pensar diferente. Acaso no nos hace temblar el hecho de estar con un hermano que tiene la enfermedad del sida, acaso nos sentimos tranquilos con aquel que piensa distinto y lo dice con plena libertad.

Hay nuevas situaciones, nuevas enfermedades, nuevos espacios para crear la esperanza de que con la presencia del Señor va ir cambiando todo y que el Señor no viene a molestarnos por molestarnos,  que  viene a decirnos palabras  que nos ayuden  a ir mucho más delante de lo que estamos buscando, darle la dimensión divina a todos nuestros planes humanos.

Jesús le da un encargo: no lo digas a nadie  pero ve a presentarte al sacerdote y entrega una ofrenda que manda la ley por tu purificación. No le digas nada a nadie.

Ahí está alguien que cuando nos da lo mejor que tiene, cuando nos comunica la esperanza y el amor  no pide que le levanten monumentos, no pide que lo tengan aplaudido todo el tiempo, no pide que salgan y hagan publicidad, pide silencio. Pero acá hay algo extraordinario que podía contagiarnos a catequistas y toda la iglesia.

Este hombre que ha sido sanado siente tal alegría y gozo que comienza hablar y siente en su vida como si hubiera recibido la misión de decir a otros que están amenazados en sus  vidas  que la vida es posible con este Maestro, que la vida se la puede recuperar, la enfermedad es un paso no es una finalidad, el dolor y la muerte serán vencidos por el Señor.

Ese es el mensaje de alegría y optimismo que debe llevar el creyente al mundo de hoy, el creyente de Bolivia hoy a la Bolivia de hoy, no a la de antaño de 500 años atrás o la que vendrá 500 años después. Hoy necesitamos más que nunca vida en abundancia, vida para todos, vida que le puede dar el Señor y no solamente las promesas o realizaciones meramente materiales.

Sin embargo apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo de tal manera que Jesús ya no podía entrar al centro de la ciudad, porque era tanta la gente que lo buscaba, y que se quedó ne los alrededores, se quedó en la periferia.

En la primera lectura que hemos escuchado del libro del levístico, cuando se habla de esta enfermedad se ponen tantas condiciones para poder curarlo que terminan diciendo: No lo dejen entrar al Señor.

Aquí Jesús se siente marginado, aquí se queda marginado, no por castigo, sino por convicción. Porque sabe que ha venido para los humildes y sencillos, porque va llegar la gente que necesita de Dios, porque solamente Él es la respuesta definitiva a todos nuestros males, se queda se hace parte de aquél grupo que el mundo desprecia, que es atropellado en su dignidad, de aquel mundo que no se le permite hablar ni decir nada, allí se queda el Señor para hacerse la voz de los que no tienen voz.

Queridos hermanos, por allá va el Reino de Dios, por eso es que a veces temblamos cuando hablamos del Reino, porque es fácil hacer un reinado pasajero; basta arreglar una carroza, nombrar una reina que más o menos se vista decentemente para que sea aplaudida por las calles; cuando hablamos de esos reinos pasajeros que están en el poder o de los que tienen su dinero es todo pasajero porque se acaba, porque todo eso no se lleva  a la tumba.

Nosotros queremos que irrumpa el reino del Padre que es reino de vida para siempre y no solo por el momento en que podemos aplaudir a los ídolos que se van inventando.

Pablo les va decir que hay que hacer, como hay que vivir esto del Reino, ¿vamos a vivir en peleas en divisiones, contradicciones, aferrado a las cosas y olvidando de elevar las manos hasta el cielo y colocarlas en las manos de Dios?

“Sea que coman, sea que beban, cualquier cosa que  hagan, háganlo para la gloria de Dios” Ninguna misión en la iglesia es solo para recibir aplausos, es por la gloria de Dios, no es un reino que termina con repartija de dinero o de regalos.

Hay hambre de Dios y la catequesis trata de responder dando el alimento de la Palabra. Hay hambre de hermandad y el signo de Hermandad entre las iglesias de Bolivia y Alemania no son pequeñas reuniones, son convicciones profundas de que es la hora de llevar a la práctica los valores del reino que están siendo conculcados y pisoteados continuamente.

Otra actitud: No sean motivo de escándalo, vivan con prudencia, no vivan como si no tuvieran Dios, no escandalicen a nadie.

Una manera de vivir este mensaje: complacer a todos en todas las cosas no buscando el propio interés sino el del mayor número para que puedan salvarse, dice Pablo.

Ahí está el trabajo apostólico, no para recibir halagos, ni recompensas, ni siquiera distinciones, el cristiano tiene que entrar en esta dimensión, hacerlo todo para todos, que todos sean hermanos, que todos sean alimentados con la palabra de Dios, esa es la enseñanza, ese es el ejemplo de Cristo.

Con estas exigencias del Reino seremos capaces de ir captando nuestras inquietudes, una buena catequesis que quiere responder a los nuevos desafíos tiene que ubicarse dentro de los problemas que vive la familia, que vive la sociedad, tiene que saber que hoy es más difícil que antes hablar de una salvación autentica que va mucho más allá de un poco de dinero; y hay que estar atentos escuchando el clamor de los humildes y sencillos pero escuchando la palabra amorosa de un Dios que es capaz de conmoverse ante el dolor y sufrimiento.

Nuestros hermanos de la hermandad, los delegados de la zona oriente, están también meditando qué tenemos que hacer con la creación, cuál es nuestra actitud frente a ese problema, qué es  lo que podemos aportar para que la creación no sea desbaratada por algunos intereses mezquinos.

La creación debe estar al alcance de todos sin consideramos la creación como el espacio en que debemos crecer como fieles, la creación cuenta para nosotros. Por eso es que tenemos que ser claros y contundentes, no por base a un desarrollo que llega con mucho dinero, se puede desbaratar aquel espacio donde la vida está al alcance de los que están allí, pero también a todos los pueblos tanto en Bolivia como en América y el mundo. Porque hoy más que nunca en el mundo se trabaja para evitar que los lugares de la naturaleza sean atropellados impunemente.

Vamos a seguir creciendo en amistad y compromiso, Tenemos que seguir creciendo también en fidelidad a la Palabra del Señor. Hoy  es más necesario que nunca, tantos crímenes, asaltos, tanta enfermedad, tanta desesperanza en medio de algunos que no quieren saber de esto y prefieren comprarse la máscara del carnaval para no mostrar el rostro verdadero de la desesperanza y la falta de amor de Dios.

Vamos a decirle en este domingo a Dios: Tú puedes purificarnos, hazlo; tu puedes curarnos todas estas lepras modernas que se  nos van incrustando en la vida y en el corazón. Te pedimos Señor que con tu presencia y  tu Palabra, con tu mano y con tu gesto, libres a nuestra Iglesia y a nuestro mundo de todos los males que llevan a la muerte. AMEN.

Oficina de Prensa del Arzobispado de Santa Cruz.