Cochabamba

Hombre de fe y entrega social

El misterio del sacerdocio. 48 años de servicio a la iglesia y ahora espera paciente el próximo mandato de Dios y de sus superiores. Aquí sus últimos pensamientos para su iglesia, reflexiones y metas cumplidas.

Como es típico en Cochabamba durante esta temporada, de repente el suave murmullo de las gotas golpeando el asfalto rompen la rutina habitual de la jornada. Poco a poco la ciudad refresca sus calles del sopor de una tarde muy acalorada. A paso firme y presurosa me dirijo a la entrevista con el Monseñor Tito Solari. Confieso que estoy nerviosa.

Esta no es mi primera entrevista con él, pero esta vez mi cita está marcada por una silenciosa despedida; es que dentro de pocas semanas él comenzará una nueva etapa de su vida, la jubilación, y posiblemente ya no tengamos otra cita en ese despacho ni en otro lugar, esta es la razón para sentir algo de nostalgia.

La entrevista está pactada para las 16:00 en el Arzobispado de la ciudad, en pleno centro, y cuando aún faltan minutos para la reunión, la puerta del despacho del Monseñor Tito Solari se abre. Detrás de ella, un ambiente de oficina formal, con varios estantes llenos de libros y documentos están dispuestos, un escritorio y un pequeño living completan el mobiliario.

Monseñor nos invita a pasar con su habitual cordialidad. Como en otras oportunidades su voz inspira confianza y paciencia, pero su rostro refleja algo de cansancio. Ahora es momento de conversar algo más sobre su vida, su trabajo, sus planes y tal vez, por qué no, su despedida.

Tito Solari nació el 2 de septiembre de 1939 en Údine, un pueblo del noroeste de Italia arropado entre montañas y bosques. Cuando tenía 17 años sintió el llamado de la vocación, coincidentemente también empezaba la Segunda Guerra Mundial.

Dios tenía muchos planes para él y hace 40 años, él recibió la misión de cambiar de residencia. Es así como llegó a San Carlos, provincia Ichilo de Santa Cruz de la Sierra, en 1974.

¿Cómo recibió la noticia de que tenía que venir a Bolivia?

Monseñor Tito Solari (MTS): solo pensaba que era la tierra donde el Señor quería enviarme. No pensé en Bolivia como país, sino en esa disponibilidad que debe tener un religioso o un cristiano cuando Dios lo llama.

Aunque para decir la verdad este tema ya lo había meditado… ¿si un día Dios quisiera enviarme a otro país que contestaría?, y mi respuesta fue sencilla pues estaba dispuesto a partir, sabía que tenía que dejarlo todo. Ahora, después de tanto tiempo sé que mi espíritu ya estaba maduro para asumir ese mandato.

Debo admitir que de Bolivia no sabía nada, solo los datos que tenía de geografía, que era el país del estaño y de los minerales, la tierra de los Andes y que era pobre. Mis hermanos fueron los que más se interesaron en saber de este nuevo país, compraron libros y me contaban todo lo que aprendían de él.

¿Cómo es ese primer encuentro con esta tierra boliviana?

MTS: Todo me impactó al llegar, todo era nuevo. Al llegar a San Carlos de Ichilo en Yapacaní solo veía árboles, bosque y nada más. Yo callaba y decía: “Dios ayúdame a comprender y vivir esta realidad”.

San Carlos era un pueblo en el cual no teníamos todo a disponibilidad, para cualquier cosa necesitábamos ir hasta Santa Cruz o Montero; pero esa tierra pequeña y cálida me trajo mucha alegría, tomé todo lo positivo que podía sacar, los chicos, las costumbres y la alegría de su gente.

Debo recordar que yo era el director de la comunidad, éramos tres cristianos, que queríamos conocer todo el contexto cultural, por ello procure hallar libros que hablaran del espíritu y la naturaleza de los cambas.

El primer libro que adquirí era de cocina, yo era cocinero; el segundo libro fue acerca de las leyes y la constitución política, y el tercero fue de historia, el cual leí durante todo un día esperando que una autoridad me dé audiencia.

¿Y su gente?

MTS: Esa era mi principal preocupación, quería tratar con la gente, hablar un lenguaje adecuado con ellos. Recuerdo que habían temas muy serios, especialmente desde el punto de vista religioso, y es que encontré muchas personas que no se casaban, por lo tanto gran parte de la juventud no estaba bautizada. Pero aprendí a predicar con ellos con mucho respeto.

Amaba la cercanía con la gente, en especial con los jóvenes, todas las noches compartía con ellos, pues íbamos a la plaza a jugar. Sentía que había salido de un mundo y había llegado a otro muy diferente. Pero todos eran muy buenos.

El año 1981 Tito Solari fue nombrado Inspector de la Provincia Salesiana en Bolivia, con sede en La Paz. En 1984 fue transferido a Cochabamba, y el 19 de marzo es ordenado Obispo en Santa Cruz de la Sierra, donde prestó servicio en la Iglesia como Obispo Auxiliar de monseñor Luis Rodríguez.

Allá replicó su experiencia estableciendo un centro de salud, continuando con la catequesis, las labores de educación y capacitación agropecuaria.

¿Cuál es el mejor recuerdo?

MTS: Hace 25 años Dios me dio la gracia de crear un seminario, estaba como Obispo auxiliar y tenía ese deseo porque veía la gran falta de sacerdotes y para mí era importante cultivar vocaciones; pero el obispo, Monseñor Rodríguez, me contestaba que no había plata.

Pero en 1988, cuando llegó el papa Juan Pablo II, pude hablar con él y le pregunté… ¿Santidad para que sirven tres obispos en Santa Cruz para cinco sacerdotes? El Papa me miró y no respondió, yo insistí y le dije… Santidad y si esos cinco sacerdotes saldrían por cualquier razón de la Diócesis, se podría llamar todavía Iglesia Diocesana? El Santo Padre se puso serio y me preguntó ¿qué ha pensado usted en esta situación?.

Le respondí, Santidad, no vale la pena que este aquí administrando una iglesia que el día de mañana me caiga encima, por no tener sacerdotes y he pensado que la única solución es que me dedique a formar sacerdotes, y el Santo Padre levantó su dedo y dijo haz lo que has pensado. Y el 90 empezamos el seminario con 15 vocaciones.

¿Y en Cochabamba?

MTS: Luego de 25 años de trabajo llegué a Cochabamba. Para mi era otro mundo. Las familias estaban muy unidas, llenas de tradiciones y de apoyo.

El cochabambino es sensible, querendón, tiene mucho corazón, sentimiento y es un tesoro grandioso que crea vínculos profundos entre familiares y amigos. Esos son valores que aprecio y amo mucho.

¿Y la juventud?

MTS: Mi relación no ha sido tan directa como la que tuve en el oriente cuando era sacerdote, pasaba clases en colegio, jugaba con ellos, íbamos de excursión, convivencia directa y diaria. Cuando llegué acá ya era obispo y tuve que ir a buscarlos, visité muchos colegios, dialogué con los chicos de secundaria. Vi que ellos tenían un gran deseo de superación. Son personas con ideales, que quieren darle un sentido a sus vidas. Es así como soy testigo de que Cochabamba tiene un gran tesoro.

¿Extraña educar?

MTS: Sí, muchísimo… era mi vida… soy salesiano y por tanto educador. Nosotros compartimos mucho con los jóvenes y lo que nos gusta es la labor que cumplimos. Lo que amo es la motivación que imparto para que ellos aprendan, eso es lo que me interesa.

¿A punto de concluir su labor en el Arzobispado, qué le faltó o que cree deberle a esta ciudad?

MTS: Me pone en dificultad. Si yo pensara en una evaluación tendría que empezar a autoevaluarme, porque cuando me hice obispo encontré un arzobispo en el altiplano que me dijo que mi primera tarea era rezar mucho y yo siento que eso no he podido cumplirlo.

En primera instancia creo que un arzobispo debe de rezar mucho, porque es Dios el que lleva el barco y no uno. La segunda cosa es que soy el responsable directo de los sacerdotes y también siento que he fallado, que no he logrado dedicarme mucho tiempo a ellos, sobre todo en la parte espiritual.

Hemos insistido en esa tarea, sobre todo en los primeros años, pero no he persistido hasta el final y no he logrado alcanzar lo que he soñado, que era lograr un verdadero clima de oración y de vida espiritual profunda en los sacerdotes.

Finalmente, pienso en la juventud, Dios mío, cuánto hubiera querido estar en mayor diálogo con ellos y continuar su camino por la vida. Hoy los jóvenes se pierden fácilmente, me hubiera gustado ayudarlos a encontrar su vocación, a encontrar a Dios y mostrarles qué es lo que él ha sembrado en ellos para que lo cultiven y se realicen.

¿Ahora qué le espera a Tito Solari en su jubilación? ¿Se queda en Cochabamba?

MTS: Estaré aún un par de meses y creo que me toca vivir muy intensamente este periodo. Nosotros los padres salesianos no nos jubilamos, simplemente cambiamos de labor y estoy esperando donde me mande mi superior.

Sé que me quedo en Bolivia, porque la congregación salesiana actúa a nivel nacional, aunque mi nueva residencia no me preocupa absolutamente, porque cuando uno se prepara para una nueva etapa de la vida, uno debe abrirse mucho al Señor y su voluntad. En este periodo que me queda me cargaré de disponibilidad para estar preparado para lo que sea que tenga planeado el Señor. Así pueda realizarlo con fuerzas y con alegría.