Santa Cruz

“Entra en la alegría de tu Señor” Homilía de Mons. Robert Flock, 15 de noviembre 2020

Domingo 33 de Tiempo Ordinario

Queridos hermanos,

Acabamos de escuchar la Parábola de los Talentos. Sin mayor dificultad, podemos reconocer que el Señor se ha invertido en cada uno de nosotros. Nuestra propia existencia es como un préstamo, una inversión, y el Señor espera una buena ganancia. Parece, por los términos de la parábola, que Dios es “capitalista”, pues los talentos representan el capital que Dios ha invertido al darnos vida y al redimirnos del pecado. Esta parábola viene al final del Evangelio y lo leemos llegando al final del Año Litúrgico, porque implica una especie de juicio final, el momento de rendir cuentas a nuestro Dios, y ver los resultados de su inversión.

¿Qué recibirá el Señor a cambio de su inversión? ¿Habrá sido una buena inversión? ¿Podrá decir a cada uno de nosotros: “Bien hecho, servidor bueno y fiel; entra a participar del gozo de tu Señor”? Ojalá, no escuchemos: “Servidor malo, flojo, e inútil”. Evidentemente, el Señor no es socialista, pues no le gusta la flojera, y no le gusta elefantes blancos que no generen réditos. Quiere y exige ganancias.

Por supuesto, Jesús no es Capitalista ni Socialista, pues no cuaja ni en el uno, ni en el otro, con lo que Jesús dice en las bienaventuranzas: “«¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!» (Lc 6,20). Tampoco va con estos sistemas económicos este comentario de Jesús: «Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?» (Mateo 6,24-26).

Desde este punto de vista, Jesús fue muy crítico con los ricos, como vemos en la Parábola del Rico y Lázaro; pone el rico en el infierno. Y en la parábola del rico que “acumula riquezas para sí mismo”; Dios le dice “estúpido”. Naturalmente, Jesús no criticó ni utilizó ejemplos de socialismo y comunismo, pues no existían en su tiempo, y nadie hubiera sabido de qué estaba hablando. Sin embargo, sabemos que a Jesús le interesaba, la justicia y la paz. «Dichosos los que tiene hambre y sed de justicia; dichosos los que trabaje por la paz.» Y esto describe a Jesús también. Podemos decir que, al ingeniar la Parábola de los Talentos, la ganancia que busca el Señor por su inversión, es precisamente el Reino de Dios, donde hay justicia y paz; donde los últimos y marginados de este mundo, se convierten en los primeros de nuestra preocupación colectiva y de nuestra economía.

El Papa san Juan Pablo II tocó el tema en la encíclica Centísimus annus: y explicó así: «Si por “capitalismo” se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios productivos, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva, … Pero si por “capitalismo” se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa».

En términos más crudos, yo diría así. Si le deje al capitalista hacer lo que le dé la gana, algunos serán muy buenos con gente, pero la mayoría convertirán a los trabajadores en esclavos. Y si al socialista, le deje hacer lo que le dé la gana, de vez en cuando habrá una empresa exitosa, pero la mayoría crearán situaciones de dependencia corrupta, donde se tiene que mantener a trabajadores que pelean para su sueldo sin generar ganancias suficientes para pagarlo. En otras palabras, el manejo de la economía tiene que reconocer que hay unos cuantos santos en el mundo, pero gran la mayoría somos sinvergüenzas que vamos a buscar el provecho propio y no el de los demás, sea del patrón, de la empresa o de los obreros, aunque sean interdependientes. Por consiguiente, nuestra economía debe aprovechar la ambición y estimular la capacidad de las personas, y al mismo tiempo tiene que frenar el avaricio y castigar los abusos, flojeras y corrupciones. Esto se hace combinado el capitalismo con el Estado de Derecho, y no con el socialismo.

Volviendo a nuestra parábola, vemos que el Señor utiliza la figura de la inversión económica y del esfuerzo creativo del hombre para decir que todos somos parte de una empresa grande, que se llama: “Reino de Dios”. No es una SLR: Sociedad de Responsabilidad Limitada, tampoco un SA: Sociedad Anónima. A pesar de que Dios Padre es el Dueño de todo, y Jesús es el Gerente General, funciona más como una gran cooperativa de libre participación donde un Espíritu generoso y alegre, hasta Santo, caracteriza a todos los socios. Todos ponen su granito de arena, y mucho más, y esto más de acuerdo a sus posibilidades que por marcar tarjetas de horario o cuotas de producción. Se mantiene este espíritu, no simplemente porque el éxito depende del esfuerzo de todos, y esperan gozar del mismo y compartir las riquezas que producen, sino porque han descubierto que ellos mismos, felices y dignos, son la gran ganancia. Sin embargo, para que no pierdan este hermoso dinamismo, se reúnan constantemente para compartir las dificultades y solucionarlas, superando cualquier discapacidad o traba, como también para celebrar no solo los éxitos, sino sobre todo los aniversarios de toda su gente. La cosa resulta tan agradable que, no solo saliendo del trabajo, también entrando, el Dueño les dice: Servidor bueno y fiel: entra en la alegría de tu Señor.