Análisis

Paulovich: ¿El candidato atómico?

Dicen por ahí que la curiosidad es la madre de los grandes descubrimientos y mi Pariente Espiritual es curiosa como la gran mayoría de las mujeres, sin llegar a exageraciones como afirmar que la cholita cochabambina tenga la talla de una Eva Curie o de una Isabel La Católica que descubrió la redondez de la Tierra gracias al huevo de Colón.

Este preámbulo viene a cuento de que mi comadre periodista acaba de descubrir –junto a algunos funcionarios del Estado Plurinacional y Folklórico– que Bolivia puede llegar a ser el centro energético de Sudamérica, mucho más al hacerse público el descubrimiento de grandes existencias de uranio en Santa Cruz y en otras zonas de nuestro territorio.

Con la sabiduría intuitiva que ella posee, me dijo: “Eso quiere decir que estamos a un paso de construir un reactor atómico y a dos pasos de fabricar una bomba atómica, pero con objetivos pacíficos”.

Mi primera reacción fue de indiferencia ante el sensacionalismo de mi novel reportera. pues ingresar al club atómico mundial no es tan sencillo y cuesta muchos esfuerzos mantener controlada esa energía nuclear como nos enseña la experiencia de un gigante industrial y técnico como Japón y sin olvidar jamás la tragedia ocurrida en Chernobil, laboratorio entonces soviético.

Pero la sabia interpretación de nuestro pequeño mundo folklórico que tiene mi comadrita brincó sobre mis cautas interpretaciones y me dijo: “¿no se da cuenta, compadre, que aquí manda y ordena un tal Evo Morales, natural de Orinoca (Oruro) que pretende erigirse en el supremo comandante de esta parte del Continente, luego de la muerte del que en vida fue comandante Hugo Chávez…?

Tuve que callar por unos instantes ante el impacto que me produjo tal posibilidad, pidiéndole a la cholita de Quillacollo que continuase dando rienda suelta a su algo dilatado verbalismo.

Ella continuó con la posibilidad de que Bolivia llegase a fabricar un artefacto nuclear, enriquecido por el uranio y se estremeció ante tal posibilidad diciéndome: “Evo sería más peligroso que un mono con navaja ante un público circense”.

Tomé con serenidad sus palabras y me puse a pensar en todos aquellos personajes de la historia universal que causaron grandes tragedias para ocupar un capítulo que ostenta su nombre, su apellido y el nombre del lugar donde nacieron.

La cholita cochabambina me señaló el peligro y pensé que mi obligación periodística es advertir a los cholitos y cholitas de Bolivia que observemos con serenidad a todos los personajes que viven junto a nosotros para saber quién lleva una navaja en sus manos cual si estuviera jugando.