Análisis

Diác. Javier Gómez Graterol: ¿Y cómo me acerco a la Biblia?

Me han preguntado recientemente cómo leer la Biblia, ya que, tener una, sin saber cómo leerla es como tener una farmacia sin el farmaceuta: comenzar a beber frascos sin saber, o por azar nos haría mal en vez de bien. Voy a dar las indicaciones más básicas.

Lo primero que suelo recomendar, para iniciarse en la lectura de la Biblia, es adquirir, o una Edición Biblia Latinoamérica, de la Editorial San Pablo/Paulinas y Verbo Divino, o una Biblia de Nuestro Pueblo de Luis Alonso Schökel, de los Misioneros Claretianos, ¿por qué?

Ambas son ediciones con traducción con un lenguaje sencillo, notas explicativas, muy orientadoras, que facilitan mucho la comprensión de lo que quiso decir el autor y cómo se adapta a nuestros tiempos. Pondré un ejemplo: No es lo mismo leer “como los torrentes del Néguev”, una imagen que un lugareño, en el tiempo en el que se escribió el texto, podría comprender con solo cerrar sus ojos, e imaginar cómo son tales torrentes, que leer “como un río de aguas caudalosas” que es como se traduce en este tipo de biblias, más orientadas a la comprensión de lo que quiso decir el autor que a la absoluta fidelidad a la traducción textual. Valdría preguntarnos ¿y si el torrente se secó hoy y no es tan abundante como en ese tiempo, captaré lo que quiso decir el autor hace tantos años? Estas traducciones van más hacia lo que quiso decir el autor.

Estas ediciones que recomiendo tienen introducciones, y también métodos de cómo leer la Biblia que orientan muy bien a quien desea iniciarse por su cuenta en su lectura. Tienen añadidos importantes, entre los cuales hay: glosario de términos, enseñanzas bíblicas, y también los llamados “paralelos” (en ambas ediciones se explica para qué son y cómo se usan).

Para reconocer una Biblia católica, lo primero que hay que ver es si tiene el “imprímase” (“imprimatur”, en latín, también llamado “nihil obstat” o “imprimi potest”) el cual es una declaración oficial por la jerarquía de la Iglesia Católica de que una traducción bíblica, obra literaria, o similar, es libre de error en materia de doctrina y moral católica, y se autoriza por lo tanto su lectura por los fieles católicos. Suele encontrarse en las primeras páginas de la edición.

¿Cómo comenzar a leerla? Primero por la oración, para pedir al Espíritu Santo que nos ayude a leerla y entenderla bien. Lo otro es ¿por dónde comenzar? Los primeros cristianos y padres de la Iglesia redescubrieron el Antiguo Testamento desde la perspectiva de Cristo, y vieron que en Él se cumplían mejor y mayor plenitud muchos signos de éste que, pese a ser a veces dichos de otros personajes, en Cristo adquirían mayor fuerza y luminosidad, es por ello que es mejor para nosotros empezar por el Nuevo. Otra cosa es que muchos que han comenzado por el Antiguo se han hecho visiones distorsionadas de Dios. Es mejor comenzar por quien mejor lo presenta, ya que lo encarna, Jesús. Debemos leer la Biblia, completa, al menos dos veces durante nuestras vidas, si no lo ha hecho, estimado lector, empiece por hacerlo. Es, como decía Santiago Alberione, la carta de Dios al hombre.

Autor: Diácono Javier E. Gómez Graterol, SSP

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