Análisis

Cesar Piscoya: Fiestas patronales expresión de fe y humildad de nuestro pueblo

Las fiestas patronales, expresión de fe sencilla, es el momento propicio para acercarnos a todos los bautizados y personas de buena voluntad. Lo que se programa, se hace pensando en TODOS y no solamente en los más cercanos, y debe llegar a todos a través de las estructuras de comunicación (mensajes y carta a los cristianos), de las estructuras de participación (asambleas. Consejos y equipos), e incluso de las mismas acciones, que motivan a la gente a pasarse la voz unos a otros.

Solo así logramos evangelizar la cultura de un pueblo y la religiosidad popular del mismo. Porque nos toca comprender que la expresión de fe y humildad de nuestro pueblo en estas fiestas está presente en cada gesto que se vive, en cada momento que se celebra y en cada comunidad que se reune.

Toca por tanto que en cada fiesta patronal expresemos con “experiencias significativas de fe”, la religiosidad sentida y vividas por y como pueblo de Dios. Ha de ser una misma experiencia vivida por TODOS los bautizados: con encuentros, fiestas, signos (panes, velas, imágenes, paseos, peregrinaciones, etc) y compartir.

No olvidar que la fiestas patronales nos permiten reconocer que todo el pueblo hace el mismo camino de fe (en el evangelio: las multitudes seguían a Jesús). El mismo, que cada año expresa de manera significativa sus motivaciones, sus esperanzas, sus proyectos; pero también sus dolores, desesperanzas y tristezas, y a todo esto debemos prestarle atención. Porque aún siendo un pueblo sencillo y humilde, en este espacio, en esta fiesta es un pueblo muy generoso que exigen ser orientado en su camino de fe.

Todo esto nos ayuda a comprender que las fiestas patronales han de ser momentos privilegiados para evangelizar el camino de fe de nuestra gente y toca lograrlo con estos criterios presentes en el Evangelio: “que se haga tu voluntad y no la mía”, toda expresión de fe ha de nacer del encuentro personal y comunitario con Cristo; “que todos sean uno como tu y yo somos uno”, las fiestas nace y se hacen desde la fraternidad lograda por la unidad de la comunidad que se reune en torno a la mesa del Pan y de la Palabra; “lo tenían todo en común”, porque la fiesta no se hace desde interes particulares sino por experiencias comunes de fe y vida.

La expresión final de esta pequeña reflexión funda su experiencia en el servicio que hemos de prestar en todos y en todo lo celebrativo. Que el gesto fundamental de la Fiesta exprese el gesto fundamental del evangelio: dar la vida por los demás. Para eso vino Jesús, para servir y no a ser servido: por ello “se humilde para servir”, es la actitud que toca asumir en esta fiesta.

Actitud que nos toca vivir, asumir y expresar cada día, en cada gesto y en cada encuentro que la fiesta genere. Humildad cuando acojo a los peregrinos; humildad cuando vivo lo que celebro en la eucaristía; humildad cuando celebro en familia lo que anuncia la Palabra Dios: amando a mis hijos, siendo responsable de su formación y vida; acogiendo y dejándome sensibilizar por la necesidad del otro y de la comundiad.

Si la fiesta no me permite crecer en mi servicio y en este con humildad, la fiesta no sirve, la expresión de fe queda en cultura, queda en tradición y la relgiosidad se escabulle de la verdad del evangelio y de nuestra gente sencilla y pobre que sí lo quiere celebrar y vivir en sus oraciones, peticiones y rezos que buscan bienestar familiar y comunitaria de los demás a favor de los más pobres.

Entonces, cuando ores, comas, bailes, celebres y hasta sientas dolor o deseperanzas por la experiencia que estas viviendo, no olvides que lo tienes que hacer desde la humildad para servir. Por lo que ora reconociendo tu ser fragil y pecador como muchos de nuestros hermanos; come, recordando que otros poco o casi nada tienen para la mesa de su hogar; baila, expresando la belleza y armonia que Dios nos dio al ser criaturas suyas y ayudanos a reconocer ahí que existe un creador; celebra, dando gracias a Dios por la vida y los dones que diariamente nos da; finalmente en la desesperanza no dejes de reconocer que todo nuestra vida está en Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida.