Análisis

Mons. Jesús Pérez: “Si no hablas al malvado…”

“Los amigos se escogen, los hermanos los da Dios”, es un dicho antiguo que nunca debiéramos olvidar los cristianos. Otro dicho no menos antiguo: “si buscas un hermano sin defecto, te quedarás sin hermanos”. Cristo eligió para discípulos suyos a hermanos con defectos. Por ello en la Iglesia de Cristo nos encontramos millones de hombres y mujeres de todas las clases, culturas, nacionalidades. Mientras haya la humanidad nos encontraremos con personas de diferentes formas de ser. El ser humano es esencialmente defectuoso, en cuanto está incompleto, inacabado. Toda persona está en camino hacia la perfección o plenitud.

Las tres lecturas tienen una unidad muy grande en las cuales se nos pide amar a nuestros hermanos. Todos somos hermanos en Cristo e hijos del mismo Padre Dios. Jesús da a sus discípulos una serie de criterios cómo practicar la comprensión con los hermanos, especialmente como ejercitar la corrección fraterna que es un acto de amor bien difícil.

Igualmente en el Antiguo Testamento, el profeta Ezequiel, escribe en medio de las turbulencias de la ciudad en vísperas de ser sitiada Jerusalén. Es duro ser centinela en semejantes condiciones. Es muy duro recordar el cumplimiento de la ley de Dios a un pueblo reacio. Las perspectivas de ser escuchado eran escasísimas. Para que el profeta no se desanime en su misión, se le recuerda el deber de corregir al hermano, no es la misión lograr el éxito, si no anunciar el peligro, advertir los errores, señalar los caminos correctos.

Un profeta no sólo anuncia cosas de parte de Dios, también tiene que denunciar y reprender a las personas o a todo el pueblo haciéndoles ver las consecuencias nefastas que pueden tener su conducta de pecado. Si no lo hace así y se calla en el momento en que debería dar la alarma, de alguna manera se hace responsable del mal que hace esa persona o ese pueblo y Dios le pedirá cuentas: “si no hablas al malvado te pediré cuentas de su sangre”. Dios quiere la salvación de todos por eso pide al profeta que hable a su tiempo.

Uno de los aspectos de la vida cristiana más descuidado es la corrección fraterna, la cual cuando se la ejercita bien es un gran acto de candad, se nos insta por boca de Jesús a llevar a cabo la corrección fraterna. Es un mensaje directo y cuestionante. También vemos esta misma necesidad en el profeta Ezequiel. Por consiguiente, la corrección fraterna es parte tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Es la forma de la pedagogía amorosa de Dios.

Amar al prójimo es el tema que Pablo toca en la segunda lectura de este domingo en Romanos 13,8-10.Para Pablo, el amor resume toda la ley y todos los mandamientos: “el que ama, ha cumplido el resto de la ley”. Es un eco de la enseñanza de Jesús que también afirma que el principal mandamiento es el amor.

Amar al prójimo no es siempre sinónimo de callar o dejarle que siga por malos caminos, si es que en conciencia estamos seguros de que es culpable de lo que viene haciendo. Amar al prójimo no es sólo acogerlo o ayudarle en sus necesidades o tolerar sus errores o pecados. Es también decirle una palabra de amonestación y corrección para que no se pierda. Corregir al que yerra es una obra de misericordia. Si peca tu hermano, no le dejes sólo, ayúdale corrigiéndole con misericordia.

San Francisco de Asís encargó a los frailes que nadie se turbara por el pecado del hermano, ni se desaliente ni se crea defraudado. Más bien hay que dedicarse a buscar la forma de sacarlo de su pecado. Con esto no se niega la responsabilidad de cada persona. El profeta Ezequiel nos dice: “si no cambia de conducta, el morirá por su culpa”. Cada cristiano debe asumir su responsabilidad como nos enseña Jesús en el evangelio de hoy. Un centinela tiene que avisar, cada uno debe ser guardián de su hermano. SI eres cristiano, ¿cumples con la obligación de la corrección fraterna?

Sucre, 7 de septiembre de 2014

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre