Cochabamba

Arquidiócesis de Cochabamba atiende dos casos de exorcismo cada mes

“El humo de satanás ha penetrado en la Iglesia”. Citando esta frase pronunciada por el papa Pablo VI en una homilía, el representante del ministerio de exorcismo de la Iglesia católica de Cochabamba, Armando Cejas, indicó que la práctica de este tipo de rituales es una realidad en el departamento.

Es más, Cejas advirtió que de un tiempo a esta parte, los casos de posesión demoníaca incrementaron en el ámbito nacional y local. 

Solo en los últimos dos meses, desde que asumió su cargo (que antes era ocupado por el actual vicario judicial de la Iglesia católica, Miguel Manzanera) se reportaron entre cuatro y cinco casos en el departamento. La mayoría de las víctimas es mujer. 

Una prueba de esta supuesta preferencia que el demonio tiene por el género femenino es un caso que estremeció hace casi tres años al departamento. Adelaida, una joven cochabambina, asesinó a su hermana menor bajo una supuesta influencia demoníaca.

Adelaida, integrante de una Iglesia evangélica, estaba convencida de que su hermana menor, Olga, tenía un ente maligno dentro, así que decidió liberarla.

Pensó que tras bautizar a Olga se expulsaría al demonio. Entonces, en compañía de otros miembros de su Iglesia, Adelaida llenó un turril de agua y sumergió a su hermana.

No obstante, en cuestión de segundos, Adelaida asumió una conducta belicosa, su fin, según contaron los testigos, era ver salir del recipiente a su hermana muerta. Y así fue.

“Satanás entró en mí, no era yo”, justificó Adelaida. Sus padres, también integrantes de esta Iglesia, irónicamente creyeron en su palabra “porque el diablo existe”.

Respecto a este hecho, Manzanera indicó que las personas que realizan crímenes tan despiadados, efectivamente están influenciadas por un ente maligno.

ASESINAN A SANGRE FRÍA

“Se oían gritos espantosos y el diablo comenzaba a hablar. En esta situación el exorcista no tiene que perder la valentía y tratar de dominarlo”, rememoró Manzanera sobre un exorcismo reciente que realizó en Cochabamba. De esta manera dejó en claro que tratar a una persona poseída no es sencillo.

Por eso es importante que el exorcista no charle con el ente maligno sino que le dé órdenes.

Cuando el diablo que está dentro de alguien no se siente dominado, puede descontrolarse y asesinar despiadadamente.

Así pasó con Bruno Yapura, un hombre de 31 años, de creencia cristiana-bautista, quien murió apuñalado por un joven que jugó a la güija, Benjamín Revollo.

Por curiosidad, Benjamín, un joven cruceño de 23 años, jugó a la güija, sin imaginar que con su invocación desataría a entes sumamente peligrosos y capaces de adueñarse de su cuerpo y alma.

Y así sucedió, Benjamín sintió al demonio en su interior, eso lo desesperó y acudió a la casa de Bruno Yapura para que le hiciera una limpieza.

Bruno, sin pensarlo dos veces, ayudó a Benjamín, pero en el momento de echarle agua bendita al poseso, éste se enfureció, corrió a la cocina, agarró un cuchillo y amenazó con suicidarse.

Su exorcista intentó detenerlo, pero dominado por el ente maligno que llevaba dentro, Benjamín clavó el cuchillo a la altura de los pulmones a Bruno. En total le dio cinco puñaladas letales que acabaron con su vida.

Lo sorprendente de este exorcismo que se realizó en la casa de Bruno es que ni sus familiares pudieron detener al poseído.

El crimen sucedió el pasado 12 de agosto en Santa Cruz.

SESIONES EN LA LLAJTA

Los cochabambinos influenciados por el diablo se contactan con el ministerio de exorcismo por medio de los religiosos de sus comunidades.

Según Cejas, es prioridad de los párrocos atender a los poseídos, sin embargo, cuando la situación amerita un tratamiento especial pueden derivar a la víctima al ministerio. 

En caso de que el poseso requiera de un exorcismo, las sesiones se realizan en la capilla del Arzobispado de Cochabamba y no cuestan nada. Aunque, según Manzanera, hay oportunidades en las que los familiares de los poseídos quieren pagar voluntariamente, esto es aceptado, más los exorcistas no consideran al ritual como una forma de enriquecimiento económico. 

“Esto nos diferencia de aquellas personas que cobran. Nosotros lo hacemos por amor a Dios”, añadió Cejas.

POR: DAYANA FLORES