Sucre

A los Cuarenta días

Este domingo 2 la Iglesia celebra la Presentación de Nuestro Señor; o como mejor es conocido en nuesta población, la Fiesta de la Candelaria. A proposito de esta celebración Mons. Jesús Perez Rodríguez, presenta esta breve reflexión

 El dos de febrero celebra gozosa la Iglesia Católica, la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén, cumpliendo con lo prescrito por la ley de Moisés que señala que a los cuarenta días de nacido un niño fuera presentado en el templo. En no pocas partes, existe aún la costumbre de llevar, los niños para presentarlos ante Jesús, luz del mundo y ante María, su Madre, que es también madre nuestra aunque espiritualmente.
Esta fiesta como litúrgicamente se presenta es fiesta de Jesús, el Señor: “la Presentación de Jesús, el Señor”. Pero, popularmente resalta para muchos como una fiesta de María, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria. Bajo la advocación de Candelaria está en el Santuario nacional dedicado a Ella. También el 5 de agosto se celebra, en Copacabana, la segunda fiesta en honor de la Virgen del lago, como no pocos cariñosamente le llaman.
Los textos del evangelio de la fiesta de hoy están tomados de Lucas 2,22-39. Simeón y Ana personifican la espera del pueblo de Israel que se cumple con el Nacimiento de Jesús, el Señor. La presencia de Cristo en el templo, presentación y ofrecimiento iban juntos, por así decir, una nueva liturgia, un nuevo culto. El de la obediencia, el de la fidelidad a toda prueba, el de la fe pura, como sólo Dios, hecho hombre, María y José tenían. Percatémonos bien, María lleva a Jesús, ella es el arca de la nueva alianza. Jesús es ofrecido por María, la madre del Niño, la corredentora, en Cristo Jesús, el único Redentor.
En el evangelio de Lucas, los primeros capítulos, Jesús aparece anunciado como luz de las naciones, el que salva a su pueblo de los pecados; también aparece Jesús como signo de división y contradicción, será piedra de escándalo para muchos. A la Santísima Virgen María se le anuncia el dolor por el que ha de pasar, pues como una espada atravesará su alma. Esto fue realidad en varios momentos de María, especialmente en la muerte de Jesús.
El Espíritu Santo prometió al anciano Simeón que no moriría sin ver al Salvador del pueblo de Israel y también de todo el mundo. Cuando María con el Niño en los brazos y acompañados por su esposo San José se presentan en el templo, el Espíritu le comunicó que el Niño que llevaba aquella mujer era el redentor de la humanidad. El anciano Simeón tuvo el privilegio singular de tener al Niño en sus brazos. Simeón levantó el Niño en alto y una voz fuerte dio proféticamente una buena noticia: “Este niño será luz de todas las naciones”.
Así ha sido, pues son más de mil cien millones de cristianos católicos de diversas dominaciones. Jesús sigue siendo luz, iluminador de miles de millones de cristianos y no cristianos. Las enseñanzas de Jesús son seguidas mucho más que las de grandes filósofos o las de cualquier líder religioso de la historia de la humanidad.
La mala noticia que se dio en la ofrenda más importante que haya habido en el mundo en el templo de Jerusalén, está también en las palabras de Simeón cuando dijo: “María este niño hará que muchos caigan o se levanten en Israel. Será signo de contradicción y a ti una espada te atravesará el corazón, así quedaría descubiertas las intenciones de muchos (Lc 2,33-35). Entonces, como ahora sucede igual, los partidarios o seguidores de Cristo vivimos aclamando a Cristo, como el único Salvador y los no pocos enemigos siguen atacando a Cristo. Desde el principio de la Iglesia, ha habido los que luchan por el bien y la justicia, la verdad y la transparencia y también los que matan, persiguen y calumnian a los cristianos “creyendo hacer algo bueno”.
Al finalizar el capítulo 2 de Lucas se nos dice: “Su madre conservaba cuidadosamente todos estos recuerdos en su corazón” María rumiaba en su corazón todos los hechos de la vida de Jesús. María es la luz en su vida y el seguimiento de las enseñanzas de su Hijo, Jesús, ‘luz del mundo’. Por eso, María nos anima con su entrega al plan de salvación de Dios. María nos atrae su figura, Ella es el prototipo de todo cristiano, de la Iglesia y María nos renueva día a día con su mensaje. María no quita nada a Cristo, menos aún a cada discípulo de Jesús sino que nos enriquece, nos enaltece y nos libera. María sigue, como en esta fiesta de hoy señalándonos a todos que es necesario esperar al plan de Dios. María nos ofrece su mediación para comprometernos a los designios de Dios.

Mons. Jesús Pérez Rodríguez, OFM.
ARZOBISPO EMÉRITO DE SUCRE