Análisis

Víctor Codina, S.J. : Punto focal de la fase diocesana del Sínodo

He leído con mucho interés las Síntesis de la Fase diocesana del Sínodo sobre la sinodalidad (2021-2023) de la diócesis de Barcelona (7.000 participantes) y de las 70 diócesis de “la Iglesia que peregrina en España”(215.00 participantes). Más allá de las diferentes formas de presentación, hay una convergencia fundamental en su contenido.

Al comienzo deseaba hacer un resumen de todo lo principal de estas síntesis, pero me he visto desbordado por la cantidad de temas, con riesgo de dispersión y de no dar relieve a las cuestiones más importantes. Por esto he optado por otra metodología, preguntar cuál es el punto focal, la principal clave de estas síntesis.

1. Lo primero que llama la atención es la alegría y esperanza que experimentan todos los grupos en el proceso sinoda: haber sido convocados para dar su opinión sobre los problemas de la Iglesia, gozo en el Espíritu de sentirse comunidad en oración, escucha y diálogo,  poder compartir inquietudes, deseos y dificultades, la libertad de expresarse, la experiencia de comunión y misión, el clima de oración y discernimiento vivido, sentir que el Espíritu es el animador de todo el proceso del caminar todos juntos, compartir la misión, formar una Iglesia al estilo sinodal.

2. Pero esta alegría es el contrapunto de la dolorosa constatación del clericalismo patriarcal de la Iglesia exceso de protagonismo de los sacerdotes y defecto de responsabilidad laical, marginación del laicado, sobre todo de las mujeres, también de la vida religiosa. La Iglesia queda dividida en dos sectoresel clero que ha recibido el sacramento del orden y el resto que solo tiene el bautismo, los de arriba que enseñan, celebran y mandan, la elite, y el resto que obedece, escucha y calla. Todos los grupos reconocen la necesidad de tener buenos pastores en la Iglesia, pero lamentan que muchas veces se vean envueltos en un sistema jerárquico clerical, basado más en el poder que en el servicio y esto genera pasividad en el laicado. Los abusos sexuales de ministros de la Iglesia, son un abuso del poder sagrado sobre pequeños e indefensos. Hay que superar el clericalismo como inercia del pasado.

Esto explica que muchos hayan criticado una Iglesia triste y no adaptada a nuestro tiempo y hayan sentido escepticismo y desilusión ante el sínodo por experiencias negativas del pasado y temer que su voz finalmente no sea escuchada.

3. De todo ello se desprende que el punto focal del sínodo, su clave de lectura es la sinodalidad como respuesta y remedio frente el clericalismo dominante. El sínodo, la Iglesia en camino, es partir del Pueblo de Dios, que nace del bautismo, donde todos poseen el don del Espíritu. La Iglesia sinodal es una pirámide invertida, donde todos hablan y escuchan, todos enseñan y aprenden, todos tienen voz. Esta Iglesia sinodal es, según el Papa, lo que el Señor desea de la Iglesia para este tercer milenio.

Pero esto exige una conversión personal y eclesial, tanto de pastores como de fieles y no es extraño que algunos sectores del clero hayan sido reacios al sínodo y a la sinodalidad.

4. Aunque el proceso sinodal no se reduce a  propuestas concretas (que es lo que esperan los medios de comunicación más sensacionalistas), sino que su fruto mayor es el mismo proceso sinodal,  desde la clave sinodalidad se comprenden mejor las propuestas concretas que los grupos han pedido, que son propuestas en contra del clericalismo.

Se pide la supresión del  clericalismo, la corresponsabilidad del laicado y sobre todo de la mujer, repensar el papel de la mujer en la Iglesia, con la posibilidad abierta a los ministerios ordenados; fomentar ministerios laicales; que el celibato sea opcional para los que se preparan al presbiterado; se pide que la vida religiosa sea apreciada como carisma profético de la Iglesia que se acerca a las periferias; todo el Pueblo de Dios ha de participar de alguna manera en la nominación de sus pastores; la liturgia requiere una profunda renovación para una mayor participación activa de todos los bautizados.

Nuestra Iglesia ha de acercarse más a las demás Iglesias, religiones y culturas, mostrar la ternura de Dios, dialogar con la sociedad, estar abierta a las periferias, sin excluir a nadie por razones de configuración sexual, acoger a divorciados, escuchar la voz de los jóvenes, pobres, mayores, migrantes, marginados y descartados, formar una Iglesia en salida, en camino con todos hacia el Reino de Dios.

Conclusión

El concilio Vaticano II quiso pasar de una Iglesia clerical a una Iglesia Pueblo de Dios y de una Iglesia triunfalista a una Iglesia en camino y de los pobres.

Estos deseos del Vaticano II, que responden al evangelio de Jesús y a la Iglesia primitiva, últimamente quedaron un tanto frenados. Francisco ha retomado el impulso reformador del Vaticano II y lanzado de nuevo la propuesta de pasar de una Iglesia clerical, verdadera lepra de la Iglesia, a una Iglesia sinodal.

Las Síntesis de las fases diocesanas de Barcelona y de toda España son frutos primerizos de un proceso sinodal que sin duda sintonizarán con lo que está acaeciendo en las demás Iglesias locales y con los eventos y sueños del Sínodo de la Amazonía, de la Asamblea Eclesial Amazónica y de la Asamblea Eclesial Latinoamericana y del Caribe. El Espíritu del Señor sigue moviendo la Iglesia y el mundo, desde abajo, hacia el Reino de Dios.

Víctor Codina, S.J.