Internacional

Un saludo y un aliento en el Día de la Vida Consagrada

El 8 de septiembre, Día de la Vida Consagrada, que se celebra en coincidencia con la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, la hermana Angélica Ayala, religiosa de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad –Obra de Don Orione- y presidenta de la Junta de Religiosas y Religiosos de Mendoza, envió una carta a los consagrados alentándolos a vivir siempre con espíritu de humildad y de caridad, con alegría, audacia y gratitud.

La religiosa recordó que la vida consagrada “es como un fuego con dos llamas”, que arde “por amor a Dios y por amor a los hermanos”, y que se desprende todo para que Jesús sea el centro que llena el corazón y la vida.

“Nuestra experiencia de consagrados es la experiencia vital del amor incondicional y total a Dios, que crece por lo que vamos demostrando ser signos en el lugar, en la misión concreta y ahí donde nos encontremos: profetas del tiempo que nos toca vivir, luz de Cristo donde las tinieblas son más visibles y donde las esperanzas desaparecen”, afirmó la hermana orionita.

La hermana Ayala invitó ser “un llamado de sorpresa, de atención, de desafío y audacia para nuestra sociedad en busca de justicia, verdad, fraternidad y misericordia, con la alegría profética, al estilo nuevo de Jesús, del que aprendemos día a día sus gestos, sus palabras y signos que confirman nuestra misión”.

“A lo largo de nuestra experiencia de encuentro gozoso con Jesús –señaló-, todo se ilumina: la vida de oración y contemplación, la [c]lectio divina[c], la expresión de nuestros votos, la vida fraterna, profética, misionera y eclesial, con ese acento especial: el amor a los pobres”.

“Vamos aprehendiendo cada vez más que nuestra mirada es profundamente escatológica, encarnando aquí en la tierra los valores del Reino, por lo tanto, nuestra entrega va siendo testimonio de la fuerza humanizante del Evangelio”, agregó.

“Queremos vivir por siempre nuestra consagración con espíritu de humildad y caridad, con alegría, audacia y gratitud, que nos lleva a entregar la vida por Jesús como lo hizo María, nuestro modelo de vida consagrada gozoso y pleno”, concluyó la religiosa.+