Análisis

Tus heridas… ¡las que te acompañan!

A ti, joven campesino.

El próximo día domingo llegarás ya a tu otro hogar. El internado te abrirá sus puertas de par en par y comenzará la aventura de la Gestión 2012. Todo está preparado: acomodadas las habitaciones con las literas y roperos, relucientes los baños, dispuestas convenientemente las aulas del Colegio. Y los talleres del Área de Alternativa, que no han dejado de funcionar durante las vacaciones estivales, equipados con lo necesario para recibir a sus curiosos aprendices.

Si eres un morador veterano del Centro, ya estarás acostumbrado a las novedades que broten en los primeros días de clase y trabajo. Si eres una carita nueva, te pido que tengas paciencia y buen humor para ir conociendo ambientes, compañeros, profesores… Los responsables del internado están a tu disposición para aclararte dudas y ayudarte en esos inevitables reveses que irán apareciendo.

No te faltarán sorpresas. Ésas que motivan la convivencia. No te asustes. No te sientas solo. Cada pequeña o gran dificultad se erige en trampolín que te ayuda a crecer. Sin algún que otro contratiempo la vida se apoltrona y pierde la fuerza necesaria para afrontar los duros retos que necesariamente van a surgir.

Permíteme una confesión. Los educadores, tus educadores, no tenemos miedo a los conflictos que se vienen. Más bien, nos interrogan las heridas que te acompañan. Las que hoy viajan contigo sin soltarse de tu mano.

Cuando en los próximos días te conozcamos, tendremos la oportunidad de dialogar, de interesarnos con profundo respeto por tus circunstancias, de hacerte una y mil preguntas. Sabremos aspectos de tu realidad familiar. Nos descubrirás tus gustos y preferencias. Tus ilusiones y pequeños proyectos. Te animarás a narrar la enfermedad que padeciste o el incipiente fracaso que ya marca tu existencia. Y el recuerdo por el papá, la mamá o el amigo que un día se marchó, hará brotar la tímida lágrima que te hace tan humano.

No nos moverá la insana curiosidad. No. Ganaremos tu confianza con delicadeza y buen tino. Y si quieres abrirnos tu alma a la confidencia, descubriremos el mal que te hace daño para, en equipo, buscar las mejores soluciones que lo alivien.

Tus heridas, las que quizá no haces conscientes, nacieron un día en tu corazón por intrincadas experiencias que, seguro, escapan a la comprensión y voluntad de los tuyos. No se trata de buscar culpables aquí o allá. Lamentamos, eso sí, los abusos y violaciones que un día malograron tu inocencia. Triste destino tendrán sus responsables. Amargo futuro se gana quien mancilla la simple y pura ingenuidad.

Fueron los primeros años de tu periplo infantil los que marcaron más profundamente muchas de las actitudes que hoy nos muestras. Fueron nuestros primeros aconteceres los responsables de tanto descalabro, inseguridad, complejos, pesimismos y hasta trastornos físicos que nos acompañan. Nuestras heridas.

A tu lado queremos sanar. Sanarte y sanarnos. Porque tu vida es un espejo para la nuestra. Descubrir tus limitaciones, tus incoherencias, tus infortunios, es descubrir los nuestros. Reconocer en tu pequeñez nuestra frágil humanidad.

No vamos a permitir que las heridas ahoguen la alegría. Trastoquen la esperanza. No vamos a permitir que nos deserticen. En esta nueva Gestión trabajaremos junto a ti la autoestima y procuraremos unas relaciones saludables. Pondremos a prueba nuestra capacidad de perdón y nadie nos ganará en generosidad. Y nunca, nunca, cederemos al chantaje del desaliento, la improvisación o el abandono.

Lo más importante: contaremos con Papá Dios. Le pediremos que nos sane. Que nos salve. Él será la mejor estrategia para reafirmar nuestras posibilidades sanadoras. Su gracia nos regenera. Su Amor nos conduce a la Vida en plenitud.

El próximo día domingo llegaremos ya a nuestro otro hogar. El internado. Llevaremos nuestras heridas… ¡las que nos acompañan! Comenzará así la aventura de esta nueva Gestión.