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Honduras: dolor del Papa por el incendio en la cárcel de Comayagua

(Honduras) En una nota que envió este jueves la secretaría de Estado al obispo de Comayagua, Mons. Roberto Camilleri, y a su diócesis tras conocerse “la dolorosa noticia del grave incendio ocurrido en la granja penal de Comayagua que provocó casi 400 víctimas,” el Papa hondamente apenado eleva fervientes sufragios al Todopoderoso por el eterno descanso de los difuntos. En la nota el Santo Padre pide al prelado que “transmita el sentido pésame del Papa a los familiares de los fallecidos, junto con las expresiones de su cercanía espiritual, y el vivo deseo de un pronto y total restablecimiento de los heridos en el lamentable percance. El mensaje de pésame del Papa concluye invocando la amorosa protección de Nuestra Señora de Suyapa, como signo de consuelo y esperanza en estos momentos de tristeza. (PY – RV)

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A la desgarradora tragedia en la cárcel hondureña está dedicado el editorial de nuestro director Padre Federico Lombardi. (ER – RV)

TEXTO EDITORIAL DE PADRE FEDERICO LOMBARDI

Incendio en la cárcel
Esta semana hay una noticia que desafía hasta el fondo nuestra capacidad de compasión: el incendio en la cárcel de Comayagua en Honduras, donde centenares de detenidos –más de 300 sin contar los heridos- encontraron la muerte asfixiados y carbonizados, atrapados en sus celdas. Terrible. Desgarrador. Un dolor al corazón. Más de un tercio de los prisioneros de una cárcel sobrepoblada hasta lo inverosímil –como muchas veces sucede sobre todo en los países más pobres, pero no solo eso. Y no es la primera vez. Tragedias iguales las recordamos bien en los últimos años. No son raras. Una vez más en Honduras más de cien muertos en San Pedro Sula en el 2004. Y luego en Chile, Argelia, República Dominicana, Brasil, Arabia Saudita, Marruecos, El Salvador, Túnez, Argentina, México. Si hay un incendio en una cárcel, casi siempre hay una masacre.


Atención. El hecho de que algunas personas hayan cometido un error no las priva de toda dignidad, no justifica que sean embrutecidas en un clima de violencia que no solo las degrada a ellas sino que muchas veces también a quien se debe ocupar y hace prácticamente imposible cualquier recuperación en la vida social.


El documento del Sínodo africano publicado por el Papa en Benín evoca la condición terrible de los encarcelados en África, pero las visita de los Papas en las cárceles romanas, hasta aquella de dos meses atrás a Rebibbia, siempre han ampliado la mirada sobre las condiciones y sobre los graves problemas de los encarcelados en todo el mundo, recordando cómo el propio estado es de hecho una medida impresionante del nivel de civilización de los diversos países. No por nada el Evangelio nos recuerda sin medias palabras que también este será uno de los criterios del juicio de Dios sobre nosotros: “Porque estuve preso y me vinieron a ver – porque estaba preso, y NO me visitaro