Análisis

TOMANDO EL PULSO A LA FE

De la fe nacen los credos y compromisos personales.  Fe es sinónimo del “creer” y  conlleva un valor añadido y significado  esencial y sensible en la persona.

La trasmisión de la fe encuentra varios caminos: por  tradición o costumbres, la  religión, educación,  cultura o creencias arraigadas en el núcleo familiar o entorno social.

Ante esta realidad  y  los  nuevos contextos mundiales el Papa Benedicto XVI  convoca  a “un año de la Fe” que iniciará el 11 de octubre y terminará el 24 de noviembre del 2013. 

Es una iniciativa que anima a confirmar, comprender, profundizar y testimoniar los contenidos esenciales de la  fe cristiana y  se dirige  de manera especial a los católicos pero  sin cerrar las puertas  a todas aquellas personas  que continúan en  la búsqueda de fundamentar su fe.
Latinoamérica en especial  resalta por sus expresiones de fe, es semillero de una piedad popular que en diversos sectores sociales y de diversas formas exterioriza  su fe.  Bolivia también destaca en la devoción popular  en fiestas patronales, novenas, procesiones, danzas, promesas, peregrinaciones, solo por citar algunas; son manifestaciones públicas de fe, pero:  ¿es esto lo esencial de la fe? 

En su carta “Porta Fidei” que convoca al año de la Fe,  se convoca a vivir este  tiempo con particular énfasis en reflexionar y girar la atención a la esencial de la fe que se tiene, en lo verdaderamente esencial.

El año de la Fe será un tiempo propicio para descubrir esto, introducirse a un espacio de reflexión y redescubrimiento de las raíces de la fe que en esencia es la experiencia, la conversión continua y un camino para el encuentro personal con Dios y la ejecución en la vida personal y comunitaria de los valores consecuentes fruto de esta experiencia.

La fe no es un hecho privado, la fe es un acto de  libertad  y  exige también la responsabilidad social de lo que se cree.
Benedicto XVI  alerta sobre una profunda crisis de fe que  afecta a muchas personas especialmente a los cristianos que están perdiendo su propia identidad y olvidan aquello que es fundamental en la vida: creer.

Advierte que con frecuencia existe preocupación por las consecuencias sociales, culturales y políticas  al mismo tiempo que se considera  la fe como un presupuesto obvio de la vida común que incluso con frecuencia es negada.

Este tiempo sugerido convoca a renovar  la fe y fortalecer el testimonio de manera más incisiva en cada esfera de la vida personal y social con un verdadero rostro  de fe cristiana que no se limite solo a expresiones esporádicas y coyunturales sino un verdadero compromiso en lo que se cree.

“Porta fidei”  dice que la “puerta de la fe está siempre abierta”. Nadie está excluido  de la llamada a reflexionar sobre el sentido de la vida y los grandes cuestionamientos de nuestra realidad de comunidad y país que por momentos se inunda en conflictos, crisis, no entendimiento que hace incierto el futuro.

También la fe hoy está sujeta a cuestiones por el cambio de mentalidad, nuevas ofertas y mensajes que el mundo globalizado trae en especial a los jóvenes.

El año de la Fe es una invitación a recuperar la confianza en lo que se cree, dejar de ser perezoso en la fe y tomarle el pulso. La realidad hoy, necesita de testimonios creíbles, compromiso y fidelidad en lo que se cree.

La iglesia entonces se prepara a vivir este momento especial,  redescubrir la alegría de creer  y comunicar la fe con firmeza y convicción.