Análisis

“¡También yo soy un hombre!”

Uno de los mensajes claros que nos está dando el papa Benedicto XVI con su próxima renuncia el 28 de febrero, es aquella frase ya pronunciada por el primer papa, Pedro, que no permitiendo que se arrodillaran delante de él, dijo: “levántate: ¡también yo soy un hombre!, en hechos 10,26. A lo largo de la historia no es el primer caso, y seguramente no será el último, pero claro, después de 700 años, ya se había olvidado esta posibilidad, en el 1293 Celestino V después de solo cinco meses de pontífice, El, que había estado años retirado del “mundo”, como eremita, se dio cuenta que este ministerio papal no era para él, así que con toda sencillez y sobre todo con mucha humildad, renunció por sentirse incapaz. Y ahora es San Celestino.

Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, Sucesor de San Pedro, Santo Padre, son títulos que a lo largo de la historia y sobre todo en el imaginario colectivo hacen del papa un personaje casi irreal, y sobre todo pesan sobre sus espaldas el cargar con toda esta nomenclatura. Lo que me gusto en este día que anunció su renuncia, es que precisamente que él está renunciando a ser el obispo de Roma, simplemente eso, él mismo se da cuenta que ese es su servicio primordial, y, claro está, ahí radica su primacía en la Iglesia, el primero entre los hermanos pastores.

Personalmente encuentro ese anuncio, un hecho profético, nos esta recordando precisamente las palabras de Pedro: solo soy un hombre, que sufre, que se desgasta, que no tiene ya fuerzas para cargar tamaña cruz, muchos dirán, pero Juan Pablo II estaba más enfermo y anciano, pero quizá lo que muchos no saben, que el mismo papa Juan Pablo II, pensó en dicha posibilidad, de hecho es muy válida y está contemplada en el Derecho Canónico, pero todo el aparato burocrático curial del Vaticano se lo impidió de muchas maneras.

Hace apenas diez días que había estado en una celebración con el papa Benedicto XVI, con motivo del día de la Vida Religiosa (2 de febrero) y yo mismo había comentado en otro artículo, que había visto a un papa, cansado, agotado, y queramos o no, ese es un mensaje que damos como Iglesia católica, una iglesia cansada, que no logra rejuvenecer. Quién sabe si, precisamente como fruto del pasado sínodo sobre la Nueva Evangelización, donde seguramente se hablo de los nuevos lenguajes, el papa comprendió que se requería para dicha nueva evangelización otro que ocupara la silla de Pedro más vigorosamente.

Somos Iglesia Católica, fundada por Jesucristo, dirigida por hombre y mujeres de carne y hueso, con debilidades y fortalezas, así que recemos por el futuro papa que hará cabeza, al mismo tiempo pidamos por Benedicto XVI, por este gesto valiente y meritorio, por su retiro a la oración, ¿que mejor manera de entregar sus fuerzas a Dios y a la Iglesia?