Análisis

Sergio Montes: “Nadie se salva solo”

Por Sergio Montes Rondón: 

Agradezco a Página Siete este espacio de opinión y aspiro a que sea beneficioso para quienes lo lean.

De inicio, desearía dejar por sentado tres elementos que deseo acompañen la lectura de ésta y las próximas columnas. Primero, lo dicho aquí expresa una visión, y sólo una, de las realidades abordadas, de ninguna manera puede considerarse una exposición unívoca y enciclopédica porque, segundo, vivimos en un mundo altamente complejo, que ni puede ser aprehendido en su amplitud, ni puede ser absorbido en reduccionismos simplistas. Y, en tercer lugar, las opiniones expuestas estarán sujetas a cambios desde una sana crítica y autocrítica. Así, el sentido que da nombre a este espacio: Humus, está asociado desde su raíz con Humildad y, que como decía Santa Teresa de Ávila: “Humildad es andar en verdad”.

En la encíclica Laudato Si (LS,2) del Papa Francisco se recordaba algo que la tradición yahvista del libro del Génesis (2,7) ya planteaba miles de años atrás y parece que con facilidad olvidamos: somos humus, hemos sido formados desde ese humus del que surge la vida y compartimos con la tierra un destino común.

Ese humus del que somos parte nos habla también de la intrínseca interconexión e interrelación entre la humanidad misma, abierta a la solidaridad.

Creo que la pandemia nos ofrece la oportunidad de conectar nuevamente con nuestra raíces, con aspectos fundamentales de la vida y con un sentido de humanidad que lleva a ver la íntima interrelación entre unos y otros para que nos cuidemos, nos sanemos y nos salvemos. El destino de la humanidad no depende de la suerte de unos cuantos, sino de darnos cuenta que nadie se salva solo.

Hace unos días, la agencia France Press informaba que se aplicaron 82,6 millones de dosis de vacunas en el mundo (hasta el 28 de enero), de las cuales 2,4 millones corresponden a Latinoamérica (y sólo en Brasil, México, Chile, Costa Rica, Argentina y Panamá), lo que representa que menos del 3% han llegado a la región.

Nos encontramos en una fase inicial de vacunación, ya que hace no más de dos meses se dieron autorizaciones para su aplicación en algunos países. Pero lo que se debe evitar a toda costa es que su acceso sea un privilegio para quienes tienen y pueden, pues eso traicionaría el sentido de solidaridad humana antes indicado.

En el país y el mundo hay desigualdades estructurales que sostenemos por siglos, la pandemia debería ser una suerte de bofetada en el rostro de una humanidad ciega, codiciosa, egoísta, ensimismada, para que reaccione y aprenda que sólo la solidaridad hace posible la vida.

Los lazos de solidaridad para cuidar la vida deben poder expresarse en el acceso a soluciones eficaces para el cuidado integral de la salud de la población y eso implica no convertir los bienes e insumos para ese cuidado en un negocio inhumano.

El poder político y económico debe repensarse radicalmente, para que sirvan. Las actuales condiciones de acceso y calidad del sistema de salud pública en Bolivia y muchos países son resultado del auténtico desinterés por la vida humana y el febril interés por beneficios particulares.

En el país somos testigos de la subida de precios en los medicamentos, los altos costos de la terapia intensiva, la carencia de insumos y hasta bloqueos que impidieron la llegada oportuna de oxígeno para salvar vidas.

Como sociedad hemos de reforzar lazos de solidaridad, especialmente con el eslabón más débil y romper cadenas egoístas que aspiran a salvarse solitarias, cuando lo que le pase al otro me afecta y depende de mí.

Sergio Montes Rondón  es sacerdote  jesuita, teólogo y director de la ANF.

Fuente: Página Siete