Análisis

Santiago Monast: Misionero entre los aimaras.

Había llegado un 23 de noviembre de 1954, después de una travesía por todas las incomodidades existentes en el tiempo. Solo tenía 28 años, el había nacido el 2 de enero de 1926, en Quebec-Canadá- Al llegar a su primera misión todo le era extraño, inclusive la misma religiosidad católica desarrollada hasta ese momento. No lo entendía, eran bautizados y no conocían a Cristo. Pero con el pasar del tiempo tuvo que adaptarse para comprender.

Como todo misionero tuvo un proceso de inmersión y dar pasos al costado, en todas sus concepciones, su teología y su misma vida, para ser una persona abierta y que vive el Evangelio, para que los indígenas vean y crean. Así que poco a poco se fue metiendo en las familias, comunidades y pueblos, a través de su propio transporte, sus pies. Viajaba horas y días, comunidad por comunidad. Era un verdadero misionero, que dejaba todo para compartir con la comunidad.

Dejad que los niños vengan a mí.

Muchos que los conocimos sabíamos de su amor por los niños. Se conocía el nombre de todos. Según él dijo que su experiencia misionera se hizo más llevadera gracias a su amistad y cariño a los niños, porque ellos le abrieron las puertas de las familias. Fueron los niños que le invitaban a comer en sus casas. Fueron ellos los que le acompañaban por las calles. Pero poco a poco estos se convirtieron en personas adultas y hoy son catequistas y profesionales que conocieron a Jesús en sus vidas.

Por eso en sus primeros años le motivaron fundar una escuela en Turco, le llamo escuela Canadá. Que hasta el momento sigue produciendo conocimientos y acompañando a los niños y niñas de turco.

Su amor a la Biblia y a los pobres.

Al término de 55 años en Bolivia podemos reconocerle a P. Santiago Monast como experto en Biblia, vivió su soledad acompañado de esa sed y hambre de Dios muy motivado por conocer y profundizar el Antiguo y Nuevo Testamento. Producto de sus investigaciones y estudios permanentes logró tener muchos amigos y algunos de ellos pastores evangélicos, con los que en apasionantes coloquios trataban de entender los enigmas, parábolas y lenguajes literarios: que la Palabra de Dios nos ofrecía. El fue parte del equipo de traductores de la Biblia ecuménica editada en Bolivia.

Sus conocimientos Bíblicos, le llevaron a la coherencia evangélica. En estos años podemos conocerle por su profundo y desprendido amor por los pobres. Porque no solo vivió con los pobres, sino que compartió con ellos y pedía que quien hable en nombre de los pobres, por lo menos este cerca de ellos. Como diríamos hoy y ya

parafraseando al Papa Francisco, “hay que oler a oveja” y creo que P. Santiago no solo olía a oveja, sino a llama y a todas su realidad aimara. Su amor a los pobres no era un eslogan, sino su propio testimonio, de no solo ir a los pobres, sino ser pobre.

Su misión en confrontación cultural.

P. Santiago vivió una seria y profunda confrontación cultural, logró desencarnarse de su propia formación occidental y del Norte, como bien lo diría él, para adoptar una nueva cultura, la de los pobres y sencillos los preferidos de Dios. Se desconfiguró de sus formas y lenguaje, para adoptar aquellos propios de la cultura. La acogida, la sencillez y el estar “perderse en la compañía del otro”. Comprendió que la evangelización pasa por el encuentro, por la visita gratuita, en el cariño sencillo. Lo religioso no entraba por la palabra y la predicación, sino por la encarnación en la cultura. El testimonio propio.

Cuando dejo Turco, después de haber vivido 36 años, no podía entender otra misión. Es más no sabía hacer otro tipo de misión. Unos años compartió con los migrantes en Alto Beni, fueron pocos, pero era diferente. Luego vivió 19 años en Llallagua, hizo todos los mejores esfuerzos para encarnarse, pero le costaba porque sentía que la gente en las minas, no tenían el mismo hambre por vivir la fe. Sino que estaban como amarrados, encerrados en todas las tradiciones y costumbres religiosas que les impedían conocer a un Dios verdadero.

Pero no se aferró así mismo que logró reubicar su misión en este ambiente minero y campesino. Fueron sus programas de semanales en radio Pio XII, sus cursos bíblicos, sus juegos de ajedrez y sus visitas constantes a los barrios que le ayudaron a mantener ese espíritu de cercanía y amor a los pobres. Por otra parte, para P. Santiago, era más importante ser él mismo, el Evangelio Vivo que camina en sus calles.

Vivió pensando en Turco, en sus amigos, en sus compañeros y a la mejor oportunidad lograba visitar esa región de sus amores. Quien lo acompañaba disfrutaba todo el tiempo, porque, P. Santiago no solo conocía los nombres de los pueblos, sino que familias que vivían. Por eso su mayor sueño era morir y ser enterrado en Turco. Pero no logró, porque tuvo que partir a su tierra natal, Canadá, ya sin haberlo recordado, se fue en mayo de 2009.

Articulo particular.

Jorge Mancilla torres decía de P. Santiago, “San Monast de Curaguara”. “Santiago Monast tantas virtudes como piojos. Si no fuera sacerdotes, tal vez sería ermitaño o sabio de laboratorio. Camina solo, hablando a las piedras y el silencio, como hacen los poetas que ya están más allá de la palabra escrita. Santiago va y viene y entre polvo y la soledad de Carangas”.

Las preguntas de su vida.

A continuación les expongo algunos párrafos de su libro, son preguntas que hoy pueden aún tener resonancia. Su libro publicado en 1966 y reproducido en varios idiomas, le trajo fama y algo de fortuna en libros, pero lo más importante un

conocimiento que nos llevó a muchos a la reflexión. El libro titulaba: “El Universo Religioso de los Aymaras de Bolivia”.

La realidad concreta

“cuando y Llegue a Turco me esforcé por vivir lo más cercano a los indios y vecinos a fin de comprenderlos mejor… En Carangas la miseria humana salta a la vista, en primer lugar el sufrimiento físico, que azota al campo, miseria de una alimentación rudimentaria y a menudo deficiente. El huérfano “criadito” … los ancianos acosados por el hambre. Los enfermos abandonados… La ignorancia cobra sus víctimas. “El misionero sufre al ver que aquellos con quienes se ha solidarizado son el hazmerreir de las naciones.”

“He aquí el misionero que se solidariza con el destino espiritual del pueblo que lo ha recibió en su seno. Los sufrimientos de los pobres terminan por invadir su vida y por hacerle olvidar sus propias desgracias”.

Un pueblo aplastado en su estima

“Se a desconocido la cultura de un pueblo, se aplastado a un pueblo bajo un cumulo de obligaciones; se ha dejado de lado su progreso y se ha explotado su piedad; se le ha proporcionado un aparato cultural esplendido, fastuoso, reluciente, pero íntegramente importado y que de ninguna manera encuadraba con su cultura ni su mentalidad. “ (P.314)

“Un pueblo explotado durante mucho tiempo termina por perder orgullo. No se ama a si mismo. Ha tomado la costumbre de comportarse como un relegado, un frustrado, un extranjero en su propio país. Ante la gente de una nación “superior” se vuelve rastrero y servil”.

Religión

“El indio de Carangas se halla lejos de ser ateo. No es cristiano en su mentalidad profunda, pero no por ello es menos religioso, y con una religión que no carece de grandeza. Vive en relaciones constantes con un mundo sobrenatural, real, interesado en todas sus acciones de los hombres. El aimara imagina a Dios en carne y hueso, dirigiendo la suerte de las personas y los destinos del mundo. Su religión se expresa precisamente en un comercio vital entre el hombre y las divinidades”.(p. 13)

Hoy al recordar su partida del P. Santiago Monast, nos viene a la memoria muchas anécdotas, todas ellas ligadas a su acción misionera. El creyó en la resurrección de la carne y hoy comparte esta su fe en la Gloria de Dios.

Desde su experiencia de fe y amos nos ilumine a nuestra misión. Gracias Tata Santiago, Dos te ofrece lo que has creído.

La Paz, 21 de abril de 2013.