Santa Cruz

Roberto Flock: Corpus Christi 2018. Alianza Nueva y Eterna

corpus christi 2018

Reproducimos la homilía de Monseñor Roberto Flock, obispo de San Ignacio, en la fiesta de Corpus Christi 2018.

Queridos hermanos,

Tantum ergo sacramentum

Veneremur cernui,

Et antiquum documentum

Novo cedat ritui.

Praestet fides supplementum

Sensuum defectui.

 

Genitori genitoque

Laus et jubilatio.

Salus, honor, virtus quoque

Sit et benedictio!

Procedenti ab utroque

Compar sit laudatio!

A tan alto Sacramento

veneremos reverentes

y el antiguo testamento

al nuevo Rito ceda.

La fe añada lo que falta

al defecto de los sentidos.

Al Engendrador y al Engendrado

-el Padre y el Hijo-

Alabanza, alegría,

salud, honor, fuerza y bendición.

Y al que procede de ambos

-el Espíritu Santo-

vaya una alabanza igual.

 

Comparto este antiguo himno de alabanza a la Eucaristía, escrito por nada menos que Santo Tomás de Aquino. Este canto da cuenta del paso de la Antigua Alianza pactada en el Monte Sinaí, como nos cuenta hoy la primera lectura, a la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo, como nos cuenta el Evangelio. Celebramos hoy la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo para profundizar este misterio, y así mejor participar de la Eucaristía, y vivir más plenamente la Nueva Alianza.

Quizás es algo que no pensamos mucho, que tenemos una alianza con Dios, aunque cada vez que celebramos la Santa Misa, escuchamos las palabras de Jesús: “Sangre de la Alianza Nueva y Eterna”. Tenemos un acuerdo con nuestro Creador, el Todopoderoso, autor del universo entero. Pero, como es un acuerdo, una alianza, no estamos obligados a permanecer. Depende de nuestra voluntad. Sin embargo, Dios, de su parte, ya se comprometió por toda la eternidad.

Al pactar la Antigua Alianza con el pueblo de Israel, la gente se comprometió “a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho” y luego fue rociado, no con agua bendita, sino con sangre, que representa la vida misma. Aquella alianza fracasó, porque el pueblo con sus autoridades fue infiel. Con la Nueva Alianza Jesús nos da un mandamiento nuevo: “Amar los unos a los otros como yo los he amado”, lo sella con su propia sangre. Las palabras de la Eucaristía recuerdan lo prometido por el profeta Jeremías: que la Nueva Alianza serían escritos en el corazón, y ya no en tablas de piedra. Para esto nos ofrece el Espíritu Santo.

Nosotros entramos en esta Alianza nueva por medio del Bautismo; la renovamos cada vez que celebramos la Eucaristía y recibimos como alimento el Cuerpo y la Sangre de Cristo. La sellamos con el Sacramento de la Confirmación, recibiendo de nuevo el Espíritu Santo con sus siete dones que nos ayude a ser exitosos como hijos e hijas de Dios. Con el Sacramento del Santo Matrimonio, Dios ha hecho que el amor de los esposos y la familia sea una participación también en la Alianza Nueva y Eterna. Con el Orden Sagrado, recibimos pastores llamados a formar y guiar a la Iglesia como Cristo mismo. Con los sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos, el Señor perdona nuestras debilidades y los convierte en ocasión para disfrutar del infinito poder de Dios y su inagotable misericordia.

A mí me gusta cuestionar las leyes actuales contra racismo y discriminación, porque son como la Antigua Alianza escrita en tablas de piedra, destinadas al fracaso, porque no cambian las actitudes racistas ni siquiera de los gobernantes, quienes utilizan estas leyes para represión política. Irónicamente, ayer se publicó en El Deber un artículo de opinión sobre la fiesta de Corpus Christi, en que el autor se queja que: “Más de mil millones de fieles católicos en todo el planeta creen esto [presencia real de Cristo en la Eucaristía] y se confiesan, comulgan e ingieren la hostia. Sin embargo, el pecado aumenta en todas partes y Bolivia no es la excepción, pese a que la mayor parte de su población se confiesa como tal.”

No sé si el autor mismo es católico, ya que presenta una visión sumamente infernal de la realidad. A todos nos cuesta luchar contra el pecado, pero no todos están multiplicando el mal; algunos silenciosamente son lo que el Papa Francisco llama “Santos de clase media”. Escribe así en su Exhortación Gaudete et Exsultate: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad».

Lo que veo yo es que lo más que nos acercamos humildemente a Dios, escuchando su palabra y participando de su cuerpo y su sangre, más reflejamos a Cristo. Y los que se alejan del Señor, sin oración, sin Misa y sin la Palabra de Dios, pues se dejan llevar por otros vientos que no vienen del Espíritu Santo. El papa Francisco dice lo mismo en su Exhortación Apostólica. Por lo que termino diciéndoles: Felicidades, hermanos católicos de San Ignacio y de Bolivia, por amar a Jesús en la Eucaristía, y por esforzarse a vivir con nuestro Dios la Alianza Nueva y Eterna.