Santa Cruz

Robert Flock: la Inmaculada Concepción y la Virgen de Cotoca

Compartimos la homilía del Obispo de San Ignacio, monseñor Robert Flock, durante la festividad de la Inmaculada Concepción.

Adviento 2A 2019 – Inmaculada Concepción y Virgen de Cotoca

“María, cuida con tu amor de madre este mundo herido”

Queridos hermanos,

El segundo domingo de Adviento que marcamos hoy coincide con la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María; también es a la vez la fiesta de la Virgen de Cotoca, que provoca gran devoción en Santa Cruz y en todo el oriente de Bolivia. Este año se celebra la fiesta en Cotoca con el lema “María, cuida con tu amor de madre este mundo herido.” Se refiere específicamente a dos heridas: primero, el daño ecológico por los incendios en toda la Chiquitania. De hecho, se ha dado un traje chiquitano a la imagen de la Virgen en Cotoca este año. La segunda herida es la violencia que estalló desde los sectores Masistas al colapsar su gobierno después del masivo fraude electoral y el pacífico paro cívico.

Hoy es fiesta patronal de Concepción y del Vicariato de Ñuflo de Chávez. Mons. Antonio Reimann, Obispo del Vicariato, quien se encuentra hace varios meses en su país nativo de Polonia, recuperando de una cirugía de corazón, envió un mensaje para su jurisdicción, que vale para todos nosotros. Habla de dos incendios:

“El primer incendio, en llamas la Chiquitania, se apagó después del cabildo el 4 de octubre, cuando el pueblo reunido a los pies de Cristo oró a Dios por la lluvia, con una fe impresionante. En los siguientes días cayó la lluvia, luego de muchas semanas de sequía.

El segundo incendio, lo llamaría “incendio político”, se apagó después de 21 días. Si el primer incendio se apagó con la lluvia natural, el segundo a causa de la lluvia sobrenatural. ¿Cómo explicar la resistencia pacífica de la mayoría del pueblo del Oriente en estos días? ¿Cómo explicar el espíritu de comunión, de fraternidad, de oración, de devoción eucarística y mariana en estos días? Nuestra respuesta es sencilla: Ha sido respuesta de Dios, a la fe sencilla del pueblo manifestada públicamente; ha sido su Gracia derramada por el Espíritu, que siempre acude en ayuda nuestra en medio de la debilidad y el desconcierto.”

Como indica el lema de la fiesta de Cotoca, los incendios han dejado heridas que necesitan curarse. En cuanto a la herida ecológica, nos asombra como se ha reverdecido algunas de las zonas quemadas. Sin embargo, nos damos cuenta, que quedan muchas cicatrices, especialmente donde las llamas fueron más intensas. Observamos que continúan los desmontes. La ciencia nos enseña que mayor deforestación provocará mayor sequía. Por este motivo, es necesario que se ponga frenos a esta progresiva, sistemática e irracional destrucción de la Amazonía y busquemos formas de economía ecológicamente sostenibles. Dios en su misericordia nos bendice con la lluvia, pero no puede bendecir un manejo depredador de este Jardín de Edén que nos ha dado.

Lo mismo vale para el incendio político y las heridas sociales que ha dejado. Requieren sanación, e imploramos la misericordia divina por intercesión de la Virgen Madre. Sin embargo, como no conviene vendar una herida sin primero desinfectarla, tampoco podemos sanar las heridas del país tapando no más lo sucedido. Bolivia necesita, no una ley de impunidad, disfrazada de garantías constituciones, sino una comisión de la verdad, para aclarar e informar sobre todas las infecciones que enfermaron nuestra democracia y el estado de derecho. Lo necesitamos, no solamente para los hechos ocurridos en torno a las elecciones de este año, sino desde el llamado “Octubre Negro”, del 2003 cuando cayó el gobierno del Sánchez de Lozada. Hace falta diagnosticar todas las infecciones que Bolivia ha sufrido por la corrupción, narcotráfico, despilfarro, persecución, y maldad política. Para pedir perdón por los pecados y crímenes contra el pueblo boliviano, primero hay que arrepentirse, confesar los males y comprometerse a un camino inmaculado. Así podríamos pasar de la sala de cuidados intensivos, en que estamos ahora, a la sala de recuperación para luego salir del hospital y vivir sanamente en esta bella tierra.

Me parece propicio que vivimos este momento transitorio pero histórico y en tiempo de Adviento, mientras nos preparamos para celebrar la Natividad de nuestro Señor Jesucristo, reflexionando sobre el misterio del Hijo de Dios hecho hombre en el seno de la Virgen Inmaculada y escuchado la voz de Juan de Bautista llamándonos a preparar el camino del Señor. Es un tiempo de promesas divinas y grandes esperanzas para que la salvación de Dios nuevamente quite el pecado de este mundo. Pero también es un tiempo en que el Señor nos pide tomar conciencia de los pecados que contaminan nuestras vidas, nuestra cultura y nuestras instituciones. Es un tiempo en que el Señor nos pide conversión.

Ponemos nuestros ojos en la Virgen María, quien a su vez tiene sus ojos vertidos hacia nosotros. Ella, sin pecado concebida, como celebramos hoy, no nos mira con irá y disgusto, sino con piedad maternal. Y con el mismo cariño y amor con que lleva el divino niño Jesús en su interior, nos lleva a nosotros en su corazón, meditando las obras grandes que Dios hace por ella y por su pueblo.

Pues el Señor que derriba del trono a los poderosos y tumba a los soberbios, también levanta a los humildes y colma de bienes a los hambrientos.

Si este buen Dios permite que la humanidad corrupta y pecadora crucifique cruelmente a su hijo, después de haber hecho toda clase a milagro misericordioso, es para que, mirándolo en la cruz, y contemplando a María que luego lo recibe en los mismos brazos con que lo sostenía de bebé en Belén, nos demos cuenta de nuestra perdición, como también de la oferta de salvación.

Así, pongamos nuestros ojos en la Madre de Dios. Invoquémosle y pidamos su ayuda. “María, cuida con tu amor de madre este mundo herido”.