Análisis

RETROCESOS HISTÓRICOS

¡Cómo quieren igualar la labor de un cirujano con la de un cocalero! El desconocimiento de lo científico, de las formas y contenidos de las diferentes disciplinas, nos acerca en muchos casos a la Inquisición, al Medioevo y al primitivismo, por el cual transcurrieron hace ¡ya siglos! las distintas civilizaciones

En muchas ocasiones el Presidente del Estado Plurinacional, Evo Morales Ayma, recuerda con dolor y con indignación la prohibición que enfrentó su madre en los años 40 cuando quiso cruzar la plaza principal de Oruro.

¿Cómo contarán los hijos de Pedro Nuni la prohibición de pasar por la plaza principal de su propio pueblo, San Ignacio de Moxos, cuando dentro de medio siglo rememoren la IX Marcha Indígena? En mayo de 2012, no fueron los gobiernos aristocráticos ni las sociedades feudales quienes cerraron el tránsito a los mojeños, yuracarés, trinitarios, aymaras, quechuas, sino los líderes de los comerciantes (Colques, Condoris), aliados a los mismos hacendados que en los últimos 20 años alentaron la persecución a los agrarios, a los sacerdotes y a técnicos de organizaciones sociales.

Se debate el alcance de la prohibición de cruzar las plazas pues existen fotografías desde fines del Siglo XIX que evidencian que los aymaras conocían la Plaza Murillo. Se nombran ordenanzas municipales limitando el ingreso de pongos con sus animales, pero no su caminar aislado o en pequeños grupos.

En cambio, es seguro que recién en mayo de 1945, los indígenas organizados en las primeras centrales agrarias (varias con influencia anarquista) pudieron desfilar delante del Palacio de Gobierno –y de la Catedral– como umbral del Primer Congreso Indigenal. Los promotores fueron aymaras como Francisco Chipana y Antonio Álvarez y quechuas como Luis Ramos; también llegaron representantes de las tierras bajas.

En el desfile del 1de Mayo de 1980, el ingreso a la Plaza Murillo de la flamante Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, Csutcb, al mando de Genaro Flores, con tractores y con representantes de los ayllus, marcó la impronta de la fuerza rural en las nuevas luchas sociales.

Ni en las dictaduras se cortó el tránsito de los indígenas y era difícil imaginar que una corriente estalinista, con un discurso izquierdista, retrocedería a 1945: ¡los indígenas benianos no pueden pasar por la plaza de su propio pueblo!

Otros hechos nos muestran más recovecos y reiteradas formas represivas propias del estalinismo. Por ejemplo, la escucha de grabaciones privadas. La Ministra Amanda Dávila justifica el espionaje a funcionarios públicos con el mismo argumento que empleaba la Stasi, sin explicar por qué se siguen las charlas de Rafael Quispe o de Adolfo Chávez.

Volvemos a los años sesenta con el decreto contra el trabajo diferenciado de los médicos y salubristas. ¡Cómo quieren igualar la labor de un cirujano con la de un cocalero! El desconocimiento de lo científico, de las formas y contenidos de las diferentes disciplinas, nos acerca en muchos casos a la Inquisición, al Medioevo y al primitivismo, por el cual transcurrieron hace ¡ya siglos! las distintas civilizaciones.

Sin embargo, en medio de ese oscurantismo, se abre una brecha modernísima, la autoconvocatoria ciudadana, la participación del vecino, la protesta electrónica, que en La Paz fue disciplinada y creativa desde el movimiento de los periodistas contra el cierre arbitrario de medios, en el paro contra los loteadores y ahora contra los chóferes. ¿Las podrán gasificar?