Análisis

¡Prohíben mamaderas!

Mi pariente espiritual al ponerme al tanto de las últimas noticias sucedidas en el mundo interrumpió su labor para preguntarme: ¿Podría decirme, compadrituy, hasta qué edad utilizó mamadera…? Previniendo alguna burla, le respondí que nunca había usado ese antipático artefacto y que hasta el día de hoy continuaba prendido al envase natural de ese necesario alimento.

La cholita de Quillacollo no hizo caso de mi atrevida respuesta y pacientemente me explicó que un periódico daba cuenta de que en Venezuela sus nuevas autoridades políticas habían determinado prohibir la utilización de mamaderas para alimentar a las guaguas y que sus madres deberían proveer a sus críos del líquido lácteo.

Saltando de la notica al sentido que damos los cholos bolivianos a la palabra “mamadera”, mi pícara comadre me explicó que en su pueblo el vocablo señalado significa el goce del Poder a cargo de las clases gobernantes y que por eso solía y suele decirse en Quillacollo: “Esos están gozando de la mamadera hace más de siete años y quieren seguir mamando todavía…”

Dije a mi comadre Macacha que en mi pueblo que es La Paz utilizamos la palabra “mamadera” de idéntica manera que en Quillacollo, habiendo escuchado decir muchas veces: “Aquéllos siguen agarrados a la mamadera y no la quieren soltar, ¿por qué serán “tan así”…? Sin poder negar la presencia de una envidia negra en ese comentario.

Mi pariente espiritual me comunicó sus temores de que nuestros actuales gobernantes copiaran la ley venezolana prohibiendo también el uso de la mamadera en Bolivia, como sucedió muchas veces cuando vivía el comandante Hugo Chávez (alma bendita), pero la perspicaz cochabambina se encargó de desechar tal posibilidad diciéndome muy segura de cada una de sus palabras: “No, compadrituy, aquí no prohibirán el uso de la mamadera porque ahora la necesitan más que nunca, porque han comenzado a aparecer algunas guaguas que ya no son tan guaguas, las que se han dado cuenta que sin una mamadera a su alcance no podrán llegar muy lejos para tratar de quitarle al señor Evo la mamadera principal, la “vaca lechera” y el “becerro de oro y las llaves de la bóveda del Banco Central de Bolivia”.

Callé ante las palabras de la sabia cholita cochabambina, rogándole que nunca me abandone, porque a pesar de tener 85 años me encantaría tener siempre a mi alcance un poco de lechecita aunque yo me halle lejos de cualquier mamadera.