Análisis

PERIODISTAS, PROTECCIÓN LEGAL Y COMPROMISO ÉTICO

El trabajo periodístico necesita que el Estado democrático le otorgue respeto, garantía y defensa. Requiere de leyes específicas que así lo establezcan. Dada su tipología laboral, vinculada con el compromiso ético de brindar información de interés público, incluso –o sobre todo– aquella que quiera ser expresamente ocultada por la administración estatal, el periodismo no puede quedar sujeto a leyes de procedimiento penal ordinario.

En Bolivia, la Ley de Imprenta de 1925 cumple tal objetivo, por tanto, debe ser respetada. De ahí que resultó totalmente desatinado el intento de un fiscal, en Cochabamba, para que dos periodistas, que habían difundido una nota informativa sobre narcotráfico, comparezcan ante él por un motivo que nunca fue aclarado. Los periodistas en cuestión contaban con todo el amparo legal para no acatar la convocatoria, e hicieron bien al denunciar públicamente la arbitrariedad.

Todo lo anterior, desde un enfoque legal, resulta indiscutible. Otra perspectiva es la ética. No quitaba ningún mérito a esa labor periodística ni interfería su finalidad informativa, si, tratándose de un delito tan grave para la sociedad, como es el narcotráfico, se compartía o se brindaba información a las autoridades competentes.

La sociedad boliviana está luchando angustiosamente contra la creciente delincuencia y, en ese intento, la colaboración que puedan brindar todos los sectores, siempre será socialmente bienvenida.

Sucede que algunos medios de información pública, obsesionados con ratings y primicias en pro de incrementar ingresos económicos, suelen olvidar esos principios de compromiso moral con la sociedad y con los problemas que la aquejan.

Algunas veces hemos visto cómo camarógrafos televisivos registran, impasibles, linchamientos o golpizas, sin intervención alguna y escudados en que su labor no supone intervención en los hechos. Recuerdo la ocasión en que se dedicaron a filmar por un buen rato y casi gozosos, la manera cómo las movilidades chocaban estrepitosamente con un promontorio de tierra después de una curva.

Con tales actitudes demuestran desconocer que, por encima de beneficios específicos, la misión periodística está moralmente ligada a la protección social lo que debería traducirse en trabajo responsable de servicio a la sociedad en el intento conjunto de repudiar y atacar acciones que claramente la dañan. De ahí la importancia – y la necesidad– de que los periodistas se formen, no sólo profesionalmente, sino también éticamente.

El interés sectorizado no debe sobreponerse al interés comunitario. Esto no puede ser regulado desde la legislación (para el periodismo es aún más difícil y delicado), pero sí puede formar parte de preceptos de orden ético, vinculados a la responsabilidad de todos en la búsqueda del bien común.

El autor es comunicador social y docente universitario