Análisis

Paulovich: El secreto de los suizos

Uno de los yatiris que formó parte de la “nutrida” delegación boliviana que asistió en Viena a una reunión de países sin litoral marítimo le contó a mi socia periodística que nuestro presidente vitalicio Evo y nuestro canciller vitalicio David Choquehuanca (Choqui) tuvieron brillante actuación en el mencionado evento aunque no consiguieron nuestro ansiado retorno al mar.

La cholita cochabambina desolada por el resultado práctico me confesó confidencialmente que ella y muchísimos compatriotas nuestros sólo poseían una gran dosis emocional acerca de nuestro derecho al mar, pero que confiaba mucho en la orientación que yo pudiera brindarle porque alguna vez yo le había dicho “soy un viejo lobo de mar y he tenido la suerte de haber navegado en los siete mares del mundo…”

Le respondí que aquellas palabras no constituían jactancia, aunque no eran suficientes para resumir de experto en nuestro problema marítimo.

Humildemente, la cholita me preguntó qué quería decir eso de “país mediterráneo”, respondiéndole facilonamente que se trataba de un país sin acceso al mar, produciéndose el siguiente diálogo:

— ¿Nuestra amada Bolivia es un país mediterráneo…?

— Sí, porque Cochabamba está rodeada de Bolivia por todas partes.

— ¿Y Quillacollo es mediterráneo?

— Sí, porque Quillacollo está rodeado por cochabambinos por todas partes.

Más consciente de su mediterraneidad, mi comadrita me preguntó si en mis viajes por el mundo había conocido algún otro país tan mediterráneo como el nuestro, respondiéndole con seguridad y firmeza: “Claro que sí, pues estuve en Suiza como huésped de un “boliviano universal” llamado Javier Caballero Tamayo, sobrino de don Franz Tamayo y que ocupó el cargo de Director de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) en Ginebra que está en la Suiza francesa”.

Tal relato abrió los ojos chaskañawis (ojos de estrella) de la cholita, que los volvió a cerrar como queriendo soñar y me preguntó cómo los suizos pudieron hacer un país tan rico y de prestigio universal si los suizos nunca tuvieron mar, mientras nosotros los bolivianos nos empeñamos en ver al mar ausente como la única razón de todas nuestras frustraciones.

Sin embargo, brilló un rayo de esperanza entre nosotros, cuando la intuitiva cholita mediterránea por donde se la viera me dijo: “menos mal que nuestro Presidente Vitalicio pudo conversar con los delegados suizos quienes seguramente le revelaron los secretos para hacer un país poderoso y rico sin tener un litoral marítimo. Bendita sea ella y todas las cholas mediterráneas de Bolivia.