Análisis

Paulovich: Cien años para Evo

Pocas veces vi triste a la cholita de Quillacollo y traté de reanimarla cantándole la letra de una vieja cueca que bailé muchas veces en mi lejana juventud: “Estás triste, negra, dime pues por qué, estando a tu lado tu negro adoradoooo”, mi comadrita me miró melancólica y suspirando me dijo: es que en una fiesta electoral de los seguidores de Evo, se escuchó decir que Evo gobernará cien años más y usted me sentenció diciendo “cholita, de esta noche no pasas…”

Mi comadrita me reveló que un cubano le había dicho hace un tiempo que la medicina cubana había progresado tanto que Fidel Castro Ruz no moriría nunca y como ya está algo pachucho ahora gobierna Cuba su hermano menor Raulito y que en nuestro país podría presentarse una figura parecida.

Expliqué pacientemente a mi socia-comadre que en Cuba hubo una buena medicina mientras los sabios de la Unión Soviética gozaban del clima caribeño, pero cuando la URSS se disolvió, los sabios de la medicina desaparecieron.

Mi relato le pareció muy aburrido a mi comadrita y me pidió que volviéramos a nuestro escenario donde los socialistas de Evo y de Álvaro se atreven a insinuar su pretensión de gobernar a este Estado Plurinacional y Folklórico durante cien años y más.

Por fin brilló una chispa de picardía criolla y me dijo: “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista por lo tanto yo en este momento les apuesto mis polleras y mi plata (que usted sabe a cuánto llega) a que Evito no será nuestro Presidente cuando él cumpla cien años de edad.

Siguió diciendo Macacha: “Es que yo conozco a mi pueblo como a mí misma sin haber estudiado sociología y sé que los bolivianos nos aburrimos de tener un Presidente que dura mucho y tenerlo que ver a todos los días en las pantallas de televisión y en las primeras planas de todos los periódicos del país”.

Para atenuar ese juicio tan severo le pregunté a la cholita y socióloga si ya se hallaba aburrida de mirar mi cara todos los días, respondiéndome con su habitual viveza criolla: “Cuando estoy con usted, compadrituy, yo no le miro la cara sino las manos que siempre están muy junto a mis polleras donde guardo mi dinerito”.

Terca como todas las quillacolleñas, Macacha volvió a su idea fija diciéndome enfáticamente: “No compadrituy, rechazo la idea de ver a un Evo viejito, gordo y casi sin pelos, sujetándose sus dientes de contacto y repitiéndonos: “Dentro de los próximos cien años industrializaremos nuestro país porque Bolivia avanza y Evo cumple….”