Análisis

PAPÁ NOEL Y LA SOCIEDAD DE CONSUMO

Lo cierto era que ese viejito barbudo y panzón, vestido de rojo y con un ridículo sombrero que le tapaba hasta la frente, no le caía simpático a nuestro amigo Juanito, un niño, inteligente y perspicaz, pero un niño, al fin y al cabo, como los demás.

Papá Noel, conociendo la antipatía que su presencia navideña suscitaba en Juanito, se acercó a él para decirle en tono de cariñoso reproche:

— ¿Qué te pasa, Juanito? Me han dicho que tú no me quieres. Esto me extraña y me entristece mucho. ¿Cómo puede ser que la gran mayoría de los niños y niñas del mundo me quieran tanto y tú, un chico bueno si los hay, muestres tanta indiferencia y hasta desprecio hacia mi persona…?

Juanito, un tanto desconcertado ante esta lógica reacción de Papá Noel, respondió:

— No es que yo no lo quiera a Ud. que me parece un abuelito bonachón, lleno de ternura para con los niños e incapaz de hacer mal a nadie… pero, pero… su presencia en estos días de preparación para la Navidad me hace pensar en que hay otras ocultas intenciones en su misión, que, por cierto, no tienen nada que ver con el auténtico espíritu de la Navidad.

— Pero Juanito, ¿cómo puedes pensar de ese modo?, contestó sorprendido Papá Noel. Yo me gano la vida honestamente, derrochando cariño y generosidad a los niños, a todos los niños y niñas sin distinción…

Sin embargo, Juanito, muy seguro de sí mismo, le contestó:

— No, no para todos sin distinción,… Ud. da mucho a quienes tienen mucho y poco, o nada, a quienes no tienen nada. Ud. parece un hombre bueno, pero no es justo. Ud. discrimina a los niños y provoca resentimientos y envidias entre ellos… y encima, lo hace en la Navidad, cuando su mensaje debería ser de unión, de solidaridad y de amor entre todos. Ud. anda dando vueltas por el centro de la ciudad, frente a las grandes tiendas y en los lugares de mayor diversión, pero nunca le he visto visitando un barrio pobre. ¿Quién le paga y le manda a Ud.? ¿Es, acaso, la Estrella de Belén? ¿No serán los grandes dueños de los comercios que quieren engañar con su figura a los niños y vender más caros sus productos? Mire, Sr. Papá Noel, le voy a decir una cosa muy importante que le escuché a la catequista que nos prepara para la Confirmación: “El Papá Noel es expresión de la sociedad de consumo”. Me la aprendí de memoria porque creo que dice una gran verdad.

El pobre Papá Noel se quedó pensativo y hasta sorprendido de la lección que un niño le había dado y comenzó a darle vueltas a esa frase misteriosa: “Papá Noel, producto de la sociedad de consumo. ¿Seré yo ese producto de la sociedad de consumo…?”

Se preguntaba a sí mismo el pobre Papá Noel.

Ya muy entrada la noche, y con gran tristeza y amargura en su corazón, el hombre que hacía de Papá Noel se fue caminando, pensativo, hacia su casa. Vivía en un barrio muy pobre y alejado. Entró en su casa, una vivienda de lo más humilde e incómoda.

Le esperaban su mujer y sus tres pequeños hijos. Puso sobre la mesa el mísero salario que las casas comerciales le habían pagado por hacer de Papá Noel y, ante la sorpresa de su mujer, repitió la frase que le torturaba su corazón: “Papá Noel, expresión de la sociedad de consumo…”

Su humilde señora y sus hijitos no acertaban a comprender el sentido de la frase, ni la angustia de Papá Noel. Él trató de explicarles la terrible contradicción de su vida… Por un lado, repartiendo regalos y, sin embargo, viviendo en extrema pobreza toda su familia. ¿No es, acaso, un verdadero engaño que él, tan pobre, hiciera de Papá Noel? ¿No tenía razón ese niño que le interpeló en la calle…?

La señora comenzó a percibir el problema de conciencia de su marido y vio que dos lágrimas se asomaban en los ojos de Papá Noel, mientras el buen hombre seguía reprochándose a sí mismo: “Es triste y contradictorio que yo, tan pobre, sea expresión de la sociedad de consumo… como me ha dicho ese niño… No. Buscaré otro trabajo. No quiero seguir engañándome a mí mismo y engañando a los demás”.