Análisis

Padre Nuestro (lo que sentimos al rezar esta oración)

“Padre nuestro. Es el primer grito que brota del corazón humano… Un grito plural al que es Padre de todos. Una invocación que nos arraiga en la fraternidad universal y nos hace responsables ante todos los demás” afirma, con mucha sabiduría, José Antonio Pagola, quien nos recuerda que una oración como esta es siempre escuchada por Dios, porque nace del profundo sentir del pueblo que le clama.

Jesús nos enseña a rezar el “Padre nuestro”, la oración, que se eleva por el bienestar de todos, sin excluir a nadie. Este clamor surge de la misma acción liberadora de la gracia en cada uno de nosotros; por tanto, no se trata de una acción reservada sólo para unos cuantos y así lo perciben quienes oran por toda la creación de Dios.

En este tiempo de pandemia, por la presencia entre nosotros de la enfermedad por coronavirus COVID-19, de oriente a occidente y de norte a sur, el mundo entero ha volcado su mirada a la práctica de la oración. Una oración que hermana y humaniza que nos permite experimentar la verdad en las palabras de Jesús: “Pidan, y recibirán; busquen y encontrarán; llamen, y se les abrirá”

Una visión desde la Iglesia

Al leer las líneas de los tiempos, encontramos, historias de inquebrantable fe rebeladas en las páginas de la Biblia, suscitadas después de momentos de profunda oración realizadas en muchos casos bajo la guía de santos, profetas sacerdotes y religiosas de la Iglesia católica. A continuación, comparto algunas visiones de presbíteros que se refieren a la importancia de las comunidades y grupos de oración:

Padre Nicolás Torrez:

Respecto a las comunidades y grupos de oración: en palabras del San Juan Pablo II, “se puede hablar de “Una Gracia” dirigida a santificar la Iglesia, a renovar en ella el gusto por la oración, a hacer redescubrir con el Espíritu Santo, el sentido de la gratuidad, de la alegre alabanza, de la confianza en la intercesión y convertirse en una nueva fuente de evangelización” (L`Osservatore Romano, 15-3-87).
El Centro del “Grupo de Oración” es el Señor Jesús y está formado por personas que creen en su promesa: “…les digo en verdad que, si dos de ustedes convinieran sobre la tierra en pedir cualquier cosa, se lo otorgará mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt.18,19-20).
Asimismo, el Espíritu Santo, es la “Fuente” de la oración en el grupo. Allí se aprende a vivir guiados por el amor y por la Palabra del Señor, a ser dóciles a su Espíritu y a poder decir como la Virgen María: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc.1,38).
Los frutos de la oración comunitaria entre otros son: la presencia más íntima y renovadora de Cristo en nuestras vidas, el incremento de la vida de oración comunitaria e individual, creciente amor a la Palabra de Dios, se descubre la cercanía y el amor de la Virgen María, mayor frecuencia y valoración de los Sacramentos, mayor sensibilidad y solidaridad en la Caridad hacia los más pobres y mayor compromiso eclesial y social.

Padre Waldo Riveros:

Es un tiempo especial con mucho sufrimiento y dolor y miedo y eso hay que disipar sobre todo con mucho amor, confianza en Dios y oración.
Hay grupos marianos que se están dedicando al rezo del santo rosario y otros devotos al Señor de la Divina Misericordia, realizan el rezo de la Coronilla.
Creo que hace falta más todavía. Me parecen buenas estas iniciativas de grupos parroquiales o movimientos; pero considero que el “Rosario de la familia”, por ejemplo, permite que cada persona, aunque no pertenezca a un grupo parroquial promueva espacios de oración en su hogar.

Padre Alfonso López:

Mi opinión es que toda oración Dios la escucha, especialmente en estos tiempos en que la vida está tan amenazada, sin excepciones. A mí me han pedido orar y celebrar misa por enfermos y difuntos.

Una visión laical

“La oración hecha con fe sanará al enfermo y el Señor lo hará levantarse; y si ha cometido pecados, se le perdonarán… recen unos por otros, y se sanarán. Mucho puede la oración fervorosa del justo” (Sant.5,15-16)

Muchas y muchos laicos seguros de que la unión hace la fuerza, han asumido la misión de conformar comunidades de oración, para pedir a Dios por sus familias, amigos, vecinos y personas que se encuentran enfermas o atravesando el doloroso proceso del luto, ocasionado por la muerte de un ser querido. Por esa razón, me permito compartir algunas reflexiones de laicas y laicos que viven esta experiencia:

Erika Aldunate:

La creación de grupos de oración en este tiempo tan difícil de Pandemia y distintas dificultades ligadas a esta, es importante.
Los enfermos se sienten acompañados por su comunidad, por sus amigos, su familia que son quienes les informan sobre la situación que están atravesando.
Pienso además que estás plegarias deberían ser acompañadas de “ayudas concretas”, por ejemplo, contar con un botiquín de medicamentos y tubos de oxígeno que sean de uso comunitario, médicos que tengan el compromiso de ayudar sin ningún interés etc. Contar con información actual y verdadera sobre lo referido a las vacunas, en fin, ayudar también con esto.

Andrés Eichmann:

“Es necesario orar siempre, sin desfallecer” (Lucas 18, 1), o sea sin abandonar el esfuerzo. Porque la oración, como recuerda el Catecismo, es un combate. Hay que desalojar del corazón todo lo que nos aparta de Dios, a menudo nuestro yo hipertrofiado.
La oración mental, diálogo sincero de tú a Tú con Él, sin anonimato, es lo más bello y grande que puede hacerse en esta vida. Pero como todo lo valioso, cuesta: “los esforzados lo alcanzan” (Mateo 11, 12). Es el tesoro escondido, y hay que “venderlo todo” para conseguir esa intimidad con Dios.
Prolongarla todo el día solo es posible si, de un lado, reservamos un tiempo fijo, diario, para estar a solas con Dios. Y de otro, para los laicos “de a pie”, si aprendemos a hacer de nuestro trabajo y de toda ocupación un motivo de encuentro con Dios (quienes nos rodean, colegas, familiares, todos… son también una presencia en la que Él quiere tomar parte).
Por otra parte, cuando participamos de un grupo de oración, la oración se potencia mucho, porque nos damos cuenta de que no se trata sólo de “Dios y yo”, sino de un “nosotros” que abraza el mundo entero, como el amor de Dios-Familia.
Creo que las mejores experiencias en grupos de oración son las que incluyen, además de otros elementos en que participan todos con su palabra, que exterioriza lo que Dios pone en los corazones, mucho rato de silencio, de rumiar, de coloquio interior “con Quien sabemos nos ama”, como dice santa Teresa.

Klondy Ordoñez:

Ser parte de la “Comunidad Devocional católica DM&MRA” es una experiencia maravillosa. Esta comunidad se reúne todos los días, al apuntar el alba a las 05:30 de la mañana, a través de la plataforma virtual Zoom, con el propósito de “orar juntos”: el Santo Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia, la Novena de Navidad o de los Santos Difuntos, por las almas del purgatorio, por los enfermos y las familias necesitadas, etc. de acuerdo a las sugerencias de los miembros de la comunidad o el tiempo litúrgico que estemos viviendo.
Lo que más destaco en este tiempo de oración es el reencuentro de las personas con su lado espiritual, con Dios. Para mí la vida en Comunidad es importante para mi crecimiento espiritual.

Marcelo Miranda:

Los grupos de oración realizan una acción valiosa dentro de la Iglesia. En estos tiempos, los medios digitales son una herramienta excelente para generar esos espacios, sin caer en la cadena de “copia y pega” para recibir la bendición.

Padre Nuestro

Si “Padre Nuestro” tuyo y mío, no de algunos sino de todos. Jesús enseñó a sus discípulos que la oración es un diálogo intimo y personal con el Padre, sin embargo, al mismo tiempo les enseñó a rezar juntos el “Padre nuestro”. Ellos entendieron la importancia de rezar así, unidos como Iglesia, en una profunda expresión de comunión fraterna, como hijas e hijos de Dios.

“Presentamos nuestras peticiones a Dios, no para informarle de nuestras necesidades y deseos, sino para que nosotros mismos nos convenzamos de que necesitamos de la ayuda divina para tales casos”. Santo Tomás de Aquino.