Análisis

P. Pedro Rentería: “Solidaridad y Guadalupe”

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De la serie: “A ti, joven campesino”

Tenemos en Sucre dos Centros de Reintegración Social pertenecientes al Servicio Departamental de Gestión Social (Sedegés). El Centro “Solidaridad” está ocupado por varones y el “Guadalupe” por señoritas. Todos menores de edad e infractores en diferentes situaciones difíciles que vivieron.”

Los años y las experiencias -a veces torpes- de la vida nos van haciendo conocer los entresijos del ser humano.

El transcurrir de los días con su carga de vicisitudes de lo más variopintas: la convivencia con familiares, amigos o desconocidos, la escucha atenta de lo que acontece en los otros, las aventuras afectivas desde la adolescencia, los oídos abiertos a tanta información como nos llega desde los medios y redes sociales, los secretos compartidos y guardados y, en fin, todos esos hilos que tejen nuestras jornadas, nos sirven para, con paciencia, estar atentos a los recónditos juicios, sentimientos y emociones que constantemente emite nuestro corazón.

Ya sé que los changuitos del hogar-internado se estarán preguntando “qué rayos nos quiere decir hoy este padrecito”. Pues hasta os lo complico un poco más -perdonadme- si cito la frase utilizada por el filósofo inglés Thomas Hobbes (siglo XVI) en su obra “El Leviatán” (1651): “El hombre es un lobo para el hombre”. Se refiere a que el estado natural del hombre lo lleva a una lucha continua contra su prójimo. Es la metáfora del “animal salvaje” que el hombre lleva por dentro. O sea, es la historia de tantas guerras, atrocidades, esclavitudes, tráfico de personas y más.

Por el contrario, el eminente escritor e intelectual de la Ilustración, Jean-Jacques Rousseau, dirá en 1762 que “el hombre es bueno por naturaleza”. Es su tesis del “buen salvaje”: el ser humano, en su estado natural, original y primitivo, es bueno y cándido.

Ahora sí, chicos, entro en materia. Pero os dejo una cuestión para vuestro análisis: “¿el hombre es bueno o es malo?  No quiero aturdiros con semejante cuestión. En todo caso, recordad -también mis lectores- la necesidad de trabajar y adquirir una cultura general que nos sitúe en la historia del pensamiento humano.

Tenemos en Sucre dos Centros de Reintegración Social pertenecientes al Servicio Departamental de Gestión Social (Sedegés). El Centro “Solidaridad” está ocupado por varones y el “Guadalupe” por señoritas. Todos menores de edad e infractores en diferentes situaciones difíciles que vivieron.

Estos Centros, de la mano de Equipos Técnicos Humanos de calidad (administrador, psicólogo, trabajador social, médico, educadores acompañantes de estos jóvenes) pretenden su rehabilitación y reintegración a la sociedad. Además, una sana justicia restaurativa quiere ayudar a las víctimas en la superación del trauma vivido, así como a los autores o responsables del delito.

Estoy acostumbrado a escuchar comentarios “peyorativos” (chavales, ¡diccionario por favor!) que intentan la crítica despectiva dado el comportamiento de estos adolescentes con responsabilidad penal. Comentarios que nos duelen a quienes los conocemos y somos testigos del esfuerzo diario que realizan para aprovechar las oportunidades que la sociedad les ofrece. Por supuesto, entendemos esas críticas, así como el dolor de las víctimas. Un dolor que, quizá, siempre nos echarán en cara cuando amparemos a quienes cometieron graves errores y están aprendiendo a mirar el futuro con esperanza y conquistarlo como mujeres y hombres de bien. Como ciudadanos íntegros.

Puedo asegurar que cuando cada domingo celebro la Eucaristía en estos Centros, la respuesta que encuentro es siempre reveladora: el pedir perdón al comienzo de la Misa, la escucha atenta de la Palabra de Dios, el compartir peticiones en particular por sus familias que viven lejos, la oración tan significativa del Padrenuestro, el momento intenso en que se acercan a comulgar, el rezo devoto del Avemaría y la bendición con el agua. Chicas y chicos que han recibido en años atrás los sacramentos de la Iniciación Cristiana: Bautismo, Eucaristía y Confirmación.

Dios quiere, ama, intensamente a estas chicas y chicos infractores. Nos ama intensamente a todos y no se olvida del dolor de las víctimas. No faltarán para ellas su cuidado y cercanía. No lo duden.”

Sí, démosles esa oportunidad de corregir aquello en lo que no supieron acertar. Démosles la oportunidad de luchar por ese futuro, más allá de justificaciones y componendas, aceptando su responsabilidad. Y no olvidemos que el juicio de Dios es infalible: sólo Él tiene todas las cartas sobre la mesa, como se dice, para determinar inocencia o culpabilidad.

Dios quiere, ama, intensamente a estas chicas y chicos infractores. Nos ama intensamente a todos y no se olvida del dolor de las víctimas. No faltarán para ellas su cuidado y cercanía. No lo duden.

Entonces, padrecito, ¿el ser humano es bueno o malo? -no se hace esperar vuestra pregunta.

Pues creo que aquellos filósofos tenían claro que albergamos grandes dosis de bondad, de ternura, de clemencia… Y aunque la violencia, el egoísmo, el desamor, acampan en nuestro corazón, siempre, siempre, ganará la esperanza.

Bueno, amiguitos del hogar-internado, hasta otra. Sed buenos y felices.

 

(P. Pedro es Comunicador Pastoral)

[Imagen: conceptosjuridicos.com]