Análisis

P. Miguel Mazanera: Justicia y Misericordia

Como es sabido el Papa Francisco ha instituido el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, iniciado el 8 de diciembre de 2015, fiesta de la Inmaculada Concepción, que concluirá el domingo 20 de noviembre de 2016, Fiesta de Cristo Rey. Con anterioridad a su inicio el Papa Francisco publicó la Bula en la que explica el sentido de este Jubileo.

Uno de los puntos de este documento que seguramente causará dificultad es entender la relación entre la justicia y la misericordia. El Papa Francisco claramente da mayor importancia a la misericordia (Bula 20-21). Sin embargo hay muchas personas que consideran que el problema fundamental de la humanidad es la ausencia de justicia. Por eso piden un mayor compromiso de todos a favor de la justicia, comenzando por la pedagogía en la familia y en las instituciones educativas y también en la sociedad y en los medios de comunicación.

Muchas personas ni saben en qué consiste la justicia y simplemente defienden sus propios derechos sin preocuparse de los derechos de los demás. Como fruto de ese egoísmo se han multiplicado los delitos contra los derechos de otras personas. Un ejemplo muy lacerante son las agresiones y asesinatos contra la mujer (feminicidios) a las que se añaden también las infligidas a los niños nacidos (infanticidios) y a los todavía por nacer (abortos). En consecuencia se exige un mayor endurecimiento de las penas y también una mayor agilidad y firmeza en los procesos judiciales y en la aplicación de las penas sin derecho a indulto.

Por ello hay que insistir en la justicia en cuanto virtud que consiste en dar a uno lo suyo, superando la mera “justicia legal” como cumplimiento formal de las leyes, que no raras veces degenera en legalismo, manipulable por quienes ejercen como jueces y fiscales o tienen poder político o económico.

Es, pues, necesario y urgente educar a las personas desde su niñez y juventud en una pedagogía que eduque a desarrollar correctamente la razón y la conciencia ética y que enseñe a fundamentar la justicia en la dignidad de la persona humana sin desigualdades ni discriminaciones. Además la justicia debe ser aplicada con equidad, virtud que tiene en cuenta la situación concreta de las personas, especialmente de las más desfavorecidas.

Pero, además de esta tarea, la Iglesia insiste también en la misericordia como el atributo más característico de Jesús que supo vincular con la justicia. La misericordia es la virtud que nos conecta existencialmente y nhos hace prójimos con las personas enfermas, abandonadas o discriminadas que necesitan de nuestra solidaridad.

El mismo Jesús describe el juicio final donde como Juez Supremo juzgará a todos los hombres en función de la misericordia que hayan tenido respecto de sus prójimos hambrientos, sedientos, enfermos, encarcelados, abandonados o en situaciones angustiosas (Mt 25, 31-45).

Jesús supo unir perfectamente la justicia y la misericordia. Se solidarizó con los pecadores, compadeciéndose de nosotros y asumiendo en su propia carne el castigo que en justicia merecíamos. Confiando en la misericordia divina aceptó ser condenando a muerte y ejecutado en la cruz como expiación y redención de nuestros pecados.
Al pie de la cruz y unida íntimamente a Jesús, estaba María que sin pronunciar palabra se unió al Crucificado permitiendo que una espada de dolor le atravesase el corazón, tal como profetizó el anciano Simeón en la presentación del niño Jesús en el templo (Lc 2, 35).

En la cruz se desposaron en justicia y misericordia los Corazones de Jesús y de María, como el nuevo Adán y la nueva Eva. Como fruto de esa unión mística, a imagen y semejanza del Padre y de la Rúaj divina, nace la iglesia llamada a ser comunidad corredentora, justa y misericordiosa.

La Iglesia en el Catecismo ha establecido un pequeño catálogo de las obras de misericordia corporales o y espirituales que debemos ejercitar para que Dios sea misericordioso. A este listado hay que añadir hoy en día las nuevas situaciones angustiosas de discriminación o “descarte” como llama el papa Francisco, como son los emigrantes huyendo de la guerra o del hambre en el Medio Oriente y en el Norte de África, hacia Europa.