Cochabamba

P. Honny Villarroel: “Y el poder no es mandar, es servicio, entrega y generosidad; no ojo por ojo, diente por diente, lenguaje de muchos”

P. Honny Villarroel, Canciller de Arquidiócesis, presidió la Eucaristía Dominical en la Catedral Metropolitana. En la homilía subrayó que todos los que ejercen un poder, sea en la sociedad, iglesia o familia no se dediquen a mandar sino al servicio entrega y generosidad. Señaló la necesidad de reproducir la experiencia de Dios, dando siempre oportunidades nuevas, incluso al que se equivoca, perdonando de corazón y no generando rencor. «Ojo por ojo, diente por diente es el lenguaje de muchos, que hoy se gozan de tener el poder».

Con ello, afirmó que las exigencias del seguidor de Jesús son difíciles de comprender y que muchas veces conlleva grandes ingratitudes, pero Dios no abandona a quien se entrega de corazón. “Aprende a perdonar, olvida el daño que te han hecho. Da la oportunidad al que se ha equivocado. Pero la sociedad en la que vivimos no siempre genera este lenguaje ni actitudes de cercanía. Es más fácil aprovechar el momento para decir es mi momento y tengo que ser el justiciero, tengo que sentirme el juez. Y vendrá la Palabra para decirte: no juzgues”, mencionó P. Honny.

Texto completo de la Homilía

Quiero saludarles a todos ustedes aquí presentes en este día domingo, Día del Señor. Pero también nuestro saludo llega a las familias que están participando desde sus hogares o donde se encuentren de manera virtual, por esta transmisión que llega hasta sus hogares.

Hoy es un día muy especial para reflexionar y repensar nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. Tenemos que ver en qué se apoya nuestra fe. Cuán discípulos somos del Señor. El discipulado es un camino de seguimiento, pero nos damos cuenta que aquellos que han estado en el entorno de Jesús tampoco lo comprendían. Nosotros seguramente tendremos mayores dificultades para poder comprender, entender las exigencias de este seguimiento. Es fácil decir Creo en Jesús, creo en el Señor. Quiero vivir como Él me ha enseñado.

La primera lectura nos habla del justo, ser el justo. Tener estas características de una persona buena es un gran esfuerzo que podamos hacer nosotros en el diario vivir. Pero miren, aún con todos esos esfuerzos catalogándonos de personas justas, estamos en riesgo de no ser queridos por algunas personas que miran tu vida, nuestra vida, como si fuera una ofensa. Sin embargo, Dios está presente para animarnos en ese camino de seguimiento y para comprender que las exigencias pasan, incluso no por ser el primero, o por ser el mejor, o ser el mayor o el más importante, pasa por el servicio. Pasa por ponerte atrás y, ante todo, demostrar cuánto puedes amar a Dios y a tus hermanos.

Tienes que auto exigirte para aprender a ofrecer al otro, como Jesús, el amor, la comprensión. En un mundo lleno de divisiones, en un mundo lleno de conflictos, nos dice la segunda lectura de hoy. Es más fácil, queridos hermanos, destruir, no construir. Podemos llevar años y años construyendo una relación de paz en nuestros propios hogares, tratando de comprendernos, entendernos; en la sociedad más complicado todavía, no tener un mismo lenguaje, apreciar a la persona que piensa distinto. Si pudiéramos hacerlo, es un gran logro. Pero saben, destruir lo que construimos en años es más fácil, se destruye fácilmente, se nos dice hoy, movidos por el odio, movidos por el conflicto, por aquello que no está bien en el corazón del ser humano. Qué es lo que anidas, qué es lo que más guardas en tu corazón: hay amor, hay comprensión, o es que en tu corazón está la amargura, está el conflicto, la insatisfacción, que se traduce, nos dirá Jesús en odio, en rencor, no es nada de lo que tú consumes, no, que te hace malo. En tu corazón anida el mal.

Y este Jesús, en quien nosotros creemos, nos está invitando siempre al camino de la reconciliación, del amor, del perdón. Este Jesús nos hará tantas exigencias para decir: ¿Quieres ser mi discípulo? Aprende a perdonar, olvida el daño que te han hecho. Da la oportunidad al que se ha equivocado. Pero la sociedad en la que vivimos no siempre genera este lenguaje ni actitudes de cercanía. Es más fácil aprovechar el momento para decir es mi momento y tengo que ser el justiciero, tengo que sentirme el juez. Y vendrá la palabra para decirte: no juzgues. El único que puede juzgar, y no con un juicio humano, sino con un juicio de amor, es Dios. Cuántas veces hemos escuchado a nuestros abuelos, a nuestros papás, decirnos: Deja a Dios, Él te va a hacer justicia. Y ese amor de Dios, que es justicia, es un juicio de misericordia.

Es como ese Papá del cual Jesús nos habla, no, Que tiene dos hijos, uno bueno y uno malo, ese malo que sale de la casa, malgasta el dinero de sus padres y un día está ahí, frustrado, equivocado, pero entra en razón y regresa a su casa. Estás seguro de que su padre lo va a sacar a patadas, se va a enojar con él, lo va a rechazar. Pero aun así se anima a regresar. Ya no es ese joven orgulloso que salió de la casa. Es un hombre derrotado. Está volviendo a la casa de su padre, esperando no un buen trato, pero que nos dice Jesús: el Papa está en la puerta y a una cuadra ya lo reconoce a su hijo. porque es su hijo, aunque andrajoso y perdido es su hijo. Y este Papa sale corriendo, no le patea, no lo empuja, lo abraza y le dice: Hijo, estabas perdido, estabas muerto para mí. Hoy has vuelto a la vida, hoy comienzas una nueva etapa.

Esta es la experiencia de un Dios que ofrece amor y nosotros tendríamos que reproducir esta experiencia dando siempre oportunidades nuevas, incluso al que se equivoca, perdonando de corazón y no generando rencor, Ojo por ojo, diente por diente es el lenguaje de muchos, que hoy se gozan de tener el poder. Y el poder, se nos dice hoy, no es mandar, el poder es servicio, es entrega, es generosidad. Aquellos que tienen deseos de asumir poderes en la vida pública, como autoridades, incluso en la vida de la Iglesia, en el mismo hogar, Papá, mamá, en función de autoridad. Sepan que su primera tarea no es mandar, su primera tarea es servir. Y de este modo van a sentirse felices y contentos, de cumplir una misión y una gran tarea.

Que el Señor se haga presente en nuestra vida, especialmente en la vida de nuestra patria, Bolivia. Que Dios los bendiga con mucha paz. Que genere en nuestro corazón el sentido de la reconciliación, el amor y que el Señor nos enseñe a ser hermanos los unos de los otros y buscar siempre la oportunidad de ser útil, de servir como Jesús nos ha enseñado, como nuestro Maestro nos lo pide. Que así sea.

Fuente: Iglesia Cochabamba