Internacional

P. Gustavo Gutiérrez Merino: “La mayor violencia es la pobreza”

Para Gustavo Gutiérrez Merino, el padre de la Teología de la Liberación, luchar contra la pobreza, que es la mayor violencia de todas, “es afirmar a Dios”. Peruano, de 75 años, el religioso estuvo hace unos meses en Roma, invitado especialmente por la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad del Angelicum, que celebró sus 50 años.

En una conferencia en el aula Magna de esa prestigiosa academia, el sacerdote, que enseña teología en distintas universidades del mundo y que hace unos años ingresó a la orden de los dominicos, subrayó que hay, actualmente, una nueva percepción de la pobreza. No ya como una realidad inexorable, o como un destino, sino como una creación humana: una injusticia que debe cambiarse.

“Ser cristiano es ser testigo de la resurrección de Jesús, y significa también superar la pobreza, que es muerte, algo inhumano, contrario a la voluntad de Dios. Si la pobreza es contraria a la voluntad de vida de Dios, luchar contra la pobreza es una forma de decirle sí al reino de Dios”, explicó. Más tarde, en una entrevista con LA NACION en un despacho del Angelicum, el prestigioso teólogo rechazó tajantemente el uso de la violencia como un medio para el cambio.

Para Gutiérrez –distinguido este año con el Premio Príncipe de Asturias en Comunicación y Humanidades–, en la Iglesia existe actualmente “un consenso por ver la lucha por la justicia como parte intrínseca de la evangelización”, algo que se desprende no sólo de los documentos de la Conferencia de Puebla, sin también de muchas encíclicas.

–¿La Teología de la Liberación ha muerto?

–Quisiera decir que no entiendo la pregunta (risas)? pero sé muy bien lo que quiere decir porque escuché esto muchas veces, y no alcanzo a comprender por qué. En realidad, si vemos distintas publicaciones, o las tesis de doctorados de diferentes universidades, es evidente que el tema está presente. Por otra parte, está presente en la vida cotidiana de los cristianos, y muy presente. La deducción parece ser que, como no está en las primeras páginas de los diarios, la Teología de la Liberación ha muerto? Pero no es cierto. El 90 por ciento de la Teología de la Liberación es la opción preferencial por los pobres, y esto quiere decir que hoy está presente, entre otras teologías, en la Iglesia.

–En la conferencia, usted dijo que la globalización, que creó mayor desigualdad en el mundo, es un hecho contra el cual nadie puede rebelarse, porque sería como rebelarse contra la luz eléctrica. ¿Pero cómo podría manejarse?

–No sé si estoy en condiciones de responder satisfactoriamente a su pregunta, pero hoy hay muchas personas en todo el mundo –expertos economistas, sociólogos– que estudian cómo podemos implementar una globalización distinta a la que tenemos. Para dar un ejemplo, podemos hablar del Foro Social de Porto Alegre. Es claro que, ética y evangélicamente, rechazamos la actual forma de globalización, porque la brecha que abre entre naciones y personas ricas por un lado y, por el otro, naciones y personas pobres, es más grande que antes. Esto es un hecho, y no podemos aceptarlo. Pero al mismo tiempo tampoco podemos ir en contra de la globalización en sí misma, que también tiene muchos valores. La forma concreta actual crea una situación asimétrica en el mundo, en la que me intereso como teológo y pastor, pero a la que deben darle respuesta otros especialistas.

–Si la opción preferencial por los pobres está tan radicada en el Evangelio, ¿por qué siempre hubo tanta polémica en torno a la Teología de la Liberación?

–La frase “opción preferencial por los pobres” es nueva, pero su contenido es muy viejo, porque está en la Biblia. La cuestión es que hoy tenemos una nueva percepción de la pobreza y de las causas de la pobreza. Si nosotros optamos en favor de los pobres, la realidad es una realidad infeliz.

La opción por los pobres no es algo abstracto. Si la pobreza tiene causas estructurales, económicas, sociales, mentales –porque la pobreza no es sólo una cuestión económica–, hacer esta elección significa entrar en conflictos de diverso orden. En América latina, un continente católico, tenemos centenares de personas que han sido asesinadas por ser cristianas, y eso es terrible. El martirio se encuentra, no se busca, y esto le ha llegado a varias personas, como al obispo Romero y a muchos otros.

Otro aspecto es que muchos usaron la expresión “Teología de la Liberación” para decir otras cosas. Pero la Biblia también ha sido usada para decir otras cosas.

–Pese a la aparición de la Teología de la Liberación, en América latina la pobreza crece?

–La pobreza crece en el mundo, y también en América latina, es cierto. Se debe a la situación económica. Pero al mismo tiempo ha crecido la conciencia de los pobres sobre la pobreza. No lo suficiente, creo, pero ha crecido. Son más concientes de las razones de la pobreza, y por eso es que hoy tenemos movimientos indígenas en América latina. Hace 15 años no había, y esto es una expresión de lo que digo. Ellos dicen “nosotros somos personas”. Lo mismo pasa con las mujeres y con los negros, sobre todo en Brasil y en el Caribe. Todo esto es muy importante, pero al mismo tiempo no es suficiente.

–¿Cómo ve el mundo? ¿Podemos ser optimistas hoy?

–Es muy difícil decir “soy optimista”. Pero tengo esperanzas porque suceden cosas muy interesantes. Por ejemplo, la reacción frente a la guerra en Irak, que fue una reacción (en contra) planetaria. Es cierto que hoy es posible una reacción planetaria porque las comunicaciones son fáciles, pero que se produzca me parece algo muy interesante. La posición tan valiente que tomó el Papa en esta guerra, y también en la primera, es otra señal muy interesante. Y como dije antes, el inicio de la conciencia de los pobres, de las razas, los indígenas, los negros, y de la mitad de la humanidad, las mujeres, también es muy interesante. Y no estoy diciendo que todo esto es gracias a la Teología de la Liberación?

Al mismo tiempo tenemos aspectos negativos. La asimetría es negativa, y tanto el poder de un solo país como la arrogancia de los políticos son terribles. Es difícil sumar y restar estos aspectos positivos y negativos. Como cristiano tengo esperanzas. Si yo tuviera que decir si soy optimista o pesimista en lo que concierne a América latina, aunque pueda parecer ingenuo, diría más bien que soy optimista. Pese a muchísimas dificultades, creo que el pueblo es más conciente socialmente, desde un punto de vista cristiano. Estuve 20 años en una parroquia muy pequeña de Lima, y vi muchas cosas lindas. Aprendí muchas cosas de esa gente, del punto de vista humano y cristiano.

–Hay quien dice que no puede haber cambios sin violencia. Un cardenal latinoamericano, hace unos meses, consideró que el 11 de septiembre fue la primera gran reacción a la situación de injusticia y pobreza que hay en el mundo? ¿Usted qué opina?

–Sinceramente, nosotros debemos buscar un cambio, pero sin violencia. Hoy la mayor violencia en el mundo es la pobreza: esto es violencia. Muchas veces hablamos de violencia cuando alguien toma un arma, es cierto. Pero yo no podría decir que el 11 de septiembre es una reacción, sino que es un crimen. No se puede aceptar la guerra en Irak, porque una guerra preventiva es inmoral, como el Papa ha dicho, y no se puede pensar en un cambio con violencia. Es muy curioso: hay mucha gente que piensa que en América latina buscamos esta solución, pero no es cierto. La posición clásica de Santo Tomás de Aquino era decir que el último recurso es el mal menor, pero esta fue la posición de la Iglesia por siglos. La violencia significa muerte, muerte injusta, muerte prematura para tanta gente. Estar en contra de la pobreza es estar en contra de la violencia.

–¿Cuáles son sus proyectos personales desde el punto de vista teológico?

–Creo que tengo veinte o treinta años por delante porque mis abuelos vivieron casi cien años? En este momento estoy escribiendo un libro sobre la Teología de la Liberación, enseño teología en Estados Unidos (en Indiana) y, en estos últimos años de mi vida, en la que dediqué tiempo a lo pastoral, quiero poner un acento en el trabajo teológico. Una vez un periodista me preguntó si yo estaría listo para escribir sobre la Teología de la Liberación como lo hice hace veinte años. Y yo le pregunté al periodista si estaba casado. Me contestó que sí, y entonces le volví a preguntar: “¿usted le escribiría a su mujer una carta de amor de la misma manera en que lo hizo hace veinte años?”. Me dijo que no. Y para mí es lo mismo. Para mí hacer teología es escribirle una carta de amor a Dios, a la Iglesia a la que pertenezco, a mi pueblo, y éste es mi proyecto.

–¿Cómo explica el hecho de que Dios permita que exista tanto sufrimiento en el mundo?

–La cuestión es muy difícil. Es una cuestión abierta. Yo no tengo una respuesta plena. ¿Cómo comprender a Dios en medio de un pueblo que sufre? ¿Cómo hablarle de Dios a un pueblo que sufre? Yo no sé explicar el sufrimiento, pero lo que puedo decir es que, a pesar de eso, Dios nos ama. Ese es el mensaje del libro de Job: el amor gratuito. Los creyentes debemos amar gratuitamente, y ése es el fundamento de la opción preferencial por los pobres.

–¿Podemos esperar un próximo Papa latinoamericano?

–Creo que no importa si es latinoamericano, asiático, europeo o africano. Lo importante es la persona, y su forma de enfrentar los problemas del mundo.

EL PERFIL

Formación humanística
Nacido en Lima, Perú en 1928, Gutiérrez Merino tiene una sólida formación humanística, teológica y pastoral. Estudió Medicina, letras, filosofía, psicología y teología y está al frente de una parroquia limeña.

Un término controvertido
Es uno de los principales referentes de la Teología de la Liberación –término que él mismo acuñó. Entre otras distinciones, en 2003 compartió con Ryzard Kapuscinski el premio Príncipe de Asturias en Comunicaciones y Humanidades.