Análisis

NO HABRÁ PAZ SIN JUSTICIA

Cuando hablamos de conceptos abstractos como “la paz” o “la justicia” podemos perder de vista que se refieren a realidades muy concretas, con nombre y apellido, con historia, con sueños, deseos y vivencias; por ello no deja de ser absolutamente cierto que sin un trabajo decidido por acciones justas no viviremos las personas en paz.

Hoy vuelve a nuestra memoria la intervención a la VIII marcha por la defensa del TIPNIS, en Chaparina; se suma a ésta la violación de una bebé de siete meses hace una semana así como también la lamentable situación de los privados de libertad en Palmasola, quienes ayer, junto a otros reclusos en los recintos penitenciarios del país recordaron el día del recluso con su patrona la Virgen de la Merced.

¿Dónde y de qué modo se expresa la justicia frente a las víctimas en estos sucesos? La justicia boliviana, que se manifiesta en las acciones concretas de jueces, fiscales y abogados, aún no ha establecido responsabilidades sobre la violenta represión a los indígenas de la VIII marcha por el TIPNIS. A la hora de decidir y actuar para dispersar la marcha no se dilataron las consideraciones para establecer lo que se consideraba “justo” en esas circunstancias. El resultado fue la violencia. A dos años de esa acción la justicia se toma su tiempo para actuar y determinar responsabilidades. La paz no llegará hasta que se manifieste lo que es justo.

Hace una semana se conoció la dolorosa información sobre la violación a una bebé y se procedió a la aprehensión del sospechoso para su posterior detención preventiva. Tristemente su vida terminó de forma violenta. No pocos hechos de violación sexual a menores de edad, muchos de los cuales no son denunciados por años y sufridos por las víctimas, se dan en el seno mismo de las familias y tal como señalaba la prensa en estos días muchos de estos casos no llegan a una resolución justa pues se retiran las denuncias o se llega a “acuerdos”. ¿En qué consiste la justicia con las víctimas, sólo en “meterlas en la cárcel”? ¿Con eso solucionamos las violaciones sexuales y la injusticia? ¿El Estado se preocupa por “la paz” en la vida de estas personas?

La violencia vivida por  varios privados de libertad en Palmasola el mes pasado cuestionó fuertemente la situación en la que “viven” estas personas, principalmente a causa de la retardación de justicia y el hacinamiento. El Gobierno reaccionó a partir de aquello y se estableció un indulto que beneficie a algunos para no estar encarcelados, pero el hacinamiento y la retardación de justicia no se resuelve sacando a gente de la cárcel -sin dejar de reconocer como positivo el gesto del indulto-.

Ayer, fiesta de la Virgen de la Merced, se recordó el día del recluso y no puede dejar de importarnos la suerte de quienes viven esa situación, sea por los motivos que sea. Alguno se preguntará qué tiene que ver la Virgen en la advocación de la Merced y por ello es bueno recordar que esta devoción llegó a América en los inicios del siglo XVI, mediante los primeros religiosos mercedarios. Esta orden religiosa, fundada por Pedro Nolasco en el siglo XIII, que se dedicó a la redención de los cristianos cautivos por los musulmanes, ofreciendo sus vidas en intercambio por presos y esclavos, ha mostrado la raíz de misericordia en las obras de justicia en medio de un ambiente de violencia e injusticia; estos hombres buscaron con sus propias vidas la justicia para los cautivos, ese fue su aporte concreto a la paz.

La paz que todos anhelamos es fruto de la justicia, con acciones concretas y no con discursos, con educación preventiva y no con meras sanciones punitivas, con inversión de recursos públicos y no con demagogia proselitista. La paz sin justicia es un canto de sirenas para adormecer conciencias.