Análisis

Nataly Carrasco: “Monseñor Eugenio Scarpellini, siervo bueno y fiel entra en el gozo de tu Señor”

Busca primero el reino de Dios y su justicia (Mt6,33). El bienaventurado, Monseñor Eugenio Scarpellini, amado obispo de la ciudad de El Alto, hizo de este mandato un emblema, como predicador insigne y poseedor de un espíritu valeroso, cargó sobre sí el mismo pesar de los otros. De profunda convicción, trabajador incansable, hizo todo cuanto le fue posible para reparar la miseria de los hombres. Hablaba y actuaba con una sabiduría, que sin duda le venía de Dios.
Mucho se ha escrito sobre él, en estos días, dando énfasis a sus logros como autoridad eclesial en Bolivia, sin embargo, el presente artículo pretende reflejar el sentir de sus hermanos sacerdotes. Por tanto, revela el precioso testamento que dejó el amigo y ser humano virtuoso de alma peregrina y misionera que vino a cambiar las vidas que tocó.

MONSEÑOR GIOVANI ARANA: “Pasó haciendo el bien”

Monseñor Eugenio Scarpellini, fue un hombre que “pasó haciendo el bien” (Hch 10, 38) preocupado siempre por las necesidades de los más vulnerables, con marcado espíritu evangélico, toda su vida y vocación la ha vivido siempre como buen discípulo misionero. Habiendo dejado su país de nacimiento ha decidido venir a estas tierras a mostrarnos el amor de Dios, no solo de palabra sino con acciones concretas. Cómo olvidar su amor por Bolivia, al punto que decidió también nacionalizarse, se preocupó por nuestra realidad social más que muchos de nosotros, su compromiso por construir una sociedad de justicia y paz, no solo fue en su vida un discurso, sino que se convirtió en realidad especialmente por el testimonio que nos dio en los últimos sucesos políticos-sociales vividos en nuestro país.
Hombre de fe, preocupado porque el evangelio llegue a los rincones más lejanos de nuestra diócesis, ha encarnado aquel mandato de Cristo: “Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad.” (Mc 16, 15) Y así con sus visitas pastorales se hizo presente en todo el territorio de esta compleja geografía, que compone nuestra diócesis.
Hombre de trabajo, tuve la suerte de conocerlo de cerca, en su trabajo como Secretario General de la Conferencia Episcopal, me impresionó su pragmatismo, excelencia y atención en hacer las cosas, era como alguno decía “una máquina”. Y estos últimos años he sido también testigo de su entrega trabajando por nuestra diócesis, siempre preocupado por los sacerdotes, los religiosos, las religiosas, los diáconos, los seminaristas, los jóvenes, los ancianos y de los niños, todos cabían en su corazón.

PADRE BASILIO BONALDI: “Un ejemplo para todos nosotros”

Eugenio Scarpellini, llegó a Bolivia en 1988, yo lo acogí en Villa Copacabana. Llego y se lanzó, este fue el estilo de monseñor Eugenio, de una persona que se lanza sin miedo no por irresponsabilidad. Un trabajador, por tanto, incansable y con el ritmo siempre acelerado, como de hecho lo era, también, como chofer.
En él se rebeló una espiritualidad sencilla muy sólida, sin complicaciones ni elucubraciones inútiles.
Se hizo un hombre de obediencia, siempre disponible a lo que la iglesia le pedía, en los diferentes ámbitos de servicio en los que trabajó: primero como párroco, luego como obispo; encargado de misiones y presidente de la comisión económica de la Conferencia Episcopal de Bolivia.
Su espíritu totalmente misionero, su rol y servicio dentro de la Iglesia de Bolivia hizo más fuerte su misionariedad. Hemos tenido la suerte de verlo actuar; por ejemplo, en los congresos misioneros: nacional en Sucre y luego americano, mismos que guio con mucha energía y con muchísimo trabajo.
También, puedo destacar, su compromiso en favor de la iglesia local, en el tema de las vocaciones a la vida sacerdotal y de la vida de los laicos.
Revelando una increíble capacidad de enfrentar los desafíos de la realidad, sin miedos, con mucho valor y sabiduría; ha sabido enfrentar con valor los desafíos de la realidad de la ciudad de El Alto desde que le fue entregada como diócesis.
Un hombre apasionado, valiente, una síntesis de coraje y paciencia; un apasionado del reino, de la iglesia y que no ahorró nunca un poco de energía para sí mismo.
Su capacidad mediadora reconocida por todos, en la última etapa de la historia de Bolivia, fue un punto de referencia importante en el que expreso su amor a esta tierra, a este pueblo, a Bolivia.
Vivía en CEREFE (Centro de Rehabilitación Física y Educación Especial) para niños con discapacidad en la ciudad de El Alto, era presidente del directorio de este centro que guiaba con mucha capacidad y fortaleza. También fue presidente de la fundación Mario Parma de Munaypata, igualmente, un centro de servicio para chicos con discapacidad.
Un hombre íntegro, muy recto, muy franco al decir las cosas, trabajador inmenso, metido dentro de la realidad, apasionado, obediente, un amigo auténtico para mí, un gran misionero con el que hemos contado por muchos años y que queda como ejemplo para todos nosotros.

PADRE JOSÉ GALLO: “Acompañamiento en la praxis”

He conocido monseñor Eugenio hace algunos años, cuando trabajaba en Caritas y nos encontramos muy bien: los dos italianos y con actividades parecidas y siempre muy decididos los dos.
Yo creo que de él debemos rescatar dos mensajes como herencia:
El primero la pastoral social. Una iglesia que se dedique solamente a la liturgia y catequesis olvidando la práctica de la Caridad, como ha escrito justamente Papa Benedicto XVI, es una iglesia que deja de un lado algo fundamental. De manera que debemos fomentar las “Cáritas parroquiales” y la solidaridad como dimensión de la evangelización.
El segundo mensaje, es el tema de la programación. Monseñor Eugenio, insistía mucho sobre la planificación, programar ser una iglesia planificada, organizada, no dejar nada a la improvisación: la improvisación no es evangelización; la improvisación es realizar actividades, hacer algunas cosas bonitas que no tienen un antes y un después sin solucionar los problemas.
Estos dos temas los hablé muchas veces con Mons. Eugenio, encontrando en él siempre palabras muy acertadas y acompañamiento en la praxis.

PADRE NICOLÁS TORRES: “La alegría de ser cristianos”

A monseñor Eugenio, lo conocí en el seminario, fue mi profesor de administración parroquial y contabilidad. Como profesor era exigente en las tareas, le gustaba que cumpliéramos con ellas con responsabilidad y disciplina, valores que aprendí de él. Decía que si cumplimos con la disciplina el día nos alcanza para todo; que Dios había creado el día con 24 horas para que alcanzáramos a cumplir con lo planificado, y si el tiempo nos parece corto o muy largo es porque estamos fallando en nuestra disciplina, por eso nos aconsejaba levantarnos temprano para que el día rindiera completo.
Eso sí, se enojaba con las personas que no cumplían sus tareas y compromisos, lo que él pedía lo quería rápido y para el tiempo que decía, las personas a su alrededor siempre estaban realizando un encargo de él, odiaba la flojera, no quería personas flojas.
Monseñor también nos enseñó la alegría de ser cristianos, siempre estaba alegre y optimista, casi nunca se lo vio serio o triste; a pesar de que pasaba por situaciones difíciles y tristes, él siempre demostró fuerza y optimismo, se ponía en las manos de Dios.
Yo creo que lo maravilloso de su persona, fue su espíritu humilde y corazón sencillo, combinaba muy bien ternura y exigencia, daba gusto trabajar con él porque siempre se sentía su apoyo y ternura.
Aprendí mucho del manejo pastoral gracias a él. Sus catequesis y homilías, eran verdaderas formaciones teológicas y espirituales.
Monseñor Eugenio, no solo fue un gran amigo, sino, fue un papá para mí, por eso su perdida es más dolorosa, siempre me ayudo y apoyo en mi ministerio sacerdotal, él estuvo siempre en los momentos difíciles de mi vida, apoyándome y alentándome. Gracias a él no tire la toalla, me orientó en la misión que él mismo me encomendó como vicario de la ciudad de El Alto y párroco de la iglesia San Pio X.
Siempre admiré su cercanía a los pobres y enfermos, tenía una sensibilidad muy grande, fácilmente se inclinaba ante un niño, un enfermo o una persona con discapacidad, nunca tuvo vergüenza de que lo vean con ellos. En ningún momento vi que discriminara a alguien, todos los que se acercaban a él eran atendidos.
Tenía una memoria fantástica, recordaba los nombres, el rostro de las personas: comunidades que visitaba y jóvenes que confirmaba. Su memoria era envidiable.

ALFONSO LOPEZ: “Testimonio de amor”

Como persona destaco de Eugenio: su sencillez, rechazando todo trato distante; su disponibilidad, nunca diciendo que no; su cercanía a la gente. En la visita pastoral que hizo a nuestra parroquia, me impactó su cercanía a los jóvenes de seis colegios, escuchando, desafiando y estimulando. También su encuentro sin prisa con un enfermo, uno solo. Era claro para decir lo que pensaba, pero siempre con mansedumbre.
En sus homilías, la Palabra de Dios no era una excusa sino la fuente de su predicación, siempre meditada y certera para nuestro aquí y ahora. Me deja de herencia su gran testimonio de amor a Dios, a la iglesia y al pueblo alteño y boliviano.

PADRE MIGUEL ZABALA: “Ora, trabaja, escucha y luego responde”

Un amigo, el hermano Julio, falleció hace tres años y fui al velorio en la parroquia Don Bosco, de El Alto, llegué y vi que padre René muy apenado. Después, llegó padre Antonio, rezo un poco y se fue a la puerta con los jóvenes, y se puso a reír y a divertirse con ellos, esa acción me llamó mucho la curiosidad, así que decidí acercarme y le pregunté, ¿cómo perciben la muerte los salesianos? Y me contestó: trabaja en esta vida, en la eternidad descansarás.
Por eso no hay que estar tristes, sino contemplando ese misterio, eso cuesta, la humanidad te llama a la tristeza, pero si tienes esperanza de que está con Dios ese hecho te consuela.
Estoy seguro de eso, y pienso ¿qué quisiera el obispo si nos viera? Yo sí que le hice renegar, le di una que otra satisfacción, pero su manera de ser no era de decirte las cosas, sino de mirarte con cariño desde lejos.
Me he preguntado ¿qué me diría? Me quedo con estas frases: Miguel trabaja; reza mucho. Eeeeps, no es así hermanito; escucha a las personas, luego responde, con calma.

Servidor bueno y fiel

Las personas que pasan por la vida dejando huellas son como el siervo bueno de la parábola de los talentos han recibido estos dones del Señor y los han hecho fructificar. Uno de ellos fue sin duda, Monseñor Eugenio Scarpellini que segura estoy fue recibido por el padre con esta frase: “¡Siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor” (Mt. 25,21)

 

(Nataly Carrasco)