Análisis

Nataly Carrasco: Hoy más que nunca Cristo sale al encuentro

Este año Jesús salió al encuentro, no esperó que vayan a buscarlo en los altares y templos. Recorrió calles, avenidas y plazas para bendecir y dar esperanza a su pueblo.
En la diócesis de El Alto, la parroquia San Pio X, “comunidad de comunidades” vivió una semana santa en salida. El padre Nicolás Torres, su párroco, recorrió la zona de ciudad Satélite con las imágenes de Jesús y María.
El peregrinar dio inicio el domingo de ramos, con apoyo de la Estación Policial Integral (EPI)3, la bendición llego a policías, militares y gente que desde la puerta de sus casas elevaron sus oraciones y adoración a Jesús sacramentado.
Todos somos parte de un mismo tejido, estamos interconectados unos con otros y con Dios. Este sentido de interconectividad manifestado a través del uso de internet ha permitido que los feligreses de la parroquia San Pio X, vivan cada momento de la semana santa, unidos en oración y recogimiento espiritual.
Comprender el inmenso amor de Dios, en estos tiempos de pandemia por el COVID -19, dice el párroco de San Pio X, es escuchar, en medio del silencio, el grito de quienes claman amor. Un silencio que se hace grito, porque muchos mueren en soledad.
Todo en el mundo ha cambiado porque nosotros hemos cambiado, por esa razón las grandes procesiones de viernes santo, suspendidas este año, no por eso han llevado a las arenas del olvido a Jesús y su pasión, su dolor hoy más que nunca se unió al de tantos seres humanos que en medio del sufrimiento y del abandono despreciados y marginados como él han vivido una pasión encarnada.
Este domingo de Pascua de Resurrección, nuevamente el padre Nicolás, acompañado de Jesús de la divina Misericordia y la virgen María de Copacabana recorrió las calles de Satélite llevando el mensaje de Jesús resucitado. La gente por segunda vez abrió las puertas de sus hogares y sus corazones, en medio de oraciones y alabanzas.
El Papa Francisco en su mensaje pascual 2020, nos exhorta a recordar que no es un tiempo de indiferencia, olvido o egoísmo sino de reconocernos como una sola familia y eso solo se puede hacer si se tiene esperanza en Cristo resucitado.

Cristo está presente, vivo entre nosotros, en el rostro de nuestros hermanos sin techo, en hospicios y hospitales al pie de la cama del enfermo que sufre soledad y dolor. En ciudades y calles donde la gente está muriendo. Está presente en los centros de acogida, en los asilos, en el rostro de los abuelos; en el pueblo marginado, entre niños hambrientos, entre mujeres maltratadas, en el forastero y el migrante; en los hogares y en todos los que tienen esperanza de días mejores, porque él lo ha prometido manifestando que ahí donde dos o más estén reunidos en su nombre él se hace presente.
Dicen que la noche más obscura precede al amanecer. Este año también Cristo viene a salvarnos, lo vimos recorrer calles y avenidas ya no habita más en el silencio de un templo vacío, hoy más que nunca Cristo sale al encuentro.