Análisis

Monseñor Jesús Pérez: “La eterna fiesta de la vida”

Pascua, fiesta de la vida

Los orígenes de las fiestas de pascua se pierden en la prehistoria. Para el tiempo de los judíos la asociaron con su milagrosa salida de Egipto, por obra y benevolencia de Dios; ya la celebración  pascual estaba establecida en toda la comarca. La fiesta de la pascua ha sido desde los comienzos una fiesta familiar. Parece lógico que así sea, ya que la celebración de la vida tiene su ámbito propio allí  donde se gesta la vida y donde se viven los acontecimientos más sobresalientes de la misma vida. La familia se reúne en torno a la mesa, pero no se cierra sobre sí  misma, antes al contrario, invita generosamente a sus vecinos a compartir los bienes que la providencia le ha otorgado y que no alcanza a consumir. La generosidad es un don de Dios tan grande como la abundancia misma, pues más vale generosidad en la escasez que abundancia en la mezquindad.

No se sabe a ciencia cierta cuándo ocurrió la asociación entre las primitivas fiestas de la primavera y de la vida nueva con los acontecimientos que dieron origen al pueblo de Israel, especialmente a la portentosa y asombrosa liberación de la esclavitud de los faraones en Egipto. No hay duda de que, a partir de aquel momento, en que la pascua se asoció con el nacimiento del pueblo de Israel, todos los detalles comenzaron a cargarse de nuevos significados.

La Pascua de Jesús -nuestra Pascua- da un sentido nuevo y definitivo a las celebraciones de la pascua. Juan el Bautista decía a sus discípulos, mientras Jesús pasaba por ese lugar: “Este es el Cordero de Dios”. Por consiguiente, todo lo anterior “sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirviera de lección a los que vivimos en el tiempo final” (1 Cor. 10, 11). La esclavitud de Egipto fue símbolo del pecado y de la muerte. El brazo fuerte del Señor nos lleva a la tierra prometida de la gracia y la esperanza cierta de vida eterna. Las aguas del mar Rojo fueron preanuncio del bautismo por el que participamos de la muerte de Cristo para compartir también con Él la Resurrección.

Anoche, los cristianos más convencidos de la importancia de la gran fiesta de Pascua de Jesús, nos hemos reunido unas horas, en reflexión y oración, para la gran fiesta, la fiesta del año, la PASCUA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. La gran mayoría de los cristianos no están convencidos de que la Pascua es la Fiesta de las fiestas. Para celebrarla bien, hemos hecho el itinerario cuaresmal que nos preparó para renovar la decisión de ser criaturas nuevas en Cristo y por Cristo.

La Pascua de Cristo debe contagiarnos a nosotros y convertirla en Pascua nuestra de modo que imitemos la vida nueva de Jesús. Aquella vida de la que nos habla Pablo en su carta a los colosenses: “Buscar los bienes de allá arriba”, “aspirar a los bienes de arriba”, “no a los de la tierra”. Si celebramos la Pascua de Jesús, también nosotros debemos morir a lo viejo y resucitar a lo nuevo, morir al pecado y vivir con Cristo la novedad de su vida. Al final seremos resucitados, pero ya ahora vivimos como resucitados. Les invito a vivir la eterna fiesta de la vida. LA PASCUA.

Sucre, 12 de abril de 2020

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

[Imagencipecar.org]